En artículo anterior escribí que la crisis hipotecaria en Estados Unidos fue causada por el cambio de la mentalidad del ahorro a la mentalidad del consumo.
Sólo Dios sabe que no es nada fácil para alguien mayor de 40 años comprender la madeja de estructuras financieras que han aparecido recientemente. Éstas han sido creadas por jóvenes ingenieros en finanzas, entrenados en explotar el dinero barato y su apalancamiento y que con temeraria osadía no habían experimentado, hasta llegado los últimos meses, las consecuencias del revés del látigo del mercado.
Son magos de lo complejo, artífices de la sin final magia de productos capitalistas que rondan el acto de la “estafa en masa” hoy en día. Yo, sin embargo, teniendo 68 años y considerándome amante de la simplicidad, trataré de explicar de la manera más “insofisticada” la forma en que la crisis del mercado de “hipotecas de segunda categoría” (subprime mortgage) rápidamente se cruzó las fronteras del financiamiento de hipotecas normal hasta llegar a infectar los mercados de capitales mundiales.
Basados en que por los últimos tres o cuatro años el valor de las propiedades ha tenido un constante aumento fuera de lo normal y sobre todo en los últimos dos años el que había comprado casa podía dar por sentado que su propiedad habría automáticamente aumentado de precio en un 20 ó 30 por ciento anual, en su gran mayoría optaban por aceptar las ofertas de sus mismos bancos (que tenían las hipotecas originales de cuando compraron) de refinanciar la propiedad y obtener ese dinero adicional para comprarse un carro nuevo o cualquier otro artículo de consumo.
Aquí es donde entran los inventores de la madeja de estructuras financieras, pues uno de los instrumentos o papeles para garantizar este nuevo préstamo adicional son los documentos ARM (Adjustable Rate Mortgage) o hipotecas con tasas de interés ajustables que le abren la “gaza” al firmante del pagaré, estableciendo que el interés que pagará entre muchas variantes para que la vea fácil y sin complicaciones sería del cero o uno por ciento, o sólo el principal por el primer año o dos, y/o nada por ese período inicial. Estas hipotecas fueron conocidas como “Subprime Mortgages”, pues fueron criaturas creadas por la inmensa liquidez que han tenido los bancos y por lo tanto obviando las condiciones básicas de seguridad y garantía para ellos, pues se estaba dando dinero a sabiendas de que la capacidad de repago no existía en la mayoría de los casos, pero siempre estaba la constante apreciación o valorización de la propiedad para protegerlos.
Pero no resultó así, se les olvidó que eventualmente a ese ritmo de apreciación o valorización constante de las casas o propiedades se llegaba a un punto en que se sobrepasó el límite del poder de pago del deudor y por ende los bancos se han llenado de miles de propiedades o casas de gente que ya no pudo pagar al entrar en vigencia los términos de los nuevos papeles fiduciarios que ellos habían firmado.
Porque estas hipotecas fueron amontonadas en paquetes y vendidas como valores respaldados con garantías por todo el mundo y especialmente en Europa. A menudo estos instrumentos o valores originales fueron amontonados en nuevos paquetes apalancados y revendidos como Obligaciones Colateralizadas de Deuda (CDO). Los grandes bancos tienen grandes secciones de “segurización” que se dedican a crear estos instrumentos para luego vender los paquetes en el mercado local o extranjero y recuperar así su liquidez para continuar el ciclo de nuevo.
El problema se engrandecerá a lo largo de este año cuando de un 14 al 18 por ciento de delincuencia de US$850 billones de éstos (CDO) entrarán en acción o en otras palabras cuando sus condiciones se actualicen, y cuántos bancos e instituciones de inversiones a nivel mundial estarán en la situación que hoy están los locales.
De última hora los individuos más calificados de diversas entidades del gobierno de EE.UU. incluyendo al mismo presidente Bush han estado haciendo todo tipo de ajustes y cambios para tratar de evitar que se haga más grande el caos causado con remedios, como mantenerle a los deudores las tasas de interés originales sin que tome efecto el reajuste en sus fechas futuras entre otros bálsamos, para evitar que abandonen sus casas, pero la verdad es que nadie va a continuar viviendo en una casa que desde ya vale un 30 por ciento menos de lo que le costó y que aún más será lo que bajará de precio durante este año y el próximo hasta que llegue a su nivel real.
Como en cascada se han venido al suelo los puestos de trabajo, pues el consumo ha bajado, ya que no hay dinero que gastar, que se traduce en una muy difícil situación para los inmigrantes a ese país, pues las remesas que se enviaban a todos los diferentes países de Latinoamérica mermarán sensiblemente alimentando los ingredientes necesarios para que la temida “recesión” entre en efecto tanto en el país de origen como en los países beneficiados por las remesas en cualquier momento.