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Detrás de la tarima se desnuda la mentira
Pedro J. Chamorro B.
El autor es diputado a la Asamblea Nacional por ALN.
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La tarima de “pobres del mundo” está cubierta de flores y de sorpresas. Ellos están arriba, sí, y detrás de la tarima cubierta de flores y de una intensa vegetación tropical, sobresale apenas un aparato de aire acondicionado nuevecito con su control remoto.

Un poco más escondida entre las flores, asoma una botella de agua “Perrier”, sofisticada marca de agua embotellada francesa, marca preferida siempre por los millonarios del jet set o los jeques de los países del Golfo Pérsico que, literalmente, no hayan cómo gastar tanta plata que les entra de sus increíbles ganancias petroleras.

En un contrasentido digno de Ripley la fotografía que “aterrizó” en mi computadora por el internet, revela que los dirigentes de los “pobres del mundo” no predican con el ejemplo, mientras corean consignas antiimperialistas en la víspera de un primero de mayo, Día de los Trabajadores.

Así, con el puño de la mano izquierda en alto, arengando a los pobres del mundo en las inmensas vallas que cunden por toda la ciudad, se combate a la pobreza, mientras todos los productos de la canasta básica suben diariamente, gracias al enriquecimiento desmedido de los países petroleros que hoy en día son realmente los países explotadores: el verdadero imperialismo del siglo XXI.

Toda la teoría del imperialismo de Lenin se aplica hoy en día con singular exactitud y crudeza a esos países que nos explotan al imponernos precios exorbitantes a los derivados del petróleo que nos venden, sin los cuales, las economías del mundo colapsarían, particularmente las de los países donde viven los pobres del mundo, como el nuestro.

Estamos en la sin remedio: si consumimos, mal porque el precio del petróleo ronda los 120 dólares por barril y si no consumimos, no tenemos energía y la economía colapsa mas temprano que tarde. Las botellas de agua Perrier y los aparatos de aire acondicionado a la intemperie caen bien ante esta encrucijada… arriba los pobres del mundo.

Como no podemos incidir en los precios del petróleo en el mundo, lo único que podemos hacer para paliar el efecto de los altos precios de los combustibles es usar los fondos de los acuerdos petroleros con Venezuela para subsidiar el transporte colectivo en lugar de seguir sembrando gigantescas vallas de propaganda y culto a la personalidad.

A largo plazo lo que tenemos que hacer es cambiar la matriz de generación de energía por fuentes de energía renovables, como la eólica, geotérmica o hidráulica, para ir abandonando poco a poco la monodependencia en los derivados del petróleo. Si todos los países donde habitan los pobres del mundo hacen eso, disminuirá la demanda mundial de los hidrocarburos y por ende el precio tenderá a bajar por una simple ley de la economía.

De igual manera podría bajar el precio de las flores a nivel nacional, si éstas no se usaran profusamente para decorar toda tarima en todo acto oficial, dejando seguramente grandes ganancias, a saber a quiénes. Pero si se reduce el consumo de agua Perrier en nuestro país, no tendrá ningún efecto en los precios a nivel mundial ni en la producción francesa, ya que el consumo de este producto de lujo está limitado a los dirigentes de los pobres del mundo.

Este país es demasiado pequeño para esconder una mentira, una farsa. Tarde o temprano se sabrá en qué se han gastado los fondos de la ayuda venezolana que ciertamente no han mejorado la condición de los pobres de Nicaragua, aparte de financiar la compra de búnker a las generadoras para que el país no sufra apagones.

Las tarimas llenas de flores y rebosantes de alegría esconden una farsa: los aires acondicionados son los que mueven las palmeras y no los vientos de mayo, que brillan por su ausencia.

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