Duncan Campbell ha sido uno de los jugadores más completos en la historia de nuestro beisbol y aunque su talento era visible hasta para un ciego, falló en dos oportunidades que tuvo de colarse en las Mayores.
El costeño estuvo peleando un puesto en los Piratas de Pittsburg de 1962 y los Angelinos de California de 1963, pero no hizo el grado en ambas oportunidades, quizá ahogado por la presión de querer hacer más, como lo sugiere el historiador Tito Rondón, quien fue la fuente de consulta para contar esta y el resto de historias de talentosos jugadores pinoleros que se quedaron a la orilla de llegar a las Grandes Ligas.
Campbell murió en 1969 en un accidente automovilístico en la Carretera a Masaya, pero en ese punto ya había pasado su mejor momento como pelotero. Contaba con 34 años de edad y los Piratas lo acababan de nombrar coach y jugador en las Ligas Menores.
MENA Y “EL ÑATO”
En los 60, trascendieron el short stop Rigo Mena y el tirador René “El Ñato” Paredes.
Mena iba por buen camino, incluso fue considerado por la prestigiosa publicación Sporting News, como el mejor campo corto de la Clase D en 1962, pero en 1964 se regresó a Nicaragua y cogió fama de indisciplinado, entonces fue a parar al beisbol mexicano.
El dueño del equipo de Monterrey, Anuar Canavati, vendió al nica a los Cardenales de San Luis, junto a Héctor Espino y el pitcher cubano Evelio Hernández, por 50,000 dólares. Los tres terminaron la temporada en el Jacksonville (Triple A), pero en la siguiente (1965), fueron devueltos al equipo mexicano porque la transacción fue anulada, al descubrir los Cardenales que Canavati no le dio a los jugadores su parte completa de dinero correspondiente a la venta.
En 1968, los Astros de Houston le encomendaron a Wilfredo Calviño encontrar un campo corto en la liga mexicana para suplir una urgencia y Calviño seleccionó a Héctor Epitafio Torres, quien duró nueve años en las Mayores. Se sospecha que Calviño no recomendó al nica, quien era superior a Torres, para congraciarse con los mexicanos.
En el caso de “El Ñato” Paredes, un poderoso lanzador derecho, él mismo confesó que jamás se adaptó y además su brazo flaqueó mucho, en parte por sus jugaderas de janbol en las calles de León.
La temporada de 1963, en la cual ganó la triple corona de pitcheo en la vieja Liga Profesional de Nicaragua, también pudo tener un precio muy alto para su brazo, pues se excedió de trabajo.
ALYEA Y MUÑOZ
Brant Alyea tuvo un gran año en 1988, cuando conectó 25 jonrones, pero luego se decepcionó al no recibir las oportunidades que esperaba, además de sufrir un altercado con un mánager y quedar marcado como un pelotero problemático.
En los años noventa, apareció Juan Muñoz, un natural bateador de 300 puntos en todos los niveles que jugó. Sin embargo, echó mucho cuerpo y llegaron las lesiones que le restaron velocidad y por lo tanto limitaron su rango de cobertura en los jardines y el desplazamiento en las bases, obligándolo a emigrar a la primera base, en donde no tuvo futuro por su falta de poder y baja estatura.