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“El tema de nuestro tiempo”
Juan Bosco Cuadra G.
El autor es doctor en filosofía y catedrático universitario
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Desde hacía mucho tiempo atrás el solo título de una de las obras más famosas del filosofo español José Ortega y Gasset, El Tema de Nuestro Tiempo, escrita aproximadamente en 1930, causó un gran impacto en mi formación filosófica. Hace unas semanas he tenido la oportunidad de releerla de “cabo a rabo”. La impresión del título fue complementada con la revelación sorprendente de su profundo contenido.

¿Cuál es el tema de nuestro tiempo en Nicaragua? Esta pregunta me la hacía una y otra vez. Las respuestas, por supuesto, fueron muchas, ya que las circunstancias cambian. Por ejemplo, el tema de los setenta era derrocar a la dictadura de los Somoza; el de los ochenta el sistema totalitario de los sandinistas y el de los noventa la construcción de la democracia.

Pero ahora, ¿cuál es el tema de nuestro tiempo? Antes de dar una respuesta acertada expondré a continuación lo que encontré en Ortega y Gasset: Según él “la modernidad descansa en el concepto racionalista e idealista de la subjetividad”, siendo el tema de nuestro tiempo la superación de estos estados para la preparación de nueva época.

Para Ortega y Gasset el “tiempo es una misión, una tarea”, no una continuación ni tampoco la destrucción total del pasado. Algo así como el trabajo específico que debe realizar una generación en su período de vida temporal.

Para Ortega y Gasset la trama de la historia está constituida por las generaciones. Todos aquellos que hemos leído sus obras, hemos podido observar su capacidad analítica y sintética de estas generaciones y sus viajes mentales a través del tiempo hacia épocas ya extintas (!)

“Cada generación tiene su vocación histórica”, dice Ortega. Esta vocación se descubre cuando se puede identificar la verdadera temática de nuestra coyuntura actual. Ahora bien, ¿cuál sería la vocación histórica de nuestra generación hoy en Nicaragua?

Si tan sólo tuviéramos una capacidad analítica y sintética sobre este “tema” de nuestro “tiempo” quizás concentraríamos nuestros esfuerzos para dar una solución exacta y oportuna a la misma. Pero esto no es fácil. Se necesita, en primer lugar, una visión clara de la “realidad” tal cual es desde todos los aspectos posibles, a saber, político, económico, cultural y social; en segundo lugar, proponer soluciones concretas y no necesariamente pragmáticas a todas esas realidades problemáticas.

Hoy en día vivimos en una época de transición. Los nicaragüenses desde hace más de 30 años que estamos acostumbrados a vivir no sólo “en” crisis, sino “de” crisis. Estos cambios tan abruptos de nuestra reciente historia nacional no son más que tanteos fallidos a problemas que aun no se han encontrado una solución. En los ochenta que se quiso imponer un nuevo tipo de sociedad con nuevos valores; en los noventa se comenzó a construir una democracia que no llegó a cumplir con todas las expectativas. Me acuerdo que el “tema” de los noventa era entonces la implementación de la democracia a todos los niveles. También el despertar de la conciencia moral del ciudadano y el deseo de educarlo a toda costa.

Ortega y Gasset habla en su libro El Tema de Nuestro Tiempo, de tres épocas históricas que le antecedieron en su propio período histórico: una “tradicionalista”, la otra “revolucionaria” y la última, de “servil”. Esta última, por supuesto, es la época de “crisis” o de transición.

Aplicando esta concepción tripartita de la época de Ortega y Gasset a nuestra reciente historia nacional, podríamos decir lo siguiente: la época tradicionalista pertenece a la dictadura de Somoza en donde, a pesar de las injusticias, Nicaragua alcanzó un buen desarrollo económico; la segunda época, la revolucionaria, pertenecen las dos revoluciones, la “sandinista totalitaria” (1979-1990) y a la “democrática” (1990-2006).

Para terminar este artículo quisiera decir que la época actual es una época de transición. Me parece que toda América Latina está pasando un proceso parecido. La generación de hoy tiene la enorme responsabilidad de saber enfrentar la actual problemática. Las soluciones no hay que buscarlas más ni en las ideologías, ni en los moralismos fundamentalistas, sino más bien en la razón y en el espíritu. Su mutua relación nos daría como resultado una razón más espiritual y un espíritu más racional. Es la llamada “razón vital” de Ortega, desde otra perspectiva. En otras palabras, necesitamos una verdadera revolución educativa y cultural capaz de pernear todas las estructuras sociales desde las políticas hasta las más bajas capas de la sociedad.

Si a mí me preguntan cuál es la verdadera solución para Nicaragua yo sólo diría un cosa “Una Nueva Revolución Carolingia”. Pero este tema es para otro artículo.

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