José Luis Medal
¿Conviene mantener el deslizamiento del córdoba o sería mejor adoptar otra política cambiaria? El principal argumento a favor de la devaluación nominal anual del córdoba, es que supuestamente favorece a los exportadores, ya que reciben anualmente un 5 por ciento más en córdobas por los dólares que obtienen al exportar. Sin embargo, en los últimos años, la inflación de Nicaragua ha sido mayor que el deslizamiento, lo que implica que los exportadores no han sido favorecidos por la devaluación nominal del córdoba. Para utilizar una analogía: es como que a un trabajador-exportador le aumentaron su salario nominal en 5 por ciento, pero con una inflación cercana al 17 por ciento —como la del 2007—, su salario real disminuyó.
Cabe señalar, que si las devaluaciones nominales hiciesen más rentable al sector exportador, los años ochenta hubiesen sido la época dorada del sector exportador nicaragüense y ocurrió todo lo contrario: a pesar de las constantes devaluaciones, las exportaciones se desplomaron a niveles tales que en dólares constantes, apenas hemos comenzado a recuperar el nivel de exportaciones que tuvimos en 1978. De hecho los años dorados del sector exportador lo fue el período 1960-78, con un tipo de cambio fijo, sin utilizar devaluaciones nominales para hacer supuestamente más rentable al sector exportador.
Se suelen utilizar argumentos sin fundamento para defender el deslizamiento, o para favorecer un sistema cambiario flexible. Se sostiene que se necesita de una política cambiaria flexible para hacer frente a los denominados “shock externos”, como el aumento del precio del petróleo o para mantener una política monetaria independiente. Aunque no se dice muy claramente, lo que en el fondo se considera necesario es poder reducir los salarios reales a través de devaluaciones para poder mantener la competitividad del sector externo. Ello sin embargo no es posible en una economía pequeña altamente abierta como la de Nicaragua.
Señalaré varios argumentos por los cuales en Nicaragua no es de mayor utilidad una política cambiaria flexible —sea a través del deslizamiento, la flotación, o una banda de flotación— para hacer más rentable al sector exportador y mejorar la economía. Primero. La mayor parte de los precios en córdoba están indexados al tipo de cambio, por lo que devaluaciones nominales no logran devaluaciones reales. Para que una devaluación nominal lograse una devaluación real sostenible, sería necesaria una política fiscal y monetaria radicalmente contractiva, lo que no es factible ni conveniente. Segundo. Nicaragua padece de la “enfermedad holandesa” de sobrevaluación cambiaria. Las remesas familiares y la cooperación internacional, mantienen un tipo de cambio sobrevaluado, que hace que sea más rentable importar que producir y exportar. Un mayor deslizamiento o un sistema cambiario flexible, no corregiría el problema de la enfermedad holandesa. Tercero. Existe una fuerte movilidad de la fuerza de trabajo, la que emigra fácilmente a Costa Rica y otros países. No es posible con políticas cambiarias flexibles reducir significativamente los salarios reales. Cuarto. Las cotizaciones de la gran mayoría de las exportaciones de Nicaragua, se hacen en dólares y no en córdobas. A los compradores del café, la carne o el azúcar de Nicaragua, no se les abaratan nuestras exportaciones, por más devaluaciones del córdoba que se realicen. Quinto. Una política cambiaria flexible, es oportuna cuando se puede tener una política monetaria independiente. En Nicaragua no hay mayor autonomía para la política monetaria. Independientemente de la dolarización no oficial que existe, cualquier política monetaria expansiva afecta inmediatamente el nivel de reservas internacionales y posteriormente provocaría mayor inflación. Sexto. terminar con la dolarización no oficial que existe y pasar a una cordobización, —a como sugieren algunos, para que la política cambiaria pueda ser efectiva—, es una ilusión sin ningún fundamento. Una cordobización —prohibir el uso del dólar— no sería aceptada en la práctica por los agentes económicos. De hecho sería más fácil pasar a una dolarización oficial, que intentar cordobizar.
Para hacer más rentable las exportaciones, más que a través de medidas cambiarias, lo que corresponde es disminuir los sesgos antiexportadores de carácter estructural—ineficiente infraestructura y reducida productividad—y mejorar el clima de negocios e institucional, para aprovechar mejor las grandes oportunidades que ofrece el CAFTA, el Mercado Común Centroamericano, la Unión Europea e inclusive el pequeño mercado de Venezuela.
En relación a la política monetaria, en Nicaragua no hay—ni debe de haber— mayor autonomía para la misma a menos que queramos reeditar en algún grado, la experiencia de los años ochenta. Ya que actualmente padecemos algunas de las desventajas teóricas de una dolarización —ausencia de una política monetaria independiente— lo más conveniente sería adoptar una dolarización oficial, para tener algunas de sus importantes ventajas: menor inflación, menores tasas de interés, y mayor atracción a la inversión extranjera.