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El Papa puede ser un mejor líder aún
Alfredo González Holmann
El autor es Máster en Administración de Empresas

El Papa Benedicto XVI está siguiendo los pasos

de su antecesor, Juan Pablo II, no sólo por ser gran viajero y peregrino, sino por continuar expresando una sensibilidad humana digna de admiración.

En un discurso pronunciado en 2007, a los embajadores acreditados ante la Santa Sede, y refiriéndose a su visita a Brasil para la Conferencia General del Celam, sobre Latinoamérica expresó: “En el ámbito económico y social pude apreciar tantos signos elocuentes de esperanza para este continente como motivos de preocupación. ¿Cómo no desear una cooperación creciente entre los pueblos de América Latina…?”

En el discurso que pronunció recientemente en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), dijo: “Los principios fundacionales de la organización ¡el deseo de la paz, la búsqueda de la justicia, el respeto de la dignidad de la persona, la cooperación y la asistencia humanitaria? expresan las justas aspiraciones del espíritu humano… En nombre de la libertad debe haber una correlación entre derechos y deberes, por la cual cada persona está llamada a asumir la responsabilidad de sus opciones, tomadas al entrar con relación a los otros…”.

Refiriéndose a la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, expresó: “La referencia a la dignidad humana, que es el fundamento y el objetivo de la responsabilidad de proteger, nos lleva al tema sobre el cual hemos sido invitados a centrarnos este año, en el que se cumple el 60 aniversario del principio de la “responsabilidad de proteger”, que fue considerado… como el fundamento de toda actuación de los gobernadores hacia los gobernados, y de considerar a la persona humana esencial para el mundo de la cultura, de la religión y de la ciencia”.

¿Qué podría hacer el Santo Padre por América Latina? ¿Qué ayuda concreta podríamos pedirle al Papa para que los pueblos de Latinoamérica salgan de la pobreza? ¿Qué podría hacer él por el 50 por ciento de los nicaragüenses y aquéllos que en otros países viven con ingresos de dos dólares diarios? Deseo sugerirle a Su Santidad lo siguiente:

Él como líder mundial puede solicitarle a las personas más eruditas en desarrollo económico del mundo, a los más sabios, que le elaboren una recomendación, una guía, con los pasos y normas que deben de seguir todos los líderes —los ciudadanos— de Latinoamérica y los países del tercer mundo, para salir de la pobreza. Un documento que sea de incuestionable veracidad por sus aportes científicos sobre desarrollo económico, por su sustentación lógica y práctica, por la facilidad y factibilidad de aplicar las recomendaciones contenidas en él.

Éste sería un documento elaborado por sabios, semejantes a los que, en 1948, elaboraron la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU, por eminencias semejantes a los que en el 2005 elaboraron y nos brindaron las recomendaciones conocidas como el Consenso de Copenhague, por doctos similares a los que elaboraron las recomendaciones conocidas como la Consulta de San José, coorganizada por el Instituto Centroamericano de Administración de Empresas (Incae) en el que se priorizan las soluciones a los principales problemas de Latinoamérica.

Yo podría sugerirle, respetuosamente al Papa, a personas que pueden ser parte de este equipo consultivo, entre otros, los Premios Nobel de Economía; el hindú Amartya Sen y el norteamericano Douglass North; la líder política mundial, la somalí Ayaan Hirsi Ali; el filántropo sudanés Mo Ibrahim; el Premio Nobel de Literatura, el peruano Mario Vargas Llosa; la Fundación Milton Friedman, etc. También podrían ser parte el presidente de la automotriz italiana, Fiat y el presidente de la automotriz japonesa, Toyota, etc.  

Terminado el estudio tendría que encomendar el Papa a todos los sacerdotes de la Iglesia católica, que este valiosísimo documento fuese divulgado y estudiado en todas las iglesias de Latinoamérica y el Caribe, para que llegue a todos los rincones de nuestra América y con su versión portuguesa para los brasileños. Seguramente, en poco tiempo, esta iniciativa daría frutos y, si perseveramos, en unos años quizás alcancemos el bienestar de países como Italia, donde se encuentra la Ciudad del Vaticano, desde donde ejerce su liderazgo.

Esta obra filantrópica sería de un beneficio invaluable para todos los fieles de la Iglesia católica. Esta iniciativa la hice llegar con esperanza, a Su Santidad, mediante el Nuncio en Nicaragua, arzobispo Nowacki, con copia a monseñor Georg Gänswein, secretario personal del Papa en Roma. Dios mediante, él escuchará esta sugerencia para beneficio de toda la humanidad, en particular, para la más carente y desprotegida.

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