Las microfinancieras atienden principalmente a pequeños y medianos productores, empresarios e industriales. En Nicaragua la cartera del sector sumó 218 millones en el 2007. /LA PRENSA/ ARCHIVO
Nicaragua en sexto lugar en las microfinanzas
Estudio del BID destaca crecimiento del sector, pero indica que aún hace falta “mucho por hacer” para que los fondos lleguen a las zonas rurales
Venezuela y Argentina en la cola de los 15 países analizados
Mario José Moncada
economia@laprensa.com
Tasas de interés promedian 30%

El primer “Microscopio” sobre el desarrollo de las microfinanzas en Latinoamérica, realizado por The Economist Intelligence Unit (EIU), por encargo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Fondo Multilateral de Inversiones (Fomin), revela que las tasas de interés en el sector rondan en promedio el 30 por ciento anual.
Esas tasas son, en promedio, seis por ciento mayor a las tasas cobradas por los bancos comerciales, según el estudio. Aunque al hacer un análisis por país, las tasas de interés que cobran las microfinancieras registran “importante variaciones". Las tasas de interés fluctúan desde el 15 por ciento promedio en Ecuador, la más baja, hasta el 64.9 por ciento en México, la más elevada. En Nicaragua, según el estudio, las tasas promedio rondan el 32.8 por ciento, es decir más elevadas que en Ecuador, Bolivia, El Salvador Guatemala, Panamá, Colombia y Argentina. Pero menores a las tasas que se cobran en Perú, República Dominicana, Honduras, Paraguay y México. “Estas tasas son fuertemente influenciadas por varios factores incluyendo las características económicas específicas de cada país, el entorno competitivo y regulatorio, y la eficiencia institucional”, explica el estudio.

Nicaragua es el sexto país de Latinoamérica, entre una lista total de 15 naciones, con “un entorno relativamente favorable para las microfinanzas”, según un estudio divulgado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Bolivia, Ecuador y Perú encabezan la lista del primer “Microscopio” sobre el desarrollo de las microfinanzas en Latinoamérica, realizado por The Economist Intelligence Unit (EIU), por encargo del BID y el Fondo Multilateral de Inversiones (Fomin).

Posteriormente se ubican en el orden El Salvador, República Dominicana y Nicaragua. Se le agregan Paraguay, Chile, México, Colombia, Guatemala, Brasil y Uruguay. En la cola se sitúan Argentina y Venezuela.

Según el estudio, entre el 2001 y el 2007 las microfinanzas “han experimentado un crecimiento sustancial”, con tasas del 30 por ciento promedio anual.

Al cierre del 2007 alrededor de 600 instituciones del sector estaban proporcionando crédito a más de ocho millones de clientes, con una cartera total de 8,600 millones de dólares, es decir el equivalente a poco más del 45 por ciento del Producto Interno Bruto de Nicaragua (PIB).

En contraste, en el año 2001 el número estimado de clientes no llegaba a los a dos millones y la cartera total ascendía a los mil millones.

MUCHO POR HACER

Pese al crecimiento de las microfinanzas, “la demanda potencial es inmensa y está todavía largamente insatisfecha”, ya que el sector sólo atiende al 10 por ciento de los microempresarios estimados en la región.

“Todavía falta mucho por hacer en países más grandes y en áreas rurales, donde viven la mayor parte de los pobres de la región”, subraya el estudio.

Alfredo Alaniz, presidente de la Asociación Nicaragüense de Instituciones de Microfinanzas (Asomif), valoró que la posición alcanzada por el país en este índice “no es malo”, a pesar de que el sector no ha contado con ningún apoyo estatal.

“Países como Bolivia han comprendido la necesidad de crear el clima propicio y las regulaciones para fomentar el desarrollo de las microfinanzas. En Bolivia se instaló un sistema de autorregulación, con normas propias que difieren de la bancaria, dándole así una ventaja en este ranking”, valoró Alaniz.

En Nicaragua hasta el año pasado se venía trabajando en una Ley de Microfinanzas, pero el consenso se perdió porque se “quería medir al sector con la misma vara que se mide a los bancos”, dijo Alaniz. “Pensamos que una autorregulación podría ser una primera fase”, sostuvo el presidente de Asomif.

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