Las últimas decisiones del actual Presidente de Cuba, desmontando empresas estatales agropecuarias para trasladar la tierra directamente a los campesinos, en la búsqueda de estimular la producción de alimentos en dicho país, contrastan claramente con los últimos discursos de Daniel Ortega, pretendiendo estatizar el comercio exterior e interior de granos básicos, modelo que en los ochenta resultó en un total fracaso, cuando el llamado Micoin fue incapaz de administrar un rubro tan sensible para todo nuestro pueblo.
Una Cuba experimentando hacia la derecha provoca el mayor contrasentido con una Nicaragua aparentemente sin rumbo y sin propuestas, con un presidente que hoy dice una cosa y al otro día lo desmiente, atrapado en sus sueños de liderazgo mundial y sin todavía darse cuenta que su Administración incapaz está provocando el colapso de nuestra economía y el empobrecimiento generalizado de nuestro pueblo.
Pretender que el Estado se convierta en el gran comerciante de granos básicos, es hasta el momento el mayor de los disparates del pueblo presidente, y se puede convertir en un desincentivo a esta actividad, que con una política clara de estímulos puede ser uno de los motores de nuestra economía y un gran generador de empleo productivo en el campo nicaragüense.
Una política clara de estímulos a la producción de granos básicos debería de incorporar semillas mejoradas como en el plan Libra por Libra del anterior gobierno, un programa adecuado de asistencia técnica, insumos y fertilizantes para aumentar la productividad, una adecuada zonificación de los cultivos y un Ministerio Agropecuario que la promueva y encabece de una manera decidida y la ejecute de una manera transparente en tiempo y forma, con la debida participación de los gremios productivos.
Si nos lo proponemos e incentivamos como país, la producción de granos básicos, estaríamos aprovechando las oportunidades que los altos precios internacionales de éstos nos ofrecen actualmente y volveríamos a hacer de Nicaragua el granero de Centroamérica, con los beneficios económicos y sociales que esto implica.
Propuestas como éstas son las que efectivamente disminuyen los niveles de pobreza de los pueblos como el nuestro, donde todo campesino sabe sembrar maíz y frijoles, éstas deberían de ser las prioridades de un gobierno comprometido a asumir y enfrentar los principales problemas del país, acciones acordes a los tiempos que vivimos, donde el presidente debe conocer nuestras propias realidades y dejar de soñar en construir un modelo económico estatal, desfasado y burocrático, que como el de los ochenta solamente logró sembrar el caos y la destrucción económica del país y no la tierra como se necesita actualmente.
No es justificable bajo ningún argumento ni experiencia, que mientras Cuba, ante su fracaso estatal en la producción agropecuaria, experimenta aperturas hacia la derecha, fomentando la participación de los campesinos para incentivar la producción, nuestro presidente intente regresar hacia la estatización de actividades sensibles que tanto perjuicio ocasionaron en el pasado, no son momentos de improvisar, estimulemos con acciones claras la producción campesina en aras de aportar al desarrollo rural del país y alcanzar la seguridad alimentaria de nuestro pueblo.