Rod Carew, quien llegó a manejar el bate con una precisión tal, que parecía una extensión de su propio cuerpo, llegará a Nicaragua en abril próximo.
Este panameño, considerado por los expertos como el mejor bateador puro producido por América Latina, ofrecerá clínicas de beisbol, auspiciado por Major League Baseball (MLB).
La llegada del artista del bateo está prevista para el 21 de abril, y aparte de ofrecer clínicas de beisbol, también brindará conferencias sobre el comportamiento correcto del pelotero.
Aunque el anuncio oficial se hará en los próximos días, se ha indicado que la Embajada de Estados Unidos en nuestro país ha sido esencial en este esfuerzo, lo mismo que Ronaldo Peralta.
Peralta, un nicaragüense radicado en la República Dominicana, pero comprometido con el desarrollo del beisbol nacional, es el más importante ejecutivo de MLB en América Latina.
De acuerdo con detalles conocidos ayer, Carew ofrecerá clínicas en Managua y Masaya, y también se ha previsto un intercambio con el periodismo nacional durante su estadía en el país.
HISTORIAL DE LUJO
Jim Murray, el formidable columnista de Los Ángeles Times, llegó a decir en una ocasión que cuando Carew bateaba, se daba “la elegante aplicación de habilidad e imaginación para producir un efecto estético”.
Ello se comprobó a través de una carrera de 19 años, pues detrás de aquel swing sin esfuerzo aparente, llegaron 15 campañas seguidas sobre .300 y siete títulos de bateo en las Ligas Mayores con Minnesota y California.
Nacido en Gatún, Zona del Canal de Panamá, Carew se movió con su familia a Nueva York a los 14 años y se estableció en Washington Heights, donde, tras concluir la secundaria, fue firmado por Minnesota en 1964.
Tres años después, Carew debutó en Grandes Ligas y fue el Novato del Año en 1967, cuando bateó .292. Al año siguiente, resumió 273, pero desde 1969 hasta 1984, jamás bateó por debajo de los .300.
La gran campaña, entre tanto brillo de Carew, fue la de 1977, cuando capturó el título de Más Valioso en la Liga Americana.
¡QUÉ CLASE DE TEMPORADA!
En 1977, cerró con average de .388 puntos, por 239 hits en 616 turnos, con 128 anotadas, 100 remolques, 14 jonrones y 23 robos. Un año espectacular.
El toque final a su carrera se lo dio el cuatro de agosto de 1985, cuando, ante el zurdo Frank Viola, de Minnesota, conectó su hit número 3,000 y aseguró su boleto a la inmortalidad en el Salón de la Fama de Cooperstown, al que fue ingresado en 1991, en su primer año de elegibilidad.