Desde el día en que entró a su nueva oficina en el Legends Field, Joe Girardi se ha desvivido por dejar su huella propia en los Yanquis, distanciándose de Joe Torre, sin dejar a un lado el legado del mánager más exitoso de los Yanquis en los pasados 50 años. Es algo de finura política: Girardi sabe que el camerino está lleno de leales a Torre, de arriba a abajo.
Pero en el primer mes de entrenamientos, los Mulos están comprando lo que Girardi les está vendiendo, incluyendo el agotador programa de acondicionamiento, el énfasis en los fundamentos y el aumento en el hablar cara a cara con los jugadores. Es un gran cambio desde la época de reinado de Torre, que operaba básicamente sin presiones y basado en el sistema de honor. El viejo Joe confiaba en sus jugadores; ellos en cambio lo trataban con reverencia. Pero eso no significa que los Yanquis no estuvieran listos para un cambio, especialmente en medio de una sequía campeonil que ya lleva siete años.
Mike Mussina parece hablar por el equipo completo cuando dijo: Nosotros amamos a Joe, pero todos sabíamos que las cosas tenían que ser diferentes. Especialmente los tipos que llevan aquí un tiempo y no han ganado, todos nos sentimos decepcionados por el modo en que se han dado las cosas.
Nadie dice tanto en tantas palabras, pero los Yanquis se acomodaron bien con Torre, quizás demasiado. No ayudó el hecho de que los Yanquis apenas corrieron en la pasada primavera. “Aprendimos que uno tiene que atrapar más rodados y practicar más bateo y luego irse a las duchas”, dijo Mussina.
Torre y los Yanquis se separaran luego de 12 años. Mirando en retrospectiva, Torre dijo, “Creo que el cambio es lo mejor para ambas partes”, Pero, ¿cómo Girardi va a poder ganar al capitán de Torre, Derek Jeter, los rebeldes Johnny Damon y Jason Giambi, y un intelectual del camerino como Mussina?
Girardi lo ha hecho mezclándose con los jugadores, lo que Torre hizo menos y menos en sus últimos años, escogiendo el dejar que Jeter manejara las cosas en el camerino.
Claramente, está usando tácticas nuevas. Hace dos años con los Marlins era una figura autoritaria, a cargo de un equipo joven y más impresionable. Hoy, Girardi todavía luce como un policía estatal con su recorte de cabello, pero aparte de los intensos ejercicios que impone, ha sido lo suficientemente sabio para tratar a Jeter y el resto de los veteranos de los Yanquis como iguales.