Nicaragua necesita producir más y con mejor calidad, nuestros productores agrícolas de pequeña escala siguen produciendo 12 quintales de frijol, 25 de maíz y 20 de sorgo por manzana. Los mismos niveles productivos de hace 30 años. Cuando revisamos datos productivos de papa, tomate, café, y otros, la situación es de igual baja productividad. Además cada vez que productores de pequeña escala intentan producir para los mercados internacionales han mostrado incapacidad para conseguir la cantidad y calidad que exigen. No es falta de mercado lo que limita la producción de pequeña escala, es falta da capacidad. Si hablamos de la ganadería el panorama es idéntico, baja producción de leche por cabeza, producto de la mala alimentación del ganado, baja producción de carne por manzana.
Todos nuestros procesos productivos en el campo son muy artesanales, de subsistencia y sin ningún espíritu de crear riqueza. Tenemos un esquema de desarrollo agropecuario que depende demasiado de las erráticas precipitaciones de la época lluviosa. Que no aprovecha la abundancia de agua que corre en la superficie a través de las quebradas y ríos. Los expertos aseguran que en Nicaragua el 95 por ciento del agua que escurre a través de ríos y lagos sólo la miramos pasar hacia el océano.
Tenemos recursos humanos que les faltan información, conocimientos y habilidades para producir con rentabilidad. Es casi generalizado que los agrónomos que brindan asistencia técnica en este país aceptan la tesis que el productor de pequeña escala tiene más conocimientos y habilidades para producir que ellos. Es insólito que los principales responsables de dar dinamismo al desarrollo agropecuario de nuestro país lleguen o acepten esta conclusión. Un agrónomo que acepta que el productor sabe más que él debería ser retirado de su trabajo por incapacidad o ser ingresado en un proceso de formación práctico que le enseñe a producir.
Las intenciones del Gobierno de crear un banco para la agricultura y ganadería es excelente idea. Pero esto por sí sólo no garantiza el éxito. Debe haber un compromiso claro y bien definido del Gobierno, los agrónomos y los productores sobre las metas productivas, la estrategia tecnológica y la calidad de la producción. El crédito debe estar enfocado al mejoramiento de los procesos productivos con una reconversión de prácticas y tecnología que consigan mayor productividad.
No ayuda nada dar crédito a productores que van a seguir dependiendo de las lluvias para producir, que sigan alimentando mal a su ganado, que sigan produciendo en suelos degradados, que lo quieren producir es lo mismo que producen ahora. Si el Estado hace eso va a tener que implementar un plan para empezar a condonar deudas y eso no es saludable para el desarrollo del campo. Debemos buscar otros caminos y ese camino puede ser el firme compromiso del productor de pequeña escala para hacer una reconversión del proceso productivo para producir más y con mejor calidad, con el Gobierno facilitando el crédito a aquéllos que estén dispuestos a asumir el reto. Si no vamos a gastar mucho dinero y sin resultados.