Con sus 91 años, Ana Magdalena Melián nunca había visto un horno de microondas hasta que el gobierno comunista de Cuba le facilitó uno a fines del año pasado.
“Algunos ricos de La Habana tenían microondas, pero el resto de nosotros no”, comentó la anciana, quien usa su nuevo microondas Daewoo para preparar flanes y descongelar pollos.
Unos 3,000 hogares de Las Guásimas, barrio al sudeste de La Habana, recibieron microondas en diciembre como parte de un programa piloto del Gobierno.
Los Daewoo son más bien pequeños y apenas admiten una barra de pan de molde. No cambiarán el futuro del país, pero el programa alienta las esperanzas de que el nuevo gobierno de Raúl Castro elimine las restricciones a la compra de artículos de consumo disponibles en casi todo el mundo, pero no en Cuba.
Durante tres meses, funcionarios del Gobierno visitaron las casas que habían recibido los microondas y preguntaron a la gente si los aparatos eran confiables, al tiempo que observaron el consumo de electricidad.
Los aparatos tuvieron un éxito rotundo, al punto de que las autoridades están hablando de suministrarle uno a todas las familias del país, con créditos a largo plazo.
“Es como si nos hubieran caído del cielo”, comentó Marisa Gutiérrez, una ama de casa de 49 años que cultiva frijoles y bananos en el patio trasero de su vivienda y tiene unos cerdos que heredó de su familia.
Gutiérrez integra el Comité de Defensa de la Revolución de Las Guásimas, el cual vigila lo que ocurre en el barrio y se encarga de observar el funcionamiento de los microondas. La mujer dijo que el Gobierno tiene miles de microondas listos para su distribución.
La mayoría de los cubanos no estará en condiciones de adquirir esos aparatos si se tiene en cuenta que el salario estatal promedio asciende a 408 pesos, poco más de 20 dólares. Gutiérrez dijo que los microondas costarán unos 2,000 pesos, o 90 dólares.
Incluso a crédito, los microondas representarán una carga demasiado pesada para muchos.
Melián afirmó que su familia está encantada con el microondas, pero que la idea de tener que pagar por él la asusta.
“Todavía nos faltan muchas cosas en nuestras vidas. Esto nos ayuda, pero ¿a qué precio?”, expresó.
Su vecino, el camionero jubilado Sergio Rodríguez, de 76 años, usa el microondas para recalentar arroz y leche.
“Si me quieren cobrar, voy a tardar 20 años en pagar”, declaró Rodríguez, quien vive con su hija y dos nietos.