No todos los días aparece un Barry Bonds eclipsando lo que hizo su padre Bobby. Tampoco es común ver un chavalo como Ken Griffey mostrando tanto talento que su padre pagaría para ir a verlo.
Lo más común es ver a tipos como Roberto Clemente, impactando con su talento y personalidad, y detrás sus hijos, sin capacidad para sobrellevar la carga de tan pesado nombre.
No vayamos largo. Pete Rose fue una máquina de conectar hits, pero su hijo, del mismo nombre, tuvo que venirse al Chinandega de nuestro país para continuar en el juego que inmortalizó su progenitor.
Y no sólo pasa en el beisbol. Los hijos de Pelé no tuvieron éxito en el futbol. Tampoco los de Alexis Argüello en el boxeo. El hijo de Hugo Sánchez dijo que fue una desventaja llamarse como su padre. “Todos me querían medir con la misma vara que a mi papi”, dijo.
¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué ahí no funciona aquello de traer el deporte en la sangre?
Habría que hacer un análisis, pero siempre he creído que una de las razones por las cuales los hijos de famosos no tienen el éxito de sus padres, es porque se han desarrollado en otras condiciones y su nivel de sacrificio es más reducido. Es decir, la mayoría de ellos no tiene el hambre de sus padres, para quienes el deporte fue prácticamente su única alternativa.
También hay hijos que tienen otras aspiraciones. Los hijos de Denis se concentraron en sus estudios, y aunque les gustaba el beisbol, tenían otras opciones, no como Denis, quien tras casarse, tuvo un recordatorio de su padre: “Bueno, ahora hágase cargo de usted y su esposa”. Y Denis tuvo que aprender a tirarle strikes a la vida.