Con Una Odisea en el Espacio, Kubrick ganó un Oscar y recibió más de 10 postulaciones para diversos premios de la cinematografía mundial.
El éxito fue tan grande que Clarke debió convertir el cuento The Sentinel en una novela que se llamó igual que la película: 2001: Una Odisea en el Espacio.
“Tras haber cumplido 90 órbitas alrededor del Sol no me quedan demasiados reproches ni ambiciones”, afirmaba Clarke el pasado 9 de diciembre en un mensaje de vídeo grabado en su residencia de Colombo, Sri Lanka, lo que parecía una despedida para sus miles de seguidores.
Clarke, además de la ciencia ficción, escribió más de 100 obras científicas y filosóficas en las que trató de determinar el lugar del hombre en el Universo y siempre con la creencia en que la ciencia mejoraría a la humanidad.
Pero 2001: Una Odisea en el Espacio no fue su única carta de presentación, también se le conoció por obras como El Fin de la Infancia y Cita con Rama, que llevaron a los críticos a compararlo con Isaac Asimov y Robert Heinlein, los grandes maestros de la ciencia ficción.
Nació el 16 de diciembre de 1917 en Minehead (Inglaterra) fue desde niño un aficionado a la astronomía y en 1949 el apartamento en que vivía en Londres se convirtió en el cuartel central de la Sociedad Interplanetaria Británica de la cual fue su presidente.
Intrépido visionario
Durante la II Guerra Mundial prestó servicio en la Real Fuerza Aérea y se dio tiempo para escribir estudios técnicos y obras de ciencia ficción. Sin embargo, sólo logró publicar su primera Rescue Party en 1946, cuando el conflicto ya había concluido.
Su influencia no sólo alcanzó la excelencia literaria, pues muchas de sus obras científicas introdujeron diversos conceptos que ahora son moneda de curso normal en el mundo de la tecnología.
Por ejemplo, una de ellas Can Rocket Stations Give Worldwide Radio Coverage? (1945) planteó por primera vez la idea de que los satélites geoestacionarios podían ser excelentes centros de las telecomunicaciones.
En 1969, cuando era considerado el principal profeta de la era espacial, Clarke se unió a la cadena de televisión estadounidense CBS para narrar junto al astronauta Wally.
En 1988, el escritor sufrió el síndrome postpolio que lo relegó a una silla de ruedas y en 1998 estuvo a punto de recibir el título de caballero del Reino Unido.
La investidura, postergada luego de que el diario The Sunday Mirror lo acusara de ser un pederasta, se llevó a cabo en Sri Lanka dos años después.
En 1953, Clarke se casó con la estadounidense Marilyn Mayfield, pero su matrimonio duró sólo seis meses y hasta su muerte fue perseguido por las dudas acerca de su orientación sexual.
En una ocasión trató de ofrecer una explicación, cuando señaló que para él “el matrimonio era incompatible desde el comienzo”. “No estaba destinado para el matrimonio (...) aunque creo que todos deberían casarse al menos una vez”, aseguró.
En su último mensaje a través de internet, Clarke expresaba tres deseos: “Que la humanidad reciba alguna evidencia de la vida extraterrestre; que abandone su afición al petróleo a favor de otras energías más limpias, y que el conflicto que divide Sri Lanka llegue a su fin y se imponga la paz”.