Juzgar el talento de un chavalo es una de las tareas más arriesgada que existe en el beisbol, sin importar el nivel o el ámbito donde se juegue este deporte.
A Sammy Sosa lo vieron 13 organizaciones y 11 no se interesaron. Una lo tuvo en su academia y al más mínimo inconveniente lo echó. Y Texas, lo firmó por tres mil dólares, luego de asegurarse que valía la pena “semejante” inversión.
A nivel local, hemos fallado innumerables veces. La falta de entrenamiento para agudizar el olfato del scout y la escasez del talento se conjugan y amplían el margen para la equivocación.
Pero de los cinco jóvenes que tiene el Bóer American College, y cuyos padres fueron destacados peloteros, ¿cuál tiene más posibilidades de llegar a brillar?, consultamos a Sandy Moreno, manager del conjunto.
“Me parece que Juan Vicente López hijo y Bryan Guillén están a unos pasos adelante de los demás”, explica el dirigente. “Pero las cosas van a depender sobre todo del empeño que ponga cada uno de ellos”.
Una cosa es clara. Ninguno de los muchachos es por ahora prospecto para el beisbol rentado, pero podrían llegar a destacarse a nivelo local, tal como lo ha hecho Jilton Calderón.
“Juan Vicente es buen bateador y su brazo es cosa seria, pero debe hacer ajustes en su actitud”, sostiene Sandy. “Guillén tiene un buen repertorio y sabe usarlo, pero más que un tirador, es un pitcher, un tipo pensante”, agrega.
Bismarck Guadamuz fue observado por varias organizaciones, pero siempre tuvo la desventaja de su estatura, mientras que Fredman Cárdenas, el hijo de Leonardo, no jugó un año y le ha costado tomar el ritmo de sus compañeros.
El más joven entre estos “hijos de papá” es Norman Cardoze. Tiene 17 años y al igual que todos, está en fase de desarrollo. Dice Sandy que defiende bien y heredó el brazo de su papá, pero debe apurarse con el bateo.
No sabemos hasta dónde podrán llegar. Lo importante es que están trabajando porque desean ir tras las huellas de sus padres, pero están claros que tienen que forjar su propio camino. Ser ellos mismos.
Para muchos, Danilo Sotelo hijo ya es mejor que su papá. Y lo mismo se dice de Julio Raudez respecto a su finado padre, Diego.
Pero eso no es lo usual. Por lo general los chavalos se quedan cortos. Sin embargo, vamos a ver cuántos de estos jóvenes son capaces de ir tras sus padres, hasta conseguir superarlos.