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“¡Tíbet no es libre, Tíbet no es libre!”, gritó uno de los monjes budistas y luego estalló en llanto. El incidente ocurrió ayer cerca del monasterio de Jokhang en Lhasa. (LA PRENSA/ANDY WONG/AP)
Monjes budistas aguan fiesta a chinos
Protestan durante visita de periodistas a la capital de Tíbet
Charles Hurzer
LHASA, China/AP
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Al grito de “¡Tibet no es libre!”, un grupo de monjes tibetanos alteró el jueves una visita cuidadosamente orquestada por las autoridades chinas para un grupo de periodistas extranjeros en la capital del Tíbet.

El Gobierno había organizado la visita de los reporteros para demostrar que Lhasa estaba tranquila después que una serie de protestas y choques con las autoridades dejaran varios muertos.

La manifestación de un grupo de 30 monjes en túnicas rojas tuvo lugar en momentos en que los periodistas, entre ellos un reportero de la Associated Press, eran guiados por el Templo Jokhang, uno de los más sagrados del Tíbet.

“¡Tíbet no es libre! ¡ Tíbet no es libre!”, gritó un joven monje budista, quien después rompió en llanto.

También dijeron que su líder espiritual exiliado, el Dalai Lama, nada tuvo que ver con las manifestaciones contra el Gobierno chino de tibetanos en Lhasa, donde hubo incendios y saqueos y ataques a chinos de la etnia Han.

El Gobierno dijo que los disturbios del 14 de marzo fueron orquestados por “la camarilla del Dalai”.

Los guías del Gobierno dijeron a los gritos a los periodistas que se fueran y trataron de sacarlos a empellones durante la protesta.

“Quieren que condenemos al Dalai Lama y eso no está bien”, dijo un monje durante el incidente de 15 minutos.

“Esto no tiene nada que ver con el Dalai Lama”, dijo otro, refiriéndose a los incidentes del 14 de marzo. El Gobierno chino dijo que hubo 22 muertos, mientras exiliados tibetanos dijeron que esos hechos, sumados a una violenta represión posterior, dejaron casi 140 muertos.

La manifestación de los monjes tuvo lugar después de una mañana de actos cuidadosamente preparados. Los reporteros habían ido a una clínica médica tibetana que había sido atacada cerca del Jokhang, donde les mostraron una tienda de prendas de vestir donde cinco niñas quedaron atrapadas y murieron en llamas.

Los monjes, que hablaron primero en tibetano y después en chino mandarín para que los reporteros los entendieran, dijeron saber que probablemente serían arrestados por lo que habían dicho, pero que estaban dispuestos a aceptarlo.

Al comienzo habían ido corriendo hasta los periodistas indignados de que un guía del Gobierno les dijese que el Tíbet había sido parte de China durante siglos.

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