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Doña Celina Torres Gutiérrez,de 53 años, es una fiel devota de San José. Le atribuye varios milagros familiares. (LA PRENSA/A. LORÍO)
San José desborda a Quilalí
Aunque la fecha de celebración de este Santo es hoy, las festividades se adelantaron por la Semana Santa
Tradición permanece aún después de 100 años de existencia
Alina Lorío L.
CORRESPONSAL/NUEVA SEGOVIA
departamentos@laprensa.com.ni
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Los milagros

El testimonio de doña Celina Torres Gutiérrez, de 53 años, revela la fe de quienes por décadas han cuidado y venerado a San José. Es más, siempre recomienda a todo matrimonio “descharchalado agarrarse de él”.

Cansada de no encontrar respuesta de los médicos, un día decidió pedirle con fe a San José que le curara a su hijo, que se encontraba grave por un problema aparentemente respiratorio.

“Por una iluminación de San José coloqué agua tibia en la cabeza del niño y frente a Él sacudí su nariz, mi sorpresa fue cuando salió de su nariz un hermoso grano de maíz y sanó para siempre”, relató.

También asegura que San José devolvió a su normalidad los piecitos de su hija, que había nacido con defectos para caminar.

¿Quién es San José?

A San José, a quien Jesús llamaba “Padre”, llamado también el “Santo del Silencio”, Dios le encomendó el privilegio de ser esposo de la Virgen María y custodio de la Sagrada Familia. Durante el pontificado de Sixto IV (1471-1484), San José se introdujo en el calendario Romano, el 19 de marzo, desde entonces la devoción ha crecido.

El municipio de Quilalí, localizado al extremo este del departamento de Nueva Segovia, mantiene viva su devoción por el patrono San José, que este año fue celebrado con el lema “San José, uniendo a la familia quilaliana”.

Es una tradición que ha perdurado a través de los años, aunque algunos manifiesten que ya Quilalí no celebra a San José con la misma alegría.

Para el padre Julio López, párroco del lugar, la devoción es la misma, pero la excepción fue este año que la comunidad católica decidió dedicar las festividades a San José del 13 al 16 de marzo, para evitar duplicidad de actividades religiosas en Semana Santa.

En esos días hubo vigilias, procesiones y misas en honor al Santo.

REFERENCIA MÁS ANTIGUA

El año de 1923 podría ser la referencia más antigua de las celebraciones de San José como patrono del municipio de Quilalí.

No hay cómo enterarse desde cuándo fue instaurada esa fiesta religiosa, pero suponen que podría estar íntimamente ligada a la fecha en que este sitio fue declarado pueblo, el 5 de mayo de 1862.

Doña Ángela Soza recuerda que en 1923, cuando apenas cumplía sus primeros 7 años de vida, ya San José era patrono de Quilalí.

Desde una finca en lo que ahora se conoce como El Jabalí, su tío Ismael Medina la traía al pueblo, en donde había unas pocas casas rodeadas de potreros, ríos y montañas, pero muy próspero por su producción de oro, hule y chicle.

Su padre Manuel Soza y su tío Ismael Medina (que fueron alcaldes) fueron en su momento los mayordomos y promotores principales de las fiestas religiosas y tradicionales a San José y se hacían acompañar de Pompilio Reyes, Ramón Salinas, Ignacia Garmendia, Carmen y Hortensia Medina, algunos de los principales pobladores del lugar.

FIESTAS ALEGRÍSIMAS

La gente se desbordaba desde otras comunidades y pueblos aprovechando la única visita del año que hacía un cura a Quilalí, para lo cual necesitaba viajar tres días de ida y tres de vuelta a caballo, desde Ocotal.

Filas de gente lo esperaban para bautizar a los niños o para casarse, recordó doña Ángela, historiadora nata que gusta mucho escribir a mano los principales sucesos de la comunidad.

En ese ir y venir de la gente a Quilalí, escenario de guerras y de trabajo, llegó para quedarse don Miguel Bellorín Poveda, nacido en el año 1917 en Ciudad Antigua, Nueva Segovia.

Con su esposa Anita, una quilaliana, se quedaron viviendo en Caulatú. “Eran unas fiestas alegrísimas”, manifestó don Miguel, quien confesó haber tenido una excelente relación con monseñor Nicolás Antonio Madrigal.

CELEBRÓ DOS MISAS

Dos misas celebró monseñor Madrigal a San José, antes de morir en 1978. Sin embargo, dejó una tradición que las muchachas del pueblo iniciaron.

Al prometer no confesarse con otro sacerdote, las muchachas salían en procesión a celebrar una vigilia los 17 de marzo a Caulatú.

El 18 de marzo, después de la misa, se venían en procesión mientras otros feligreses esperaban al Santo a la entrada del pueblo y el 19 se efectuaba la misa central.

Aún después de 100 años, la devoción de San José sigue viva, sobre todo para quienes consideran que este santo es “muy milagroso”.

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