La caza de focas ha comenzado en el este de Canadá con un nuevo método de matanza que, según las organizaciones de defensa de los animales, no cambia nada en la crueldad de esta “masacre anual”.
Canadá autorizó este año la caza de 275,000 focas, una cifra superior a la cuota de 2007, que fue de 270,000 animales.
Ottawa anunció, además, la puesta en marcha de un nuevo procedimiento para la cacería, que tiene la finalidad de limitar el sufrimiento de los animales y, especialmente, asegurar que estén muertos antes de ser desollados.
“Estas pretendidas ‘nuevas’ reglamentaciones no aportan ningún cambio real a la manera en la que puede matarse a las focas. Simplemente exigen que las focas sean desangradas en uno u otro momento ‘en la medida de lo posible’”, indicó el Fondo Internacional para la Protección de los Animales (IFAW) en un comunicado.
Estas modificaciones “están claramente concebidas para engañar al mundo y hacerle creer que esta caza, cruel por naturaleza, puede ser más humana y eso para impedir el embargo de los productos derivados de las focas que analiza actualmente la Comisión Europea”, destacó Robbie Marsland, director de IFAW Reino Unido.
Rebecca Aldworth, responsable de la Humane Society International lamentó el viernes, día en que comenzó la caza, que el Ministerio de Pesca todavía no había entregado los permisos necesarios para observar esta caza comercial, considerándolo un gesto “deliberado” para distorsionar las actividades de los defensores de los animales.
No obstante, un portavoz del Ministerio de Pesca, Michel Plamondon, indicó un poco más tarde que se estaban distribuyendo los permisos para la jornada del viernes.
La caza fue declarada abierta justo antes del alba del viernes en el Golfo de Saint-Laurent, recubierto este año de una gruesa capa de hielo, de 30 a 70 centímetros según los lugares.
“Antes de emitir permisos de observación hay que evaluar la situación de la caza, tener en cuenta el estado de los hielos y de la meteorología”, explicó. Se entregaron unas cincuenta solicitudes, pero Plamondon no precisó cuántos permisos se otorgarían.
En Cap-Aux-Meules, pequeña ciudad de las Islas de la Madeleine, de donde partieron varios barcos, Denis Longuépée, presidente de la asociación de cazadores, indicó a la AFP que éstos todavía no habían podido alcanzar las focas porque el hielo volvía difícil la navegación.
Bélgica y Holanda prohibieron la importación de productos derivados de la foca, mientras que Alemania y Austria adoptaron medidas para cerrar sus mercados.