Presidentes como Daniel Ortega y Hugo Chávez suelen llamar a sus adversarios o críticos “peones del imperio”, pero la semana pasada Ortega ofreció con su actitud una muestra clara de lo que es ser peón de intereses extranjeros y hasta oscuros.
Sin razón justificada para Nicaragua, el presidente sandinista rompió relaciones con el gobierno colombiano por un problema entre Colombia y Ecuador, cuya causa principal son las acciones de las guerrillas de la FARC, organización considerada terrorista en Europa y Estados Unidos.
Sería demasiado amor para las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), si Ortega expulsa al embajador colombiano sólo para patentizar su preferencia por esa organización también vinculada con el tráfico de drogas.
Hay algo que pesa más detrás de la declaración del Presidente nicaragüense y es el dinero del petróleo enviado por el gobernante venezolano, Hugo Chávez, al Frente Sandinista (FSLN), no a Nicaragua, porque el 50 por ciento del valor de ese crudo, pagadero a 25 años de plazo, lo maneja a discreción el partido de Ortega.
Así como Chávez dio orden a sus generales de mover soldados y tanques a la frontera con Colombia, es probable que también haya llamado a Ortega y le ordenara cortar con el gobierno de Álvaro Uribe.
Si no fue exactamente así, pues, Ortega se sobró para quedar bien con Chávez, como hizo en enero cuando al presidente venezolano se le ocurrió formar las Fuerzas Armadas del Alba (Alianza Bolivariana de las Américas) y el mandatario sandinista lo secundó sin titubeos y de hecho puso al Ejército de Nicaragua a disposición de cualquier aventura bélica chavista.
Quizás con la intención de disimular su atadura a Chávez, Ortega citó el diferendo territorial entre Nicaragua y Colombia como una razón para romper las relaciones con este país, sin tomar en cuenta que ese caso está en manos de la Corte Internacional de Justicia y se puede resolver de forma pacífica.
Luego, en la cumbre de Dominicana, el viernes, Ortega reveló la intención de fondo de su acción política al sugerir a Uribe que negocie con las FARC para que haya paz en Colombia, el mismo plan de Chávez.
Recordemos que desde hace meses Ortega ha secundado los ataques verbales de Chávez contra el gobierno colombiano y recordemos también que este año el FSLN espera recibir de Venezuela hasta seis millones de barriles de petróleo, que significarán más de 400 millones de dólares, la mitad para el partido sandinista.
El año pasado, el petróleo venezolano le dejó a las organizaciones sandinistas cerca de 60 millones de dólares.
Eso explica por qué Daniel Ortega actuó en los últimos días como peón de Hugo Chávez, quien parece desesperado por desatar un conflicto internacional y desviar el ojo público de algunos problemas que agobian a Venezuela: escasez de alimentos, alzas de precios y desplome de la producción de petróleo.
Ahora, lo más peligroso para Nicaragua sería que el presidente sandinista pasara de peón a mercenario y metiera al país en una guerra contra Colombia, por seguir casi a ciegas las obsesiones de su protector bolivariano.