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(LA PRENSA/Orlando Valenzuela)
“La retórica dura puede tener sus repercusiones”
Paul Trivelli, Embajador de Estados Unidos
El Embajador estadounidense considera que el Gobierno de Ortega debe prestar más atención a sus relaciones con los vecinos, que a la de países controversiales como Irán o Venezuela. Afirma que la cooperación de EE.UU. continuará llegando a Nicaragua
Carlos Salinas Maldonado
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Algo ha cambiado el embajador Paul Trivelli (Nueva York, 1953). Este hombre grueso, alto, barbudo y pequeños ojos azules ya no es aquel que aparecía con frecuencia en los medios de comunicación opinando sobre las negociaciones entre los partidos liberales, ahora en la oposición. ¿Será porque pronto dejará Nicaragua?

Trivelli se irá del país a finales de julio sin haber cumplido con la misión de unir a los liberales y sin haber evitado el triunfo de Daniel Ortega. De su sucesor, Robert Callahan, dice que sin duda conseguirá “implementar la política americana hacia Nicaragua en una manera extraordinaria”.

Trivelli es biólogo, con una maestría en Relaciones Internacionales. Tiene 30 años en la carrera diplomática y su primera misión fue en México, en el Consulado del Distrito Federal.

Lleva casi tres años como Embajador en Nicaragua. ¿Cuál cree que ha sido su mayor logro?

Las cosas más destacadas son la aprobación e implementación del Cafta (Tratado de Libre Comercio con Centroamérica), la aprobación de la Cuenta del Milenio, construcción de esta embajada y quizás también el trabajo que hicimos después del huracán Félix, un trabajo humanitario y de rehabilitación que vale más de 15 millones de dólares. Fue algo extraordinariamente exitoso para la gente de la RAAN.

Se decía que una de sus misiones en Nicaragua era lograr la unidad de la oposición liberal en las elecciones. Eso no se logró. ¿Se puede interpretar como una derrota de su gestión?

Creo que hay una tendencia casi histórica en Nicaragua de la clase política. Cuando las cosas no van como ellos piensan que deben ir, tienen la tendencia a apuntar con el dedo y echar la culpa a fuerzas ajenas y muchas veces a fuerzas extranjeras. Yo creo que la clase política de Nicaragua en lugar de estar buscando la culpa deben de verse en el espejo.

¿Qué cree que falló para que no se pudiera lograr esa unidad?

Creo que es el mismo problema que ha tenido Nicaragua históricamente: Su política. Es un problema de caudillismo. En este sentido fue el interés de los dos caudillos no tener una oposición unida.

¿Cuál es su posición ahora sobre el ex presidente Arnoldo Alemán?

Creo que la posición del Gobierno americano no ha cambiado. Él ha sido convicto de algunos crímenes, técnicamente todavía es preso del Sistema Penitenciario y creo que él representa todavía el caudillismo del pasado.

Usted en una ocasión lo llamó directamente ladrón. ¿Cree que ahora el ex presidente tenga futuro político?

Él fue convicto de algunos crímenes, de eso no hay duda. Y si tiene futuro político es algo que los mismos nicaragüenses van a decidir, no yo, ni el Gobierno norteamericano.

Si en las elecciones presidenciales del 2011 hubiese una candidatura de Arnoldo Alemán a la Presidencia, ¿habría apoyo de EE.UU. a esa candidatura?

Nunca en las elecciones del 2006, en estas del 2008 o las de 2011 Estados Unidos ha tenido candidato. Nunca hemos apoyado retóricamente a una persona, nunca hemos financiado a un candidato ni a un partido político, y eso no va a cambiar.

Pero se señaló en las elecciones pasadas que hubo bastante intervención de su parte en ese proceso de unir a los liberales, como una forma de enfrentar la candidatura de Daniel Ortega. Incluso, el ex subsecretario de Estado, Robert Zoellick, se pronunció en contra de una posible presidencia de Ortega.

No. Eso no es cierto. Lo que notó el señor Zoellick, y que noté yo muchas veces, es que las elecciones 2006 representaban una oportunidad del pueblo nicaragüense de regresar al caudillismo del pasado o dar su endoso a una fuerza nueva democrática. Esa fue la línea clara mes tras mes.

¿Cómo cataloga usted el triunfo del presidente Ortega?

Han sido trece o catorce meses interesantes para nosotros. Dijimos durante la campaña, y después de ésta, que íbamos a aceptar los resultados de las elecciones. En el caso del presidente Ortega hemos podido establecer una relación satisfactoria con miembros de su Administración, especialmente con algunos ministros relacionados con nuestros programas de asistencia. Creo que al fin de cuentas nuestro compromiso es con el pueblo nicaragüense (...) Las relaciones entre los dos países están basadas en realidades que en cierto modo no cambian, Administración por Administración. Estados Unidos es el socio comercial más grande de Nicaragua. El sector privado norteamericano es el inversionista más importante en Nicaragua. Medio millón de nicas viven en los Estados Unidos. Ellos mandan alrededor de 500 millones de dólares a sus familiares aquí cada año. Tenemos Cafta, tenemos Cuenta del Milenio. Esos tipos de lazos geográficos, familiares, históricos, económicos, comerciales, son duraderos y representan la relación real y duradera entre los Estados Unidos y Nicaragua.

¿Cómo valora hasta el momento la gestión del presidente Ortega?

Creo que al final de cuentas son los mismos nicaragüenses los que tienen que evaluar la actuación de su propio Presidente. Nosotros hemos podido construir una relación razonable de trabajo con la Administración (...) Hay algunas inquietudes expresadas por los mismos nicaragüenses y creo que son ellos los que tienen que evaluar si la democracia, bajo esta Administración, está funcionando a su satisfacción.

¿Qué tipo de inquietudes?

Noté en un editorial hace algunos meses los incidentes en el primer año: los problemas con los diputados, los Cenis, la creación de los CPC (Consejos del Poder Ciudadano). En términos generales un nexo enorme entre el partido y el Estado. Pero al fin de cuentas es la misma clase política, es el pueblo nicaragüense que tiene que evaluar estos hechos.

Los CPC son el proyecto político del presidente Ortega, ¿cómo mira usted ese proyecto?

Creo que en cualquier democracia se pueden formar algunas organizaciones de la sociedad civil, sean CPC o de otra organización. Pero creo que en una democracia el trabajo de una Administración tiene que ser en beneficio de todos sus ciudadanos y no solamente los de un partido político.

¿Cómo mira la Embajada de Estados Unidos las relaciones del gobierno de Ortega con gobiernos como Irán o Venezuela?

El Gobierno de Nicaragua es soberano y tiene derecho a tener relaciones con cualquier gobierno del mundo. Creo que es preferible que Nicaragua y cualquier país de la región tenga relaciones con sus vecinos y a lo mejor dejar por un lado algunas relaciones más problemáticas.

¿Cómo ve la posición de Nicaragua en la reciente controversia diplomática entre Colombia y Ecuador?

Desde el primer momento de esta crisis instamos a los partidarios del conflicto que se resolviera de manera pacífica, bajo los auspicios de la OEA. Es básicamente lo que ha pasado. Por medio de las conversaciones alrededor del Grupo de Río y luego la misión del secretario general (José Miguel) Insulza, aparentemente este problema ya se está resolviendo.

¿No cree que afecta las relaciones de Nicaragua con sus vecinos el hecho de que se den estas situaciones?

Nicaragua cortó relaciones y ya restauró las relaciones con Colombia. Ese es su pleno derecho. Creo que en términos generales la retórica dura, sea del lado político o del lado económico, puede tener sus repercusiones porque la gente fuera de Nicaragua oye ese tipo de retórica, sean inversionistas u oficiales de un país vecino.

¿Qué tipo de repercusiones se pueden esperar cuando se dan estos problemas diplomáticos?

Es una cosa de imagen de Nicaragua, cómo piensa el mundo sobre Nicaragua. Estuvo aquí hace dos o tres semanas el subsecretario de Comercio, Christopher Padilla, y él dijo muy directamente que es importante que el mensaje que viene del Gobierno sea positivo, que este Gobierno establezca las reglas del juego claras para el inversionista. Al no hacer esto o usar una retórica dura puede tener impacto en la sicología del clima de inversiones, cuando los inversionistas piensen si van a invertir en Nicaragua o no, porque los inversionistas tienen bastantes opciones; no tienen que invertir en Nicaragua, pueden invertir en otro país del Cafta, en Sudamérica, Europa, China o donde sea. Es importante que el mensaje que mande el Gobierno de Nicaragua sea sensato, moderado y claro.

¿Cómo mira la alianza estrecha entre el presidente Ortega y el presidente Hugo Chávez?

Nosotros no vemos competencia con Venezuela, tenemos un mensaje bastante positivo para América Latina.

Se dice que usted ha bajado el tono de su lenguaje en Nicaragua ¿A qué se debe?

No sé... Es difícil decirlo (ríe)... Creo que como diplomático mi discurso público cambia con hechos nuevos, aquí y en cualquier otro país. Pero creo que en muchos aspectos, las cosas que he dicho en público estos tres años las veo con bastante consistencia. He tratado de defender la democracia, impulsar la oportunidad económica, hemos empatizado todos los programas de asistencia. Creo que esos mensajes han sido enormemente consistentes.

Pero mucha gente lo cataloga como el personaje más duro que ha tenido la misión estadounidense en el país.

(Ríe) Bueno, si defender la democracia es algo duro, yo soy culpable.

Hace meses el presidente Ortega criticó proyectos como la Cuenta Reto del Milenio. Ahora su postura cambió. ¿Cómo mira usted estas posiciones del Presidente?

En el caso de la Cuenta del Milenio creo que fue algo de educación del mismo Presidente. Creo que a lo mejor había sido mal informado por miembros de su Gobierno y cuando tuve la oportunidad de hablar directamente con él, sobre la organización y logros del programa (...), el mismo presidente Ortega se dio cuenta de que la Cuenta del Milenio ha sido una herramienta muy poderosa en esos dos departamentos (Chinandega y León) para reducir la pobreza.

¿Y la ayuda estadounidense se mantendrá o habría algo que en algún momento puede ponerla en riesgo?

El proyecto Cuenta del Milenio es de 175 millones de dólares, que va a durar por cinco años. El futuro del proyecto depende de una serie de indicadores transparentes sobre gobernabilidad, economía, clima de inversiones... Si los resultados aquí en Nicaragua están dentro de los parámetros del programa, no hay problema. AID tiene un presupuesto de 35 millones de dólares al año. Creo que este número no va a cambiar mucho en el futuro cercano. Está también la Iniciativa de Mérida, donde la Administración del presidente Bush ha pedido 550 millones de dólares para México y Centroamérica para este año, para ayudarle en su lucha relacionada con seguridad. La asistencia va a continuar.

Pero ha habido roces. El 10 de enero el presidente Ortega criticó a la DEA. Usted estaba ahí, ¿qué pensó de ese comentario?

Ese roce ya ha sido superado. Hace algunas semanas el subsecretario de Estado para programas de narcotráfico estuvo aquí, junto al número tres de la DEA. Tuvieron muy buenas conversaciones con el presidente Ortega y con otros miembros del Gobierno. Hablaron muy seriamente sobre la lucha contra el narcotráfico y creo que se entendieron bastante bien.

¿Usted cree que las críticas van a ser la constante a lo largo de esta Administración en las relaciones entre Estados Unidos y Nicaragua?

Sea crítica o no depende bastante del Gobierno de Nicaragua. Creo firmemente, por la relación duradera que tenemos, que vamos a tratar de encontrar una relación por lo menos satisfactoria en el futuro.

Su sucesor es el embajador Robert Callahan, de quien se sabe ha estado en cargos diplomáticos en Irak. ¿Por qué la decisión de EE.UU. de enviar a este embajador?

En el caso del señor Callahan es un oficial de carrera, un diplomático con alrededor de 30 años de experiencia. Ha trabajado en varios países de América Latina. Es un hombre muy experimentado, cuya carrera ha enfocado más en el lado de diplomacia pública. Creo que va a ser un embajador muy efectivo, de eso no tengo ninguna duda. Creo que esa discusión sobre si sus anteriores puestos se van a reflejar en su política en el futuro en Nicaragua, yo creo que uno tiene que recordar que las palabras y acciones de los embajadores no es de su política exterior personal del embajador; las acciones reflejan la política exterior del Departamento de Estado y de la Casa Blanca. Estoy seguro que el señor Callahan va a implementar la política americana hacia Nicaragua de una manera extraordinaria.

¿No será que esta decisión puede transmitir un mensaje de un endurecimiento de las relaciones entre Estados Unidos y Nicaragua?

No. Las acciones de él van a ser congruentes con la política oficial de Estados Unidos hacia Nicaragua. Él es un oficial de carrera. Creo que la única señal que estamos dando es que el Presidente ha nombrado a un señor enormemente capaz y con mucha experiencia para ser el próximo embajador en Nicaragua.

¿Qué significa Nicaragua para los Estados Unidos?

La relación entre Nicaragua y Estados Unidos es extraordinariamente duradera, tiene componentes históricos, geográficos, familiares, económicos, políticos y comerciales. Somos miembros de un Tratado de Libre Comercio y creo que sigue siendo, por ser vecino casi próximo de los Estados Unidos, un país en el que tenemos mucho interés.

¿Cómo mira el proceso electoral en su país?

Es absolutamente fascinante. Todavía los candidatos no han sido decididos, lo que no es muy usual. Hay una mujer (Hilary Clinton) y un afroamericano (Barack Obama) que tienen buenas posibilidades de ser el próximo Presidente de los Estados Unidos. Una cosa así, hace dos décadas hubiese sido impensable. Creo que el progreso que hemos hecho relacionado con política de género y racial es extraordinario.

Llama la atención en ese proceso la alta participación de los jóvenes. ¿A qué cree que se deba ese fenómeno?

Hay algo tecnológico, los jóvenes por internet, mensajería de texto, celulares, blogs, tienen una red de información. En ese sentido es mucho más fácil organizarse ahora que hace diez años. El senador Obama tiene un mensaje de cambio, esperanza, futuro. Es un mensaje que tiene bastante pegue con la población joven.

¿Y usted por quién simpatiza?

Yo soy un hombre de carrera, no puedo y no tengo intención de expresar mi preferencia política personal.

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