Hubo un tiempo en que la historia la aprendíamos como un relato que tenía como centro una lista de fechas y nombres importantes que debíamos memoriozar. Todo eso ha cambiado. En la actualidad, el estudiante exige más que recuento de sucesos y personajes. Pide conocer los motivos que impulsaron a aquellas mujeres y hombres públicos a escoger determinado rumbo. Quieren conocer las fuerzas sociales, religiosas, políticas, nacionales y extranjeras que empujaban o retardaban el progreso.
Hago estas reflexiones a propósito de la magnífica obra histórica del doctor Andrés Pérez Baltodano, nicaragüense, profesor adjunto de Ciencias Políticas en la Universidad de Western Ontario, Canadá, cuyo libro lleva el nombre de este comentario. Para empezar, la importancia de su libro radica en que conceptualiza el fárrago heterogéneo de sucesos de la historia nicaragüense, o sea, le atribuye un sentido a sus manifestaciones, a pesar que para algunos, nuestra historia es un “rompecabezas incomprensible”. Al contrario, ese atribuido acertijo, exige una explicación, ya que gobiernos de todos los colores siguen cometiendo los mismos o parecidos errores, porque la matriz de donde arrancan es la misma mientras nuestra cultura política permanece inalterada. Ello supone un común denominador que a todos cobija.
Para el profesor Pérez Baltodano ese acontecer reiterativo e ineficiente de nuestro país, que nos mantiene atrasados, lo producimos nosotros mismos y no demonios extranjeros. Para él, todo parte de la vida colonial, cuyo diseño perdura. Se refiere al “Estado conquistador” cuya característica fundamental es “una estructura de poder que funciona dentro de un modelo de autoridad discrecional enmarcado en valores paternalistas”. De esa cuna surge un sistema judicial que interpreta la ley en beneficio de las élites gobernantes y mantiene grandes desigualdades. Es la verdad que promulga la independencia. Los funcionarios criollos que les siguieron se dedicaron a copiar los privilegios de sus antecesores, para que todo quedara igual, el secreto era conseguir y mantener el poder de cualquier manera, pues asumían poseer un derecho por adscripción y no por méritos ganados. Además, a la hora de actuar las élites gobernantes se basaban en que lo deseable depende de lo circunstancialmente posible y no de valores éticos. O sea, que el político pragmático que dominaba no necesitaba ideología, pues era la realidad y no los principios fundacionales lo que guiaba sus decisiones.
La pregunta que inquieta al profesor Pérez Baltodano como a sus lectores, es: ¿Cómo se mantuvo tan nefasto comportamiento durante los 187 años de terminada la conquista española? Curiosamente, seguimos produciendo Pedrarias, guerras civiles, hambrunas, emigraciones masivas, intervención extranjera y corrupción a todos los niveles. Seguramente la semilla del providencialismo resignado y el pragmatismo cínico quedó sembrada y aporcada por las élites poderosas, que no permitían cambiar para no soltar el poder, según ese esquema la autoridad central dicta su voluntad sin consultar, mientras sus súbditos desorganizados, emprobrecidos y divididos en sectas personalistas, terminaban conformándose con lo adjudicado por la Providencia. Desde ese enfoque, la ley es apenas un trámite donde la habilidad consiste en retorcer el texto para su beneficio. Hablamos de un Estado “holístico”, donde todas sus partes están confabuladas entre sí, formando un conjunto sólido como un vaso sellado. En ese sistema no hay disidencias, ni tribunales autónomos. Resulta entonces que pasar del “Estado conquistador” al “Estado Nación” moderno es una proeza, pues su objetivo no agrada a los políticos profesionales: “Captar, organizar y responder a las aspiraciones y derechos de los ciudadanos que viven en el territorio”, para regirlos por leyes aplicadas con igualdad. A este tipo de Estado le llamamos “¡atomístico!” porque hay lugar para autonomía, disidencia, competencia e independencia de poderes. Destaquemos finalmente otro aspecto valioso de la obra del doctor Pérez Baltodano: Su copiosa y valiosa bibliografía donde el lector puede abrevar en fuentes primarias confiables y acertadas.