Julio Cuarezma me sale en las conversaciones más a menudo de lo esperado. Cada vez que critico la presencia de tantos jugadores bajitos en los torneos nacionales de beisbol, las discusiones se mueven hacia Cuarezmita.
Ajá, ¿y qué me decís de Julio Cuarezma, que sólo medía 5.6 pies?, me cuestionan. Yo sólo me limito a decir que me mencionen a otro así. Pero no hay más.
Cuarezma, quien con su juego dinámico, formidable tacto, llamativo poder y potente brazo se hizo sentir en la mejor época del beisbol pinolero, es la figura central entre los miembros de nuevo ingreso al Salón de la Fama del Deporte Nacional esta tarde.
Pero también estará ahí Marlon Amador, el pugilista de boxeo pulcro y elevada técnica, que atrapó dos valiosas medallas: una en el torneo Centroamericano y del Caribe de este deporte en Dominicana en 1981, y luego otra, en los Juegos de La Habana en 1982.
Amador ha sido uno de los mejores pugilistas amateurs de todos los tiempos en nuestro país y tiene más que merecido el reconocimiento de hoy. Peleó en 90 ocasiones y sólo tropezó 10 veces como aficionado.
Sammy Lambert iba hacia su mejor época cuando desapareció y dejó un hueco en el baloncesto nacional. Sus batallas con Cliffort Scott fueron algo memorable en los años setenta. Y un año después del ingreso de Cliffort, le toca su turno.
Agustín Castro es quizá el pelotero más veterano del país, pero ingresa como una personalidad debido a que destacó en varios rubros del deporte y en otras áreas, en las que dejó en claro su espíritu de servicio.
Por las manos de Luis Costés han pasado la mayoría de púgiles nicas que han volado alto. Y eso incluye a Alexis Argüello. Él boxeó, pero es reconocido como entrenador hoy.
También ingresa el doctor Guy Bendaña, un apasionado incurable por el ajedrez, que ha contribuido a la persistencia de este deporte.