Desde 1959 el Tíbet ha venido luchando por lograr su independencia del gobierno comunista chino. Hoy después de 49 años se vuelven a dar los levantamientos por esa lucha incansable y ese gran anhelo de libertad.
Nuevamente la lucha por los derechos humanos se encuentra sobre el tapete de la prensa internacional y desgraciadamente la República Popular China es la antagonista principal, al reprimir de forma violenta a los ciudadanos tibetanos que marcharon pacíficamente por las calles de Lhasa, al cumplirse este 17 de marzo el 49 aniversario del exilio del Dalai Lama.
Podemos notar que las promesas que ha realizado China de mejorar sus derechos humanos y su libertad democrática antes de llevar a cabo los Juegos Olímpicos están muy lejos de realizarse. Estos hechos dejan en evidencia la imagen de “súper potencia en surgimiento” que ha intentado propagar continuamente el gobierno chino de cara a los Juegos Olímpicos.
Es irónico cómo China dice que busca con anhelo la paz y la democracia y reprime con fuerza violenta esos mismos anhelos del pueblo tibetano.
Hoy, con esa misma fuerza con la que el Tíbet ha estado luchando por su independencia, se puede observar un gran contraste en el escenario político internacional asiático, mientras Taiwán realizará el 22 de marzo en curso elecciones directas para elegir su nuevo presidente, China utiliza sus fuerzas armadas para reprimir a indefensos tibetanos.
Los dos candidatos presidenciales de Taiwán, Frank Hsieh, del Partido Democrático Progresista; y Ma Ying-jeou, del Kuomintang, también han condenado públicamente la represión armada de China en contra de los protestantes tibetanos.
Actos como los demostrados hasta hoy, por el régimen chino, provocan temor y desconfianza a los ciudadanos taiwaneses cuando propone la unificación de los pueblos. Si China realmente desea reconciliarse con Taiwán y estar juntos como hermanos, entonces debe de abandonar su política de amenaza.
El pueblo taiwanés goza y respeta la democracia y condena la dictadura, jamás aceptará el principio “un país dos sistemas” promulgado por China Comunista.
Esperamos que estos acontecimientos sangrientos no sean una repetición de la masacre ocurrida en la plaza de Tainamen en 1989 o como el primer levantamiento que se dio en la capital del Tíbet en 1959. Ambos eventos terminaron con la aniquilación de centenares de vidas humanas.
Diversos países de América y Europa han hecho llamados al gobierno de China Comunista a que no utilice su fuerza militar en contra de los manifestantes tibetanos, de igual manera representantes del parlamento tibetano han hecho llamados a la ONU, a que vele por los DDHH de todos sus ciudadanos.