publicidad
Managua
08:53 am
03.05.08
Regístrese gratis aquí  |  Administre su perfil de usuario  |   
Portada
Última Hora
Política
Nacionales
Economía
Campo & Agro
Regionales
Editorial
Deportes
Sucesos
Internacionales
Opinión
Revista
Vida Social
Cartas al Director
Caricaturas
Agenda de Eventos
Eventos Empresariales
Tecnología
Religión y Fe
Mosaico
Entrevista
Enfoque
Hablemos del Idioma
Noticias >> Opinión
Benedicto XVI y DD.HH.
Alfonso Dávila Barboza
El autor es asesor legal-penal
publicidad

Por manifiesta inquietud intelectual y estudio, comento con mis distinguidos amigos sacerdotes Neguib Eslaquit Aragón y el Vicario Departamental de Masaya, reverendo César Castillo Rodríguez, todo lo propio y pertinente a las encíclicas papales, mensajes y conferencias realizadas por el actual Papa Benedicto XVI.

He podido captar y en ello va mi simpatía, que Benedicto XVI está procurando día a día lo que sea menester y propicio para establecer una imagen de respeto y credibilidad de la Iglesia católica.

Me interesó y me despertó la inquietud de presentar con la mejor buena fe y definida transparencia lo que a mi juicio merece una justa interpretación, lo que magistralmente expuso Benedicto XVI en las Naciones Unidas. Señaló el Papa el significado, valor y trascendencia de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y recordó que tal Declaración va a cumplir 60 años de existencia el próximo mes de diciembre.

Y de entrada recordemos lo bien sentido como lo bien ordenado de las consideraciones que conforman el preámbulo donde se hacen aparecer los cimientos de fortaleza, la libertad, la justicia y el claro interés de que “los Derechos Humanos sean protegidos por un régimen de Derechos, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”.

Es más, siendo Nicaragua Estado-Miembro de las Naciones Unidas, el Gobierno tiene capital obligación de tener muy en cuenta y a cada momento lo que dispone el Arto. 19 de esta Declaración, que textualmente copio: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

Pero a pesar de esta limpia disposición, un miembro de la Administración de Justicia de Nicaragua en el desempeño de una Judicatura Local Penal, por intereses políticos y en visible manipulación de personas ligadas al gobierno sandinista, encontró culpable a LA PRENSA en una querella sin sustento legal alguno, y sacando conclusiones falsas y amañadas, el judicial aludido violó leyes de la República de Nicaragua y le causó agravio y burla a la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su Arto. 19 ya identificado.

Y aquí recuerdo brevemente lo que dijo un prestigiado catedrático y jurista español al referirse a los jueces que dictan fallos contra Ley expresa por intereses creados, teniendo como fin buscarse un ascenso en el ramo judicial: “Qué tristeza y pena me dan los judiciales que ultrajan la ley y la justicia, pues viven un castigo doloroso; padecen de insomnio y los pocos momentos que duermen se levantan sobresaltados con las manos sudorosas, con mucha sed, beben agua y no calman la sed, van al baño y ahí su conciencia les grita: “Venal, venal, venal”.

Benedicto XVI, en sus comentarios a la Carta de los Derechos Humanos, manifestó que todo Estado tiene el deber primario de proteger a la propia población de violaciones graves y continuas de los Derechos Humanos y de las consecuencias. Nicaragua debe procurar con urgencia cumplir con exactitud su compromiso internacional del respeto a los Derechos Humanos.

Finalmente, a todos los judiciales de Nicaragua les recomiendo por cultura y por lo que pueda servirles de mucha reflexión, que lean y mediten el libro La Ciudad de Dios, del ilustre San Agustín, quien relata de cómo dos amores construyeron dos ciudades: la ciudad de Dios y la ciudad de los hombres. La ciudad de Dios quiere unirnos a todos en la justicia y la paz por medio del amor: amor a Dios y al prójimo. La ciudad de los hombres es creada por los políticos para el bien común, pero ellos se enfrentan unos a otros, porque ésta ha sido fundada en el amor propio. El pecado consiste en alejarse de lo comunitario y refugiarse en lo particular, en la ambición de lo lucrativo.

Noticias Servicios Suplementos Especiales Publicidad Enlaces
Mapa del Sitio Nicas en el Exterior Contactos Ayuda
©LA PRENSA 2009 Aviso legal Política de privacidad Consultas y Sugerencias
Manual de Estilo de LA PRENSA
Fotorreportajes
Sucesos del 2006: Nicaragua
Búsqueda