Las 05:00 horas. El teniente Gastón Quintana se encuentra firme en la primera fila de la formación militar de la Guardia Nacional.
“Teniente Quintana”, llama el general a cargo.
“Presente, señor”, contesta con seguridad y respeto.
“¿Qué harás hoy Quintana?”, le preguntan nuevamente.
“Servir a mi Patria, luchar por ella y morir en la batalla si fuera preciso”, responde.
Luego, el general lo ve frente a frente, y con una mirada que transmitía una mezcla de terror y satisfacción, dice: “Muy bien dicho Quintana”.
Así se iniciaba un nuevo día para Gastón Quintana, quien desde los 18 años ingresó a la Guardia Nacional.
Su disciplina fue forjada desde la familia, se crió con sus tíos y rodeado de parientes amantes al baloncesto y voleibol, pero Gastón nació con el don de la “patada”. Su deporte era el futbol.
¿Fue difícil lidiar con el deporte y el ejército a la vez?
“Le daba un sentido colorido a mi vida, era emocionante”, expresa Quintana, acompañado con una gran sonrisa.
Se desempeñó como mediocampista. “Era el creador”, el cerebro o armador de las jugadas en el ataque. Militó en el Independiente, el Triunfo y el equipo La Nica.
“Era capitán del equipo, siempre fui disciplinado, sabía lo que hacía y para qué”.
Y es que Gastón expandió sus conocimientos en la cancha a lo profesional. Se graduó en Educación Física y como Teniente de Operaciones Militares del Ejército.
“Parece una biblioteca de deportes viviente”, comenta en tono de broma uno de los tantos jugadores que llegan a entrenar en el Cranshaw.
Cuando se le pregunta, cómo era cuando estaba joven, Gastón vanidosamente responde: “La belleza no radica en lo físico, sino en el arte en que enamorás a la otra persona. Yo no era guapo, pero mi porte y mi forma de hablar valían más que muchas caritas”.
La fórmula pareció funcionarle, así se casó en dos ocasiones, la última fue con la maestra de baile Haydée Palacios con quien procreó dos hijos.
“Haydée era una dama, todavía me acuerdo del día que la conocí en Masaya. Yo fui a la Cruz Roja y ella era la reina, era preciosa, me enamoré de ella y me casé, pero como todo amor llega a su fin, mi desenlace con ella llegó, pero todo terminó bien”, recuerda Gastón.
La gente que asiste al Estadio Cranshaw también se refiere a Quintana como el “Quijote de la Mancha” nicaragüense, por ser un hombre de muchas anécdotas similares a las película de aventuras, pero todas ellas verdaderas, relatadas con jocosidad, emoción y descripción. Quizás una de las carreras que olvidó emprender Quintana fue la de escritor.
¿Alguna vez quiso ser periodista o escritor?
No quiero parecer egocéntrico, pero me lo dijeron muchas veces. Pero me dediqué a muchas cosas a la vez y no me arrepiento de haberlas hecho. El haber sido escritor o periodista tal vez sería un pasatiempo interesante.
Su vida parece que desde el comienzo era chispeante, nació en el mes y año del terremoto.
Mi madre me mecía en los brazos todavía cuando ocurrió el terremoto. Era una premonición de lo que sería mi vida, pero de manera positiva.
¿Y cómo ha sido su vida?
No me arrepiento de nada, estoy feliz por lo que hice. Mis tropiezos me ayudaron a lograr mis metas, a aprender. De lo militar a lo deportivo logré lo que quise hacer y hoy estoy aquí, sentado hablando de mi vida con una periodista de un prestigioso diario nacional. ¿Qué más puedo pedir? (sonríe soltando sus manos a los lados , en una expresión de regocijo).
Sentado en el Cranshaw, luego de estar junto con militares de alto rango en décadas anteriores.
He terminado donde me gusta, el futbol. Soy y seré un amante fiel al futbol, estoy sentado aquí porque nunca fui un hombre inútil. Cumpliré 77 años y quiero morir trabajando, aunque sólo sea por pasatiempo.
¿Esa filosofía de trabajo vino de familia o la forjó con el tiempo?
Crecí con mis tíos. La mayoría de mi familia es originaria de México, mi madre se fue a vivir allá cuando apenas era un niño, nunca más la volví a ver. Pero eso de trabajar y ser disciplinado era de nacimiento, siempre me gustó y por eso entré al ejército.
¿Era difícil la vida como militar del ejército somocista?
No, para nada. Yo siempre miré las cosas del lado positivo.
¿Y en la guerra, cómo fue?
Como todas las guerras hay que planear ataques, hay muerte, pero yo no era de esos soldados.
Entonces ¿qué clase de soldado era?
De los que armaba las estrategias, no de los que agarraba el arma para matar.
¿De verdad? es imposible que siendo teniente no haya matado a nadie
Te lo juro, no maté a nadie, sólo elaboraba estrategias de rescate, ataque y nada más. De manera chistosa me autonombré el magnánimo.
¿A qué se debía el apodo?
Es que en una ocasión me mandaron a matar a unos sandinistas, yo no quería ir, no compartía la ideología de Somoza. Así que lo que hice fue ir y los dejé escapar a todos y luego me decían el magnánimo, eso me costó que me echaran del ejército de Somoza.
Si no compartía la ideología somocista ¿por qué entró al ejército?
Porque me gustaba la rigidez en que se forma y eso te abría oportunidades de conocer el mundo. Yo me propuse sobresalir y lo hice, viajé a muchos países de Latinoamérica.
¿Y sus formadores del ejército nunca descubrieron su interés?
Ellos sabían, lo que pasa es que ellos eran “camaleones”, estaban en el ejército para derrotar a Somoza y yo fui formado para eso, por eso nunca maté a nadie en la guerra, hasta que me mandaron directamente a matar y dejé libre a los rehenes.
Lo intentaron matar, luego de lo que hizo. ¿Eso era traición para Somoza?
Sí, pero me escondí por un tiempo, luego se calmaron las cosas y yo seguí mi vida.
¿Llegó a hablar personalmente con Somoza?
Sí, una vez en una demostración de aviación militar. Y te aclararé que de él vino la orden para que me mataran, pero el intento falló y hoy estoy vivo para contarlo.
Luego del régimen somocista llegaron los ochenta con Daniel Ortega, ¿cómo fue esa época?
Yo me dediqué a ser entrenador de futbol, dejé al lado las armas, entre comillas, y me fui a Masaya a la Cruz Roja, donde conocí a mi segunda esposa, Haydée Palacios.
¿Y eso fue amor a lo inmediato o costó conquistarla?
Aún no me había divorciado de mi primera esposa cuando conocí a Haydée, pero ella era muy linda, fue la reina de la Cruz Roja y la miraba diario. Luego que me divorcie me casé con Haydée y tuvimos dos hijos, pero luego de los años ya nos desamoramos y de manera amistosa nos separamos. Nunca nos llevamos mal, pero debo admitir que sigue siendo bella.
Ahora tiene un nuevo matrimonio, está casado con el estadio, ¿no le parece?
Sí, llevo 15 años cuidando estos viejos pilares.
Y esta vez ¿cuánto durará el matrimonio?
Yo firmé para toda la vida, hasta espero que aquí me entierren.
“Mi amor le pertenece al futbol, es parte de mí ”
Gastón Quintana, popularmente conocido como “Profesor”, estudió el deporte a plenitud. Le gustaba la lectura y en el descanso, luego de concluir sus obligaciones militares, se sumergía en el mundo de los libros, no sólo deportivos, sino también de cultura en general.
En México se graduó en Deportes y en la Guardia Nacional como Teniente de Operaciones Militares. “Siempre me gustó estudiar, leía y leía uno tras otro libro y aprendí inglés y algo de francés”.
Esos idiomas aún los domina y habla cuando algún extranjero visita el Estadio Cranshaw.
“Hey boy, you speaking english?” (oye, chico tú hablas inglés)”, pregunta Gastón
“Yes”, contesta Andrew Blyth, mi fotógrafo.
“And spanish? (y español)”, pregunta nuevamente Gastón.
“Poco”, dice el fotógrafo
“No, for nothing, you spanish is very good (no, para nada, tu inglés es muy bueno)”, le dijo Gastón.
Y así, conversó Gastón. Le preguntaba a Blyth qué hacía en Nicaragua, sobre su trabajo y hasta si hablaba francés, pero el fotógrafo es del lado de Canadá en donde sólo se habla inglés.
Sin embargo, eso no impidió que hablara algunas palabras en francés que esta periodista no logró entender. Lo cierto es que detrás de ese señor humilde, cabello platinado que se sienta todos los días detrás de un banco en la recepción del Estadio Cranshaw, se oculta un hombre culto, conocedor, sobre todo del futbol, al que define como el deporte más completo de todos.
¿Sólo jugó futbol en su vida?
No para nada, también jugué baloncesto, voleibol, beisbol, pero me gustaba más el futbol.
¿Qué posición jugaba en el beisbol ?
Era short stop, y puedo decirte que jugaba bien. Una vez a Carlos García “San Beisbol” le dije que por lo menos yo jugaba mejor que él y con mucha más entrega.
¿Y por qué no se dedicó al beisbol?
Porque no es un deporte completo. Más claro te lo dice el Comité Olímpico: el beisbol es un juego recreativo y ha sido rechazado dos veces como deporte, en tanto el futbol son once contra once, 22 jugadores que juegan durante 90 minutos sin parar, defendiéndose y atacando, eso no lo tiene el beisbol.
Noto cierta molestia cuando habla de beisbol.
No odio el beisbol, lo que pasa es que mi amor le pertenece al futbol, es parte de mí y no lo cambiaría por otro deporte.