El primer ministro Wen Jiabao acusó el martes a los seguidores del Dalai Lama de orquestar protestas violentas para socavar los Juegos Olímpicos de Beijing.
Wen también afirmó que los partidarios del Premio Nobel de la Paz y líder espiritual tibetano han provocado la violencia con el fin de conseguir la independencia del Tíbet.
“Los manifestantes en el Tíbet se oponen al deseo del pueblo chino de organizar una olimpiada exitosa en agosto”, dijo Wen después de varios días de protestas en el Tíbet encabezadas por monjes budistas contra el régimen chino en la región.
En la respuesta de más alto nivel por parte del Gobierno chino, Wen recalcó la determinación del régimen comunista de restablecer el orden en Tíbet, además de transmitir un mensaje al mundo de que albergará los Juegos sin problemas.
Según el líder chino, “tenemos amplias evidencias de que los incidentes fueron organizados” por “la camarilla del Dalai Lama”.
El Dalai Lama aseguró el martes en Dharamsala, ciudad india donde está exiliado desde 1959, que no tenía la culpa de la violencia que sacudió a Tíbet y amenazó con abandonar su cargo de jefe espiritual del budismo tibetano si la situación se degradaba en Lhasa, donde reina una calma aparente.
“Este movimiento escapa a nuestro control”, declaró el Dalai Lama a los periodistas en Dharamsala. “ Si las cosas escapan a todo control, la opción es renunciar. Si se calman las pasiones por ambos lados, podremos trabajar”, añadió.
En una rueda de prensa, Wen señaló que sólo está dispuesto a mantener un diálogo con el Dalai Lama si el líder espiritual de los tibetanos, que vive exiliado, “está dispuesto a abandonar su propuesta de la llamada independencia tibetana”.
El Gobierno ha dicho que 16 personas murieron en las manifestaciones y decenas resultaron heridas. Las protestas concitaron una inconveniente atención mundial cuando China se apresta a ser anfitriona en agosto de los Juegos Olímpicos.
Las protestas, que son las más violentas contra el Gobierno comunista chino en casi dos décadas, han sido sofocadas por las autoridades en enfrentamientos que han dejado 16 muertos y decenas de heridos, según el gobernador tibetano, Champa Phuntsok.
REDADAS
Las autoridades chinas están efectuando una campaña de inspecciones puerta por puerta en Lhasa para detener a sospechosos de participar en las revueltas y manifestaciones, denunciaron ayer disidentes tibetanos.
La emisora Radio Free Asia (RFA) informó de que la Policía había detenido a “cientos” de personas, incluyendo antiguos presos políticos, desde el fin de semana hasta esta pasada noche, una vez rebasado el ultimátum dado por el Gobierno de Pekín para que quienes participaron en los disturbios se entregaran.
Desde que Pekín anunció el ultimátum con clemencia para los que se entreguen y castigos severos si no lo hacen, el esfuerzo se concentró en la búsqueda de responsables, tanto en Lhasa como en las vecinas provincias de Sichuan, Gansu y Qinghai, donde también hubo protestas.