A las cinco de la tarde, Gioconda Belli llegó al pabellón de la editorial Planeta que se instaló en la 21 Feria Internacional del Libro, en Bogotá, a cumplir la rutina de los escritores: firmar libros. Pese a la lluvia impenitente que caía en las calles, había una fila de gente en el stand que Belli asoció a la popularidad de otros escritores, nunca a la suya.
Sin embargo, apenas el público que estaba en la fila identificó su castaña y espesa melena que tapa siempre sus orejas, tronaron aplausos y elogios alrededor de esta escritora nacida en Managua. En las siguientes cuatro horas que estuvo en la feria, Belli firmó libros, leyó fragmentos de sus poemas frente a un auditorio repleto y presentó su última novela: El infinito en la palma de la mano, que ya mereció el Premio Biblioteca Breve 2008.
“Yo soy difusora de su obra”, le dijo una mujer de pelo largo y canoso que se le acercó y le estrechó la mano, y aprovechó para hacerle una foto. “Gioconda quiero darle un abrazo de agradecimiento por su obra”, le dijo otra joven y de anteojos.
“Yo la sigo desde que leí su primera novela, La mujer habitada”, le dijo otra.
Belli confesó que no esperaba un recibimiento y sobre su novela, dijo que con ella pretende dar su versión de lo que pasó con Adán y Eva luego que fueran desterrados del paraíso, y desmentir el mito bíblico de que Eva fue la portadora del pecado.
Con esta novela, Belli no busca la polémica, pero tampoco descarta las posiciones radicales de algunos fundamentalistas. No cree que los teólogos, a quienes considera “muy inteligentes” salgan a censurarla. “Saben que en el momento en que ataquen este libro, lo convierten en un best seller”.
Belli, quien ya empieza a madurar la idea de una novela política sobre la realidad actual nicaragüense, tema que despierta su pasión pero del que ahora no puede guardar distancia, conversó unos minutos con LA PRENSA.
¿Cómo surgió El infinito en la palma de la mano?
Desde muy joven tuve una simpatía por Eva y pensé que esa historia tenía algo incongruente con ese personaje en esa situación, que los hayan puesto en esa situación (se refiere al destierro del paraíso bíblico) y que les hayan dado esa posición que era contranatura con la naturaleza de ellos y que se los diera el mismo que los crió y les dio esos atributos. Yo siempre pensé aquí hay una trampa, Eva fue víctima de una trampa… nunca estuve conforme, por eso trataba de reivindicarla, de bromear con el tema, tengo varios poemas que bromean con el tema, tengo un poemario de la costilla de Eva.
¿Qué sentido tiene volver al origen en estos tiempos?
Precisamente porque este tiempo está cargado de violencia, una de las víctimas más grandes de esa violencia es la mujer y pienso que todo el trabajo que se haga para deconstruir todas las bases que han dado origen al sometimiento de la mujer es importante, éste es un libro que empodera a la mujer.
¿Considera que hace o sigue haciendo literatura femenina?
No me gusta llamarla literatura femenina. Yo creo que escribo para los dos, y me da mucho gusto ver que tengo muchos lectores hombres. Escribo para que nos entendamos los dos sexos. Esa manera de aproximarme no es feminista en el sentido de ser demoledora contra los hombres, sino que trato de comprender esas contradicciones que existen.
¿Un escritor se jubila?
Yo no, yo creo que un escritor en que tal vez si pierde las facultades tenés que aceptar que ya no sabés escribir, como la Virginia Woolf cuando se sintió que ya no podía manejar su bellísima inteligencia, se suicidó, pero yo creo que si uno está lúcido yo pienso escribir hasta que se me empiecen a resbalar las tejas.