No estaba totalmente seguro, cómo iniciar y/o nombrar la columna de hoy, en función de las dificultades que encuentran las personas mayores (¿segunda-tercera?) edad para encontrar trabajo.
Hagamos el ejercicio, vaya a las páginas amarillas de nuestro Diario LA PRENSA, código 1200. Empleos. Posiblemente encuentre propuestas donde el rango de edad oscila entre los 30 y 35 años, no más. Lo anterior me hace pensar, justamente que si bien los jóvenes merecen su espacio, porque alguna vez fuimos jóvenes, ahora con unos “añitos” más, la “pelea” se hace más dura a la hora de competir, donde realmente lo que debiera lograrse es un equilibrio entre la edad y la experiencia.
Lo anterior nos conduce a pensar que cuando nos estemos aproximando a los 50, realmente, ¿estaremos a punto de ser excluidos?, producto de los vaivenes de cambios que pueden darse en una empresa, como parte de las elecciones gubernamentales u otro motivo, cualquiera sea.
Me contaba una amiga, que actualmente labora en Recursos Humanos, que cuando la institución para la cual labora oferta determinadas plazas, casi el 75 por ciento de las personas que aspiran a las mismas rondan entre los 40 y 50 años, cuyo espectro abarca desde personal de servicio, hasta responsabilidades gerenciales.
Lo anterior resulta un dilema interesante, pero además complejo, poniéndome en este momento al lado de los “mayorcitos” cuando existe la posibilidad de dar, transmitir, lograr productos que satisfagan por su impacto social, económico, amén de la edad misma y que un buen día se desee “refrescar el ambiente” y ¡pum!, no hay empleo, no se encuentra empleo.
Podrían decir algunos especialistas que “la problemática podría estar entre la oferta y la demanda”, y es cierto. Los jóvenes graduados solicitan también su propio espacio, su derecho a un trabajo digno. También es cierto, aunque tienen en su contra que algunos o muchos perfiles ocupacionales se encuentran más allá de la sobresaturación en nuestra sociedad, y por tanto las opciones de empleabilidad, para lo que estudiaron durante años, con mucho esfuerzo, se reduce extraordinariamente.
¿Cuál es la clave para la permanencia de los que poseen empleo y para los que aspiran a ello? Tal vez, como parte de una arista, podría ser el nivel de preparación de la persona, su grado académico, títulos, su constante superación, que de no tener empleo, habrá que sacrificar un poco “los frijoles” si fuera necesario, en la búsqueda de nuevas opciones con una adecuada orientación.
¿Deben existir relaciones que favorezcan el que una persona u otra sea seleccionada para la plaza que se disputa? Puede ser, pero para el empleador, más allá de una amistad o recomendación, lo que requiere realmente para que su empresa sea exitosa es recursos humanos altamente capacitados, comprometidos con la institución y cuyos valores (puntualidad, responsabilidad, trabajo en equipos, disciplinado, cumplidor) vayan emparejado con la persona misma, que busca una nueva opción en su vida laboral y profesional.
Si usted posee los requisitos, méritos antes mencionados, independientemente de su edad, posiblemente hoy aplique y dentro de unos días lo llamarán a una entrevista. ¡No se amilane, por favor, aplique!