Cuando dieron a conocer la noticia, hace una semana, de que ha subido la cifra de profesionales de la Enfermería que se van de Nicaragua, un representante de la organización gremial del sector dijo que este problema es culpa de la globalización. Nada más.
Parece desconocer lo que ha pasado en Nicaragua en los últimos 16 meses o tiene temor de decirlo, porque el aumento de la migración de nicaragüenses, no sólo de enfermeras, obedece a problemas concretos del país.
Por ejemplo, los obreros calificados de la construcción se están yendo a trabajar al país vecino, Costa Rica, porque en Nicaragua las empresas urbanizadoras registran una caída del 60 por ciento en las ventas de viviendas en poco más de un año.
La Cámara de la Construcción nicaragüense confirmó hace tres días que este motor de la economía está casi paralizado, en parte porque los proyectos del Gobierno, anunciados desde el 2007, han quedado sólo en promesas, ninguno ha comenzado.
Los bajos salarios han sido un motivo para que obreros y enfermeras emigren, pero desde que el sandinista Daniel Ortega gobierna el país (enero 2007) existen otras razones para irse: la presión política, el cierre de empleos y el descenso de la inversión privada.
En los hospitales públicos, según han denunciado médicos y enfermeras, los sindicatos sandinistas hostigan y hasta despiden a profesionales y otros empleados que opinan en contra del Gobierno o se niegan a participar en actividades del partido sandinista.
En las instituciones gubernamentales, la fidelidad política de los empleados ha vuelto a ser más importante que la capacidad profesional, a pesar de que esas imposiciones contribuyeron a destruir la economía de Nicaragua en los años ochenta, cuando Ortega gobernó por primera vez.
Los nicaragüenses en general se han percatado del retroceso que está sufriendo Nicaragua por el gobierno de Ortega, y hasta los mismos simpatizantes del Frente Sandinista (FSLN) lo admiten, según refleja la encuesta realizada este mes por M&R Consultores.
El estudio precisa que el 80 por ciento de los nicaragüenses considera que el Gobierno va por un rumbo equivocado o que Ortega ni siquiera sabe a dónde va.
En consecuencia, la mayoría de nicaragüenses ha perdido las esperanzas de que la economía recupere y la democracia se afiance, lo que ha dado como resultado el aumento del interés por emigrar.
Más del 66 por ciento de los ciudadanos está dispuesto a irse del país, revela el estudio de opinión de M&R; y de los encuestados que se identificaron como sandinistas, partidarios de Ortega, el 61 por ciento también está dispuesto a emigrar porque ya tampoco creen en que este Gobierno mejorará la economía.
El 77 por ciento de los encuestados dijo que el Presidente ha incumplido la promesa de reducir el hambre a cero, y el 80 por ciento indicó que tampoco ha cumplido con reducir el desempleo. Igual piensa una mayoría de sandinistas, en el primer caso el 53 por ciento y en el segundo el 58 por ciento.
Existe otro factor que provoca desconfianza y desesperanza, sin tener nada que ver con la globalización, que es el carácter dictatorial del gobierno de Daniel Ortega. Más del 64 por ciento de los ciudadanos, según M&R, ven al Presidente autoritario y empeñado en crear otra dictadura.