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Volver a lo básico
Luis Núñez Salmerón
deportes@laprensa.com.ni
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Este fin de semana vi el encuentro entre el equipo los Jaguares de la UAM, de Nicaragua, y los Pioneros, de México. En realidad la idea era escribir un poco sobre cómo anda nuestro baloncesto y hacer algunos aportes que pueden ayudar para ver si podemos superar muchas cosas.

Pero cuando llegué al Polideportivo España decidí cambiar de idea y sentí por primera vez en mi vida que las miradas ya no estaban puestas en mí, sino todo lo contrario, yo tenía la mirada puesta sobre los que estaban en la cancha y decidí hablar un poco de lo que se siente estar sentado en las graderías y hablar impunemente de todo lo que está pasando dentro de la cancha, con libertad, abusivamente, ser despiadado unas veces y exageradamente complaciente en otras.

Lo confieso, fue una sensación muy grata, ya que son dos posiciones diferentes, no es un simple cambio de la defensa al alero. Ahora estaba viendo los miles de errores, las grandes virtudes, los momentos memorables, alegrarme, enojarme “porque seguro yo lo haría mejor”, como dicen los fanáticos en todos los deportes. Entonces pensé en dejar de ser un jugador más y me convertí en el fanático que todo lo ve desde las graderías.

Primero quiero decir que fue muy reconfortante ver tanta gente pagando su entrada para ver un juego al que no se le dio una amplia cobertura. Yo me di cuenta por mis colegas del Diario que me preguntaron que si no iba a ver el juego entre México y Nicaragua. Pero el Poli estaba abarrotado, no a reventar pero sí casi copado.

Creo que es meritorio hacer un análisis de este tipo de juegos; lo que traen los extranjeros y qué podemos aprovechar, y aquí me detengo. El equipo mexicano, si bien es modesto, dicen que ocupó la octava posición en la liga mexicana de primera división, nos mostró un baloncesto más desenvuelto, frío, de conjunto y con habilidades personales que complementaban su juego: fluido, certero y agresivo, con un planteamiento defensivo sólido y con fundamentos claros. En síntesis, los Pioneros jugaron el baloncesto de fundamentos, los movimientos que nos enseñan desde que comenzamos a practicar este deporte. Lo primero, cómo manejar el balón en movimiento, cómo hacer un pase, una pantalla, un desplazamiento, trabajar para recibir el balón ante una defensa cerrada. Es decir, nada del otro mundo. Pero eso no se aprende en la calle, se aprende haciendo 500 tiros al aro diario, dribleando miles de veces el balón, perfeccionando movimientos, haciendo que al final las cosas salgan de forma natural. Eso trajo el equipo mexicano. Impresionante por su sencillez.

Quiero abordar de pasadita este aspecto con nuestros jugadores, porque creo que esto amerita un análisis de fondo. Comienzo con un dato: este mismo equipo es con el que jugamos los fines de semana en una de las tantas ligas de Managua, y son los mismos jugadores que no tienen tiempo para entrenar a como debe ser. Y esa es la principal debilidad, la que nos deja descubierto ante un baloncesto más consolidado, aunque se trate de un equipo muy modesto. Tenemos potencial humano, hay garra, hay decisión, pero no tenemos fundamentos. Nuestros jugadores no pueden utilizar las dos manos, no trabajan con pantallas, y aquí no hablo de este juego internacional, sino lo que vemos cada semana en la cancha. La derrota dejó un buen sabor. De momento me apunto por volver a lo básico. A enseñar los fundamentos del baloncesto, nunca es tarde para empezar.

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