Un hombre sufre mientras su hijo se prepara para su segundo viaje a Irak. Trabajadores de la morgue de Bagdad limpian cadáveres para ser enterrados luego de un ataque suicida. Cadetes del ejército analizan las cambiantes tácticas de los insurgentes, preparándose para la batalla que los espera.
Todos son retratos de una guerra en su quinto año. Cada uno genera imágenes de temor, violencia cruda, fervor juvenil. Y todos plantean el mismo interrogante: ¿cuánto tiempo más durará esto?
Lo más probable es que la guerra se prolongue años, según analistas militares. De hecho, se podría decir que está a mitad de camino. Las fuerzas militares estadounidenses permanecerán otros cinco años, si no más, dependiendo de capacidad de la resistencia de los insurgentes y de la voluntad política de EE.UU.
De un modo u otro, el final de la esta ocupación no parece cerca. Las fuerzas estadounidenses seguirán allí otros “cuatro años, siendo optimista”, dijo Eric Rosenbach, director ejecutivo del Centro de Asuntos Internacionales de la Kennedy School de Harvard. “Y lo más probable es que pasen siete u ocho años”, hasta que los iraquíes puedan hacerse cargo de su propia seguridad.
Estados Unidos ya ha perdido casi 4,000 soldados y tiene más de 60,000 heridos. Los muertos en Irak suman cientos de miles y numerosos barrios han cambiado totalmente de fisonomía tras la huida de millones de personas en busca de sitios más seguros.
La ocupación es cada vez más impopular. “Hemos perdido nuestro buen nombre”, opinó Ryan Meehan, un hombre de 29 años sentado en un café de San Luis.
La ocupación le cuesta a Estados Unidos unos 12,000 millones de dólares mensuales, según algunos estimados.
Pero hay otras formas de observar esta guerra que entra en su sexto año, más difíciles de medir.
A través de escenas como la que se vive en la casa de Jim Durham, en Evansville, Indiana, por ejemplo. Durham trata de contener las lágrimas mientras su hijo de 29 años se apresta a iniciar su segundo viaje a Irak. “Es como ver a alguien enfermo”, dice Durham, de 59 años. “Tal vez vuelvan con vida, tal vez no. No podemos hacer nada al respecto”.
Lamentos similares se escuchaban en un funeral chiita en Bagdad, donde un nutrido grupo de personas lloraba a sus muertos en un atentado en un mercado. “Estamos indefensos. Sólo Dios nos puede ayudar”, gritó un grupo de mujeres junto a los cadáveres de varios niños.
“¿Cuánto más puede aguantar Irak? Hasta cuándo resistirán los estadounidenses en esta guerra sin fin a la vista?”, preguntó Ehsan Ahrari, profesor de seguridad internacional del Centro de Estudios de Seguridad en Asia y el Pacífico, con sede en Honolulu.
“La gente se cansa de la guerra, sobre todo por las bajas”, comentó Michael O’Hanlon, experto en política exterior de la Brookings Institution. “Pero sabemos lo que hay en juego”.
Hay quienes siguen convencidos de que es una guerra justa. Ahrari recuerda una pareja de Gulfport, Misisipí, que despedía a su hijo cuando se embarcaba hacia Irak. No puede olvidar el rostro de la madre, sombrío pero estoico.
“No estaba muy convencida de que era la mejor forma de servir a Estados Unidos, pero opinaba que era lo que debía hacer”, recuerda Ahrari.
Como contrapartida, un grupo de mujeres se plantó en un puente de New Smyrna Beach, en la Florida, con carteles que decían “No a la guerra” y eran aplaudidas por unos, criticadas por otros.
Catherine Lunsford Hanley, de 26 años, de Roanoke, Virginia, está tan preocupada por su esposo, quien se encuentra en Irak, que padece de insomnio y está perdiendo el cabello. La idea de que la guerra continúe, y pueda empeorar, agrava la situación. “No lo soportaré si tengo que pasar por esto de nuevo”, expresó.
Wilbur Taylor, veterano de la guerra de Vietnam, suelta algunas lágrimas el pensar en los soldados que están en Irak. “Es una guerra sin fin”, se lamenta Taylor, de 59 años, en una oficina de Veteranos de Guerras en el Exterior.
Estados Unidos lleva en Irak más tiempo que el que pasó en la Segunda Guerra Mundial y en la guerra de Corea. Y muchos expertos creen que durará unos diez años y concluirá con una nueva camada de soldados en el frente.
En este despacho colaboraron los redactores de AP: Martha Irvine desde Chicago, Carley Petesch desde Nueva York, Chelsea Carter desde San Diego, Ryan Lenz desde Evansville, Indiana; Betsy Taylor desde San Luis y Bradley Brooks desde Bagdad.