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Estas hermosas camionetas nuevas, con el logotipo de Albanisa son parte de por los menos 20 vehículos que sobresalen en el Olofito. Claramente la empresa tiene fuertes ganancias. (LA PRENSA/G. MIRANDA)
Periodismo es non grato en Albanisa
Ingreso de periodistas a la sede de Albanisa, en las instalaciones del Olofito, fue “violación a la seguridad”
Moisés Martínez
nacionales@.laprensa.com.ni
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Cuerno de la abundancia

Alba Petróleos de Nicaragua (Albanisa) es como el cuerno de la abundancia a que recurre el Gobierno para enfrentar sus principales crisis.

El presidente Daniel Ortega reconoció la semana pasada que desde que se firmó el convenio petrolero, ha significado para el país 520 millones de dólares que se han utilizado para apaciguar crisis y financiar proyectos del Gobierno.

Las principales crisis que se han enfrentado con los fondos de Albanisa, han sido la falta de generación energética y el reciente paro del transporte.

No se pudo conocer si los vehículos de lujo que usan en Albanisa fueron financiados con los fondos del convenio petrolero.

El edificio conocido como “el Olofito”, propiedad del Estado de Nicaragua, alberga las instalaciones de la empresa privada conformada por Petróleos de Venezuela (PDVSA) y la Empresa Nicaragüense de Petróleos (Petronic), la denominada Alba Petróleos de Nicaragua (Albanisa).

No se sabe si Albanisa alquiló o compró las instalaciones del Olofito, para operar en éstas.

Lo peor es que una información tan simple como ésta será difícil de confirmar, porque a menos que se pertenezca a un medio de comunicación oficialista, los periodistas no son bienvenidos en Albanisa.

Nos presentamos en Albanisa a eso de las tres de la tarde de ayer, para conocer detalles sobre el acuerdo con el Gobierno para usar el Olofito y de paso aprovechar para buscar más información sobre el discrecional convenio de suministro petrolero firmado entre Nicaragua y Venezuela.

Nos identificamos como periodistas de LA PRENSA. El guardia de seguridad tranquilamente nos dijo que podíamos pasar, luego de dejarle mi cédula de identidad. “¡Vaya, ahora las cosas son mas fáciles!”, supuse. Muy apresurada mi apreciación.

Al llegar al estacionamiento llama la atención la cantidad de camionetas y microbuses de modelo reciente, con el logo de Albanisa, estacionados. Logré contar 20 apresuradamente.

El reportero gráfico Germán Miranda inmediatamente empezó a hacer fotos de los vehículos mientras yo entraba a consultar quién podía atendernos.

Al llegar a la oficina fuimos atendidos por una simpática muchacha que repentinamente desapareció su bonita sonrisa cuando me identifiqué como periodista.

“¿Periodistas?, ¿y cómo llegaron hasta aquí?”, fue lo primero que preguntó.

Sin poder ocultar su sorpresa, me pidió que esperara para averiguar quién podía atenderme.

Era evidente el nerviosismo de la muchacha. Me quedaba viendo continuamente y a ratos parecía no saber qué hacer con mi presencia. Por casi diez minutos se dedicó a transferir llamadas telefónicas sin realizar ninguna gestión sobre mis consultas.

Finalmente se acercó a un señor que estaba trabajando en un escritorio cerca al de ella y le preguntó qué hacer conmigo.

La respuesta del funcionario se escuchó claramente. “Decile cualquier cosa, decile que el jefe no está y que sólo él puede hablar”.

La muchacha se volteó y su sonrisa me hizo ver que ella estaba consciente de que yo había escuchado lo que le instruyeron decirme.

“Mire, lo que pasa es que”... empezó a decir. “Sí, ya sé, su jefe no está”, le interrumpí.

El jefe al que supongo se referían es Francisco López, presidente ejecutivo de Petronic y vicepresidente de Albanisa.

Dejé mi tarjeta de presentación y salí de la oficina. Germán Miranda ya había terminado de hacer las fotografías y cuando nos disponíamos a abordar el vehículo, una persona vestida de camisa blanca con el logo de Albanisa increpó al reportero gráfico.

“¿Y usted quién es?, ¿a quién le pidió permiso para hacer fotografías?”, dijo.

“Soy de LA PRENSA y no le pedí permiso a nadie”, respondió Miranda.

Cuando el vehículo inició su avance, pude observar a esa persona regañando a dos agentes de seguridad.

Era evidente que la tranquila forma en que logramos entrar a Albanisa se debió a una falla de seguridad y no a una actitud de apertura y transparencia por parte de esa empresa.

Pensé lo que consideré peor en ese momento. “Jodido, ya no me devuelven mi cédula”.

El jefe de los guardas de seguridad se acercó al vehículo con mi cédula en mano.

Preguntó si éramos periodistas, y le conteste que sí y que nos habíamos identificado al llegar. Se notaba angustiado, pero él sabía que era cierto lo que le decíamos. Me devolvió la cédula y orientó que nos abrieran el portón. Honestamente no creo que hoy sigan trabajando en Albanisa. Espero equivocarme.

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