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(LA PRENSA/ARCHIVO)
“No existen soluciones fáciles frente a una economía como la nuestra”
Rodolfo Acevedo, Economista
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En esta ocasión LA PRENSA ofrece tanto a los lectores del Diario impreso como a los del sitio web www.laprensa.com.ni amplias explicaciones del economista Adolfo Acevedo sobre diversos temas relacionados con la economía del país, al ser consultado en la sección del Chat que publica LA PRENSA.

¿No sería más fácil dolarizar la economía, aunque ya está dolarizada y cada establecimiento impone su propio tipo de cambio?

Bayardo Meza

info@ad-ind.com

Managua

Dolarizar la economía no es tan fácil, y aún de acuerdo a quienes la promueven requiere de medios y condiciones que no existen en el país. Además están las consideraciones que tendrían que hacerse en términos de lo que implicaría dolarizar una economía con distorsiones en los precios relativos y con niveles de productividad promedio muy bajos, en la cual la manera en que el mercado de trabajo absorbe la creciente fuerza de trabajo es a través de empleo de bajísima productividad, equivalente muchas veces al subempleo, en la que predominan ingresos verdaderamente míseros y la variable de ajuste de las empresas que generan empleo formal para enfrentar la presión competitiva internacional ha sido la constante presión a la baja sobre los salarios reales, y muy vulnerable además a los choques y perturbaciones externas.

Quizá en su momento podrá producirse un debate más serio y mucho más profundo sobre el tema.

¿Qué debe hacer el Gobierno para frenar la inflación en el corto plazo?

Escarlet

escarlet_p@hotmail.com

Managua

No existen soluciones fáciles frente a esta difícil situación, especialmente en el caso de una economía tan frágil como la nuestra, que ha visto elevarse el precio del barril de petróleo desde un promedio anual de US$12 en 1988 hasta un precio promedio de US$100.9 en lo que va del 2008, y cuya factura petrolera se ha disparado desde el 4 % del PIB en 1988 al 18 % en el 2008.

Lo único que puede hacerse es buscar algunos mecanismos para amortiguar en alguna medida el impacto de este proceso. Las acciones que podrían adoptarse a corto plazo para amortiguar el impacto de este proceso de elevación inmoderada del precio del petróleo, no es muy grande, y se limita a las posibilidades que el país tenga disponibles para actuar sobre los canales de transmisión de estas alzas sobre los precios internos.

Una de las pocas maneras disponibles sería adoptar medidas que amortigüen el impacto sobre los precios del sector transporte. Se ha propuesto que el Gobierno de la República establezca un precio de referencia para el combustible al sector transporte bastante más reducido que el vigente en el mercado, subvencionando la diferencia entre ambos precios mediante el empleo de una parte los recursos que —por un monto significativo— deja disponibles el crédito de petróleo de Venezuela.

Se buscaría evitar que las alzas afecten al transporte de pasajeros y de carga, que tiene un impacto significativo, de manera directa e indirecta, sobre la tasa de inflación. Esto ya se ha logrado para el transporte urbano colectivo de Managua.

Otro factor muy importante que está detrás del aumento en la tasa de inflación es el proceso, que está operando a escala mundial, es el alza espectacular en el precio de los alimentos. Ningún país puede aislarse de este proceso. Si el precio de los alimentos en dicho país por alguna razón es mucho más barato que en otros, de inmediato comenzará a operar un mecanismo de arbitraje, mediante el cual los alimentos se exportarán hacia países en donde el precio de éstos es más alto, y este proceso podría continuar hasta el punto en que, teniendo en cuenta el costo del transporte, el precio de los alimentos en ambas partes tienda a nivelarse (y el precio en el país en que los alimentos son más baratos suba hasta un nivel más alto que el inicial).

Este proceso de “arbitraje de precios” ocurrirá con bastante rapidez, siempre y cuando no se adopten medidas para impedir la exportación de los alimentos, como en efecto ya lo están haciendo diferentes países. En el caso de Nicaragua, las autoridades insisten en que, en el caso de alimentos tan importantes como el frijol, la producción nacional será suficiente para satisfacer los requerimientos tanto del mercado interno como la exportación hacia los países vecinos, y que Enabas asegurará que no se eleven demasiado los precios al consumidor.

En el caso de países que importan una parte importante, o al menos algunos alimentos importantes, de los alimentos que consumen, el proceso es más directo: los elevados precios internacionales se trasladan directamente a la economía nacional, a través del precio de importación de los alimentos.

A mediano y largo plazo se espera que el aumento en la producción mundial de alimentos, estimulada por los altos precios, terminara por estabilizar los mismos. En nuestro caso, Nicaragua tiene un importante potencial para aumentar la producción de alimentos.

Sin embargo, no está claro que a corto plazo se pueda lograr una respuesta de la producción de alimentos, y una estabilización del precio de los mismos, suficientemente rápida.

En el más corto plazo, si por cualquier razón surgen en el mercado déficit de oferta de algunos alimentos importantes para el consumo de la población, es importante asegurar la importación de los mismos, de manera oportuna. En todo caso, deberá ejercerse un monitoreo permanente sobre la evolución del precio de los principales productos alimenticios (maíz, arroz, frijol, leche, tortilla, pan, aceite, azúcar) para determinar las causas que puedan estar detrás de eventuales alzas, y poder actuar con algún grado de oportunidad.

Las autoridades monetarias deben ser muy cuidadosas en esta situación. Por el momento, no existe evidencia alguna de que detrás de la inflación exista lo que se denomina como un “exceso de circulante”. Una situación de exceso de circulante se produce cuando existe “un exceso de dinero circulando en manos del público persiguiendo pocos bienes”, es decir, cuando existe un exceso de demanda solvente en el mercado, con relación a la oferta de bienes disponibles. Lo que tenemos, por el contrario, es una situación de consumidores alarmados al apreciar como su poder adquisitivo se reduce de manera agresiva por los precios cada vez más altos que encuentra en el mercado, los cuales aumentan debido principalmente a factores que escapan al control de la política monetaria.

En este contexto, políticas de restricción del circulante monetario, como las anunciadas por el Banco Central, podrían resultar contraproducentes, dado que no tendrían efecto alguno sobre la inflación —porque la misma no está asociada a factores monetarios—, y por el contrario podrían conducir a la elevación de las tasas de interés, producir restricciones de liquidez a la economía y frenar el crecimiento de la actividad económica y el empleo.

¿Sí usted fuera el Ministro de Hacienda y Crédito Público tendría la solución a este problema? ¿O qué ideas podría aportarle al Ministro para contrarrestar la ola alcista?

Melvin Pérez

melvklein@yahoo.com

Managua

Le expresaría al Ministro de que el Gobierno tiene la responsabilidad de compartir con los nicaragüenses, y con todo detalle, la política inflacionaria que tuvo la oportunidad de exponer ante el Fondo Monetario Internacional, porque el Gobierno debe rendir cuentas e informar de sus políticas, ante todo a los ciudadanos y ciudadanas, a los que se debe.

Si quiero negociar un aumento de salario, ¿cuál sería el porcentaje más acertado para paliar la inflación para los próximos dos años?

Juan Pérez

gabeareas@yahoo.com

Chinandega

Existen dos maneras de ajustar los salarios con relación a la inflación. Primero, con respecto a la inflación pasada, y segundo, con respecto a la inflación futura o esperada.

Si en el último año la tasa de inflación fue de 17 por ciento, el salario nominal debería ajustarse en un porcentaje similar, si se desea contrarrestar la pérdida acumulada de poder adquisitivo durante este período. Algunos economistas expresan su preocupación de que por esta vía se traslade la inflación del período anterior al próximo período. De acuerdo con esto, al aumentar los salarios en el mismo porcentaje que la inflación pasada, esto podría contribuir a reproducir o a propagar la inflación pasada hacia el futuro.

Por supuesto, no ajustar los salarios implicaría aceptar un deterioro acumulativo en el poder adquisitivo de los mismos. En el caso de algunas categorías de trabajadores nicaragüenses, las cifras del Banco Central muestran que el deterioro del salario real o pérdida de poder adquisitivo ha sido del orden de un 40 por ciento desde 2006 hasta la fecha.

Por otra parte, si existen razones para esperar que la tasa de inflación va a desacelerarse (va a ser menor) en los próximos períodos, existe la opinión de que podría resultar más adecuado ajustar los salarios conforme a la inflación futura esperada. Puede demostrarse técnicamente que, debido al rezago entre el período en que el salario es devengado y su período de gasto, en condiciones de una inflación efectivamente declinante, esto conducirá también a la recuperación del poder adquisitivo.

En el caso de Nicaragua, la tasa de inflación en lo que va de 2008 no parece estar declinando, sino que por el contrario parece estar acelerándose con respecto al año anterior, y existe bastante incertidumbre sobre la evolución futura de los factores que la están desencadenando, entre ellos la evolución de los precios del petróleo. En este caso, cualquier estimación de la tasa de inflación de este año y del próximo contendrá también un grado importante de incertidumbre. Normalmente, en situaciones así se elaboran escenarios, y se estima la probabilidad de que la tasa de inflación alcance determinados niveles, dependiendo de cada escenario. Si usted está negociando ahora un ajuste para los próximos dos años (asumo 2008-2009), honestamente me parece difícil darle un porcentaje preciso y único que compense el proceso inflacionario de los próximos dos años. Intento decirle, con toda franqueza, que en un contexto como éste, ajustar salarios conforme la inflación futura o esperada, puede resultar en algo parecido, en alguna medida, a un juego de azar.

¿Si las elecciones las hubiese ganado Eduardo Montealegre u otro candidato hubieran tenido la capacidad de manejar una tasa inflacionaria menor, bajo los mismos parámetros de los precios del petróleo y presiones de los mercados emergentes, es decir, un clima de confianza para los inversionistas hubiera podido detener la escalada alcista?

Charles Caltrop

charlescaltrop@aol.com

Matagalpa

Con toda honestidad, me parece que, en términos estrictamente económicos, cualquier candidato que hubiese ganado las elecciones de noviembre de 2006 hubiese tenido que enfrentar una situación extremadamente compleja y difícil. Esto se aplica especialmente en lo que respecta a la gravísima crisis del sector eléctrico, la cual en efecto tuvo sus inicios durante el Gobierno del ingeniero Enrique Bolaños. Existen factores que han tendido a estabilizar financieramente a este sector, en la forma específica en que el mismo está estructurado. Esto obedece a que, en primer lugar, el actual presidente logró algo que, en mi opinión personal, para cualquier otro hubiese sido algo muy difícil lograr y es la realización de ajustes tarifarios muy fuertes desde noviembre de 2007 que se supone deben haber reducido de manera importante el denominado “rezago tarifario” que Unión Fenosa aducía como el factor que le imposibilitaba contar con el flujo de recursos necesarios para pagar a las empresas generadoras por la energía que éstas le entregaban. Al no recibir el pago correspondiente, estas empresas suspendían la generación de energía eléctrica.

Se acordó además un mecanismo para el ajuste periódico de las tarifas de la energía eléctrica, conforme al aumento de los costos, cosa que tampoco pudo lograrse bajo el Gobierno del ingeniero Bolaños, debido también a la férrea y generalizada resistencia social y política que esta medida enfrentó. Por supuesto, éste constituye otro mecanismo para trasladar plenamente el impacto del alza de los precios del petróleo sobre los precios internos, al afectar a un insumo clave de todas las actividades económicas (la energía) y a un rubro de consumo con un peso cada vez más importante en el presupuesto de los hogares. Desde mi punto de vista, persiste todavía un problema financiero que seguirá afectando a Unión Fenosa, y por el cual esta empresa continuará, por lo menos a mediano plazo, demandando mayores alzas o recurriendo a mecanismos menos transparentes de recuperación de costos: el hecho de que en la factura de energía sólo se le reconoce a esta empresa el valor de la mitad de dichas pérdidas, que ascienden al doble del promedio regional.

Al mismo tiempo, el Gobierno actual ha tenido el apoyo de la cooperación de la República de Venezuela, la cual le permitió el año pasado otorgar a las empresas generadoras el financiamiento necesario para que pudieran comprar el combustible requerido para continuar operando, cosa que no podían hacer ante la falta de pago de Unión Fenosa. El sólo hecho de que la Cooperación de Venezuela alcance niveles esperados tan importantes le otorga al país una disponibilidad de recursos que nunca antes tuvo —adicionales a los US$ 550 millones promedio anual que representa la Cooperación Externa tradicional— es lo que ahora abre la posibilidad de plantear que parte de estos recursos se usen para amortiguar el impacto tan violento del aumento de los precios del petróleo sobre los precios del combustible para el sector transporte, y sobre las tarifas del mismo.

No estoy tampoco muy seguro de que algunos candidatos, de haber resultado electos, hubiesen apoyado la idea de establecer para el sector transporte un precio de referencia inferior al precio de mercado.

De cualquier manera, al entrar al terreno de la especulación con respecto a qué hubiese ocurrido si en las elecciones de 2006 hubiese resultado triunfador cualquier otro candidato, desgraciadamente suele entrarse de lleno al campo de la polarización y las pasiones políticas, y usualmente cesa el debate de las ideas, para ser sustituido, con demasiada frecuencia, por los insultos y las descalificaciones.

En lo personal, es un campo al cual prefiero no entrar. Prefiero discutir, sin cortapisas, acerca de cómo podemos enfrentar, de la mejor manera los desafíos que enfrenta el país hoy.

¿Este aumento en la inflación es producto de las políticas del Gobierno o por las situaciones de la economía mundial?

Mauricio

mauricio.gurdianchamorro@gmail.com

Rivas

La política fiscal, monetaria, crediticia y cambiaria, e incluso la política hacia el sector energético y de salarios del sector público, han estado determinadas por el Programa que el Gobierno negoció con el Fondo Monetario Internacional. En la visita más reciente de su misión de revisión, el FMI se mostró satisfecho por el desempeño de estas políticas. Por ejemplo, el Gobierno Central mostró un superávit fiscal después de donaciones, en lugar del déficit previsto. Debe recordarse que, en el marco de los Programas con el FMI, las políticas en estos campos no suelen tener lo que algunos podrían considerar un sesgo expansivo o inflacionario, ni mucho menos.

La misión del FMI, con la cual tuvimos la oportunidad de reunirnos, coincidió en que, hasta el momento, no hay evidencia de que detrás de la inflación se encuentre un exceso de circulante o exceso de demanda.

Es decir que, en principio, la política económica del Gobierno no podría ser responsabilizada por este proceso, si uno considera que las políticas avaladas por el FMI suelen catalogarse como prudentes. Me parece que aún los adversarios políticos más acérrimos del Gobierno no tienen discrepancias con este marco de política económica, que el Gobierno propone extender en el tiempo, en su Plan Nacional de Desarrollo Humano.

¿Cuánto nos falta para que volvamos a ser millonarios como en los años ochenta? Porque eso es lo que más temen los señores adinerados y no quieren que nosotros el pueblo seamos millonarios...

Medrano

medrano@yahoo.com

San Francisco, California, EE.UU.

El proceso hiperinflacionario en los ochenta fue desencadenado por desequilibrios financieros muy fuertes, que fueron cubiertos, en medida creciente con emisión “inorgánica” de dinero. En la actualidad, sencillamente no existen tales desequilibrios, y la economía del país dispone de recursos que nunca antes tuvo disponibles.

Si Venezuela está subsidiando la gasolina en Nicaragua ¿por qué el encarecimiento de la canasta básica día a día?

Leonel Marín McEwan

leonelam@hotmail.com

Miami, Florida

Venezuela no subsidia el precio de la gasolina. Pero se espera que este país suministrará este año, en el marco del Acuerdo Energético del Alba entre Venezuela y Nicaragua, un suministro equivalente al 70 por ciento de dichas necesidades. Las condiciones favorables de este suministro no se reflejan en el precio de los hidrocarburos, los cuales son suministrados conforme al precio internacional.

Estas condiciones favorables se expresan en la forma que asumirá el financiamiento de este suministro. El suministro de petróleo a través de Albanisa, se pagara de la siguiente forma: la mitad en un plazo de 90 días, y la otra mitad en un plazo de 23 años, con 2 de gracia, a una tasa de interés del dos por ciento anual. Esta última mitad constituye un crédito concesional cuyo monto podría ascender a casi US$ 400 millones anuales o más al año, lo cual representa una magnitud de recursos impresionante, si se toma en cuenta que toda la cooperación externa tradicional asciende a un promedio anual de US$550 millones promedio anual.

¿Cuáles son las medidas económicas emergente que está tomando el Gobierno actual para paliar este problema?

Adolfo

aachow_5@hotmail.com

Managua

Creo que en este punto, es importante que los funcionarios públicos expliquen a los nicaragüenses, de manera muy detallada, la política de freno a la inflación que presentaron y han estado discutiendo con el FMI. Me parece que es su responsabilidad hacerlo.

¿Por qué hasta ahora deciden opinar sobre el tema y no lo hicieron cuando Alemán, Bolaños y otros funcionarios estuvieron en el poder y que hicieron desastres? ¿Por qué critican, acosan y maltratan a Ortega, si él hace lo que puede a pesar que todos los sectores están presionando?

No me queda claro a qué se refiere. En mi caso, he expresado, ejerciendo sin ninguna cortapisa el pleno derecho que me asiste para ello, los criterios que he estimado pertinentes sobre la política económica de diferentes gobiernos, y desde hace mucho tiempo.

Quisiera saber dos cosas: ¿Qué impacto tendría el congelar el precio del galón de combustible? ¿Qué relación tendrá el gran número de despedidos de la maquila con el aumento del salario mínimo?

Alexander

vanderleingvanderzar@hotmail.com

Managua

El precio del combustible lo determinan las empresas petroleras y no el Gobierno, aunque éste está facultado por la Ley para entrar a regular temporalmente este precio, en condiciones de emergencia, para asegurar “que los combustibles destinados a la generación eléctrica y al transporte terrestre colectivo público sean comercializados dentro del país al precio más óptimo posible”. Pero un congelamiento, como tal, si las empresas petroleras no son compensadas por el aumento en sus costos operativos resultantes del aumento en los precios internacionales de los hidrocarburos, las conduciría a una crisis.

Por tanto, lo que en realidad se plantea es algún mecanismo que pueda combinar diversas opciones, incluyendo un mecanismo de subvención al precio del combustible para el sector transporte.

El impacto sería amortiguar la crisis, y evitar que el aumento del precio del petróleo se refleje en los precios efectivos del combustible y en las tarifas del sector, y por esta vía, sobre el nivel de costos y precios de la economía.

Con respecto a la segunda pregunta, me permito hacerle ver lo siguiente: dichos aumentos se refieren a los salarios mínimos que se pueden pagar en cada sector. Si revisamos la evolución del costo de la nueva canasta básica, encontraremos para un grupo de alimentos, que constituyen cerca del 80 por ciento del consumo alimentario de los pobres (maíz, frijol, arroz, aceite, leche, pan, tortilla, azúcar), el costo de los mismos ha pasado de C$2,066 en septiembre de 2007 a C$2,505.8 en marzo 2008.

Compare usted estas cifras con los montos de los salarios mínimos, y verá que, a lo sumo, se produjo una muy modesta recuperación de éstos. Si usted considera que el salario real de los obreros del sector privado se deterioró en 40 por ciento desde 2006, y que el salario promedio que se paga en las maquilas hondureñas es más de dos veces superior al pagado en Nicaragua, verá que resultaría difícil de comprender que una empresa se vaya del país por una recuperación tan moderada del salario mínimo, y que en todo caso, una forma de inserción internacional que descansa en el supuesto de que estos niveles de represión salarial se van a mantener indefinidamente, resulta poco sostenible. A mí me parece más creíble la información en términos de que esta decisión obedece a la reducción de pedidos para estas empresas, como resultado de la desaceleración de la economía norteamericana.

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