Una parte del arto. 42 de la Constitución de la República dice que “en Nicaragua” —o sea dentro del territorio nacional y no afuera— “se reconoce y garantiza el derecho de refugio y de asilo” . Añade que: “el refugio y el asilo amparan únicamente a los perseguidos por luchar en pro de la democracia, la paz, la justicia y los derechos humanos”.
Se colige que en las semanas posteriores al ataque del ejército colombiano al campamento de las FARC en territorio ecuatoriano, el primero de marzo, las colombianas Lucía Morett, Marta Pérez Gutiérrez, Doris Bohórquez Tórrez, integrantes de ese grupo terrorista permanecían en goce de una situación migratoria que solamente al Gobierno de Quito le corresponde calificar, pero que le urgía desembarazarse de ello.
Dicen los medios de comunicación que las guerrilleras estaban siendo buscadas por autoridades de aquel país, pero se supone que fueron las mismas autoridades quienes arreglaron la entrega de ellas a quienes representaban a las autoridades nicaragüenses. En silencio quedarán los pormenores de este arreglo.
El arto. 8 inc. 8 de la Resolución 3.314 de la Asamblea de la ONU del 14 de diciembre de 1974 caracteriza como acto de agresión —contra un Estado—, “…el envío por un Estado o en su nombre, de bandas armadas, grupos irregulares o mercenarios que llevan a cabo actos de fuerza armada contra otro Estado…” (sic) pues ha sido comprobada la presencia de las FARC en suelo ecuatoriano.
Ante esta situación, en la que el Presidente nicaragüense por parcializarse a favor de estos grupos calificados de terroristas rompió relaciones diplomáticas con Colombia y las restableció 24 horas después en la famosa reunión del “...¿por qué no te callas..?”, rentó un avión del Ejército —su subordinado— para volar hasta Ecuador a traer y conceder a su regreso refugio y asilo a esas personas, en plena contradicción con la literalidad del arto. 42 de la Constitución.
No preocupan tanto los aproximadamente 25 mil dólares que cuesta el viaje, por sus valores agregados, sino el efecto internacional que —con base en los hechos—, no le importan a Ortega. Como otras voces lo han afirmado, la actitud de Ortega es la de un Presidente que se involucra en conflictos políticos ajenos y sus negativos efectos los impone al pueblo nicaragüense.
Habría sido distinto si las guerrilleras hubieren entrado por veredas a territorio nacional, demostrando que huyen —por hechos políticos— de algún Estado, presentarse ante las autoridades y solicitar refugio y asilo político. Pero el hecho de enviar un avión a un país lejano a traerlas, indica que Ortega , por algo, es parte del entorno.
Cada día que pasa el gobierno de Ortega conduce hacia el caos el país. Miente cuando acusa que el ferrocarril fue desmantelado por otro gobierno y lo desmienten; se corre de los periodistas, —en una escena que da risa—; asiste —de noche— a decir cuánto quiere a personas de la periferia de las ciudades; se oculta cuando el caos está que arde; cede a la presión de los transportistas hasta que el país ha perdido millones de dólares, justifica su incapacidad, no hace absolutamente nada por promover la producción de granos. Su Gobierno vende nuestros frijoles a El Salvador y también no dice que la protesta del Gobierno de Colombia es porque nuestra Cancillería pidió permiso a Bogotá para sobrevolar su espacio aéreo en una misión oficial del Gobierno, pero era para ir a traer a las guerrilleras, creando así un nuevo flanco en las ya tensas relaciones con el gobierno del presidente Uribe.
Cuando Ortega ordenó —en enero del año pasado— que con fondos de la Alcaldía de Managua construyeran una tarima para la toma de posesión, yo publiqué un texto diciendo que era solamente el primero de más abusos y que nos preparáramos para más. Para mediatizar esos abusos, vía obras sociales, está obligando a sectores populares a agradecerle estas obras con votos a favor de los candidatos del frentismo en las elecciones de noviembre.
Aunque la Asamblea Nacional llame a Ortega, al Canciller, al Procurador, al Jefe del Ejército, nada va a pasar porque a Ortega no le importa absolutamente nada y en Nicaragua el tiempo está detenido. Si los resultados de noviembre le favorecen o si no, buscará su reelección o la de un candidato o candidata de su confianza, o impulsará las reformas constitucionales.
Sabe que estos oprobiosos hechos deben pasar al olvido cuanto antes. Pero si los tenemos presentes, y aún si no, el primero de los golpes será la victoria de alcaldes liberales y demócratas en la mayoría de las alcaldías en noviembre. Si perdemos, Dios salve a Nicaragua y particularmente a sus niños y jóvenes, en quienes está la esperanza de una Nicaragua mejor.