Tras la tormenta llega la calma. Daniel Ortega intercambia impresiones con su homólogo colombiano Álvaro Uribe, luego de anunciar su decisión de restablecer relaciones con Colombia. /LA PRENSA/ AP
Diplomacia a lo Ripley
En menos de 24 horas Ortega rompe relaciones y las reanuda con Bogotá, motivado por el arreglo con Ecuador
Sin embargo, el Presidente no pudo lograr que Uribe prometiera replegar las fragatas a San Andrés
Ludwin Loásiga y Agencias
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Ortega muy “firme” con el Alba

El coordinador residente del Sistema de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Alfredo Missair, dijo ayer que la decisión temporal del presidente Daniel Ortega de romper relaciones diplomáticas con Colombia, obedeció al apoyo que brinda a la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba), que dirige Hugo Chávez, de Venezuela. “Uno conoce las alianzas y de cómo, de alguna manera, los países se están apoyando mutuamente o no; y obviamente que hay una solidaridad entre los países del grupo del Alba y eso es lo que hizo Nicaragua, mantenerse dentro del grupo del Alba, así que aquí no hay cambio de posición, hay una posición que todo el mundo la conoce y es oficial”, indicó Missair. La Cancillería nicaragüense entregó ayer la nota oficial de ruptura de relaciones diplomáticas al embajador de Colombia, a la ONU, a la Organización de Estados Americanos y al presidente del parlamento, René Núñez. Pero Ortega revirtió su decisión pocas horas después. “Es una decisión soberana del Gobierno de Nicaragua y responde también a una serie de compromisos políticos que hay entre los países de Nicaragua (Venezuela y Ecuador), y de algo que ya es público en la región, que tiene que ver con el haber intervenido un país a otro país”, había dicho Missair pocas horas antes de que Ortega diera marcha atrás. Por su parte, el ex canciller Francisco Aguirre criticó fuertemente a Ortega por haber suspendido las relaciones con Colombia, al destacar que ni Bolivia, Argentina, Cuba, Brasil o Chile tomaron esa “radical” decisión. “La posición radical de romper relaciones no guarda proporción con el daño que se le hace a Nicaragua, porque la verdad es que esto es un problema entre Colombia y Ecuador, y Nicaragua no está metida”, señaló Aguirre. El también legislador saludó por la tarde el anuncio de Ortega en República Dominicana. “Todo lo que termina bien, está bien (...) Lo felicito por haber deshecho lo que nunca debió haber hecho, porque ninguno de los otros países se plegaron”, comentó Aguirre Sacasa. En tanto, el canciller Samuel Santos defendió en todo momento la postura oficial de la administración de Ortega, al decir que Colombia no acata un fallo de la Corte Internacional de Justicia, atacó zonas de Ecuador y “de manera flagrante, continua y persistente, hostiga” a embarcaciones nicaragüenses. Santos calificó como “blandengues” a quienes criticaron la orden presidencial de suspender relaciones diplomáticas con Colombia.

Poco positivo

El coordinador residente del Sistema de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Alfredo Missair, dijo al referirse al diferendo limítrofe entre Nicaragua y Colombia, que el reclamo de Ortega en el contexto de la disputa entre Bogotá y Quito no fue “necesariamente positivo”.

El presidente Daniel Ortega dio marcha atrás este viernes, tras el fin de la crisis colombo-ecuatoriana, a su decisión de romper relaciones con Bogotá, que había sido calificada en Nicaragua por amplios sectores de “lamentable” e “irresponsable”. La decisión de Ortega no duró 24 horas, probablemente un récord digno de Guinness o de Ripley. “Los acuerdos logrados permiten que Nicaragua dé marcha atrás en su ruptura de relaciones con Colombia”, dijo Ortega ayer, luego que el jueves su Gobierno había roto relaciones con Bogotá, en solidaridad con Ecuador, que había hecho lo propio tras un ataque colombiano a la guerrilla de las FARC en territorio ecuatoriano.

En el ataque murió el número dos de la guerrilla de las FARC, “Raúl Reyes”.

Sin embargo, la otra razón por la que Ortega había roto relaciones —el irrespeto de Colombia a la decisión de la Corte de La Haya sobre el Meridiano 82— no obtuvo una respuesta positiva de Uribe.

Ortega le solicitó que replegara las fragatas a San Andrés, pero Uribe le contestó que eso no lo podía hacer, ya que “tienen un problema de narcotráfico”.

“Lo que yo le he dicho a los colombianos es que no pasen al Oeste (del Meridiano 82), y los nicaragüenses no deberían pasar al Este”, dijo Uribe.

Nicaragua llevó en 2001 a la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya, en Holanda, el conflicto marítimo y territorial que mantiene con Colombia, país al que Managua acusó de “hostigar” con su presencia militar en el área en disputa.

Los argumentos que dio el Gobierno no lograron convencer a la mayoría de los sectores de la opinión pública que observaron con ojo crítico la alineación “incondicional” de Ortega con el Presidente venezolano Hugo Chávez.

Chávez lidera un bloque en la región con el apoyo, además, de Cuba, Bolivia y Ecuador.

Ortega quiere “ayudar a Chávez, que está pasando una crisis profunda en su país, a tapar sus problemas”, denunció el ex canciller y líder opositor Eduardo Montealegre.

Ortega actúa como caja de resonancia de Venezuela, lo cual “es lamentable porque se alinea con el señor Chávez, dando predilección a temas internacionales” en vez de resolver los graves problemas económicos que enfrentan los nicaragüenses, manifestó por su lado el ex canciller y diputado liberal Francisco Aguirre.

NICARAGUA MAL PARADA

“Es lamentable que el Gobierno rompa con un país con el que teníamos relaciones desde hace muchos años”, porque “nosotros no tenemos nada que ver con el pleito de la región andina”, había declarado a la AFP el ex canciller nicaragüense y analista Emilio Álvarez, tras la ruptura con Bogotá.

El directivo del opositor PLC y diputado Wilfredo Navarro, dijo que “Nicaragua quedó muy mal parada, porque Ortega rompió relaciones a causa de un pleito suscitado entre Colombia y Ecuador”, ajeno a los nicaragüenses.

Navarro agregó que lo único que se logró con el traspié diplomático fue complicar el reclamo de Nicaragua ante la CIJ sobre una extensión marítima de 100,000 kilómetros cuadrados en el mar Caribe.

Ortega ordenó hace dos semanas a la Fuerza Naval reforzar la vigilancia en el mar Caribe y capturar a todas las embarcaciones pesqueras que naveguen en la zona en conflicto, con licencias extendidas por Colombia.

Venezuela ofreció por su parte enviar próximamente a Nicaragua un buque patrullero que también será usado para controlar el tráfico de drogas, al margen de la millonaria asistencia que Chávez brinda a Ortega desde su retorno al poder el año pasado.

Nicaragua, al romper relaciones diplomáticas con Colombia, el pasado jueves, buscaba llamar la atención sobre su litigio marítimo con Bogotá, pero también reforzar su alianza con Venezuela y con las FARC.

Sin embargo, logró muy poco pues al final de la cita de Santo Domingo, sólo logró algunas promesas de su par colombiano, Álvaro Uribe, de “bajar las tensiones en el mar Caribe”.

Según analistas locales, sólo logró mantener su estatus de aliado predilecto de Chávez en la región.

Ortega es el principal aliado político de Chávez en Centroamérica y amigo declarado del jefe de las FARC, “Manuel Marulanda Vélez” o “Tirofijo”, alias de Pedro Antonio Marín, a quien condecoró con la máxima orden sandinista en 1999, en San Vicente de Caguán, en la selva de Colombia.

Nicaragua fue además la segunda nación, junto a Venezuela, miembro de la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba), que rompió relaciones con Colombia, después de Ecuador.

El Alba está integrada por Bolivia, Cuba, Dominica, Nicaragua y Venezuela, y fue propuesta por Chávez como una iniciativa contrapuesta al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), promovida por Washington.

TERMINÓ LA TENSIÓN

Máxima tensión, una amenaza de guerra que no se extinguía, y un inesperado final feliz: la Cumbre de Presidentes Latinoamericanos en Santo Domingo, República Dominicana, terminó con un acuerdo que puso fin a la crisis entre Colombia, Ecuador, Venezuela y Nicaragua.

El episodio tuvo la emoción de un filme atrapante, más que el protocolo que rodea a estas periódicas citas regionales.

Circunspecto y sin soltar demasiados gestos, el Presidente colombiano Álvaro Uribe caminó presuroso al encuentro de su par ecuatoriano, Rafael Correa, para sellar la paz, luego del encuentro oficial.

Nadie esperaba entre quienes miraban lo que ocurría en el recinto de sesiones del llamado Grupo de Río —más de un centenar de periodistas lo siguieron en pantalla gigante desde una calurosa sala de prensa— que esos dos hombres pudieran levantar tan rápidamente las pesadas acusaciones que se habían lanzado un rato antes.

Uribe no dudó en poner una sobre otra varias carpetas con documentos y cartas entre líderes de las FARC que mencionaban muy amistosamente a Correa y a funcionarios de su Gobierno.

Se refirió incluso, citando esas misivas, a aportes electorales de la guerrilla a la campaña electoral de Correa.

Correa no replicó con menos munición cuando dijo que el Presidente colombiano representaba un peligro para la región al creerse con derecho de perseguir donde sea a quienes cree terroristas, y dijo que aplica así la misma doctrina de la guerra preventiva unilateral que llevó Estados Unidos a Irak.

CARRERA CONTRA EL TIEMPO

En silencio y tras bambalinas, los equipos diplomáticos de las veinte delegaciones intentaban hacer malabares para avanzar hacia una salida.

El Presidente venezolano, Hugo Chávez, también en conflicto con Uribe, dio muestras desde el principio de que llegaba a esta tierra caribeña con el objetivo de generar más sonrisas que ceños fruncidos.

Incluso llegó a cantar un tradicional merengue que habla de los dotes de la tierra dominicana: “Quisqueya, la tierra de mis amores, de suaves brisas, de lindas flores”, se animó, aplaudido por el Presidente anfitrión Leonel Fernández.

Chávez, que invitó a la Cumbre e hizo ingresar al recinto a la madre de Ingrid Betancourt —pese a que la seguridad no le daba acceso a la señora al lugar— pidió infructuosamente a Uribe que le permitiera volver a intervenir por la liberación de rehenes de las FARC y dijo que recibió nuevas muestras de vida de un grupo de secuestrados.

Pero no logró de esa manera convencer al Presidente colombiano que, sin dejar de contestar a todas las acusaciones, repentinamente, cambió el tono y le recordó a Chávez: “Tú sabes muy bien que durante mucho tiempo te he tratado con gran afecto”.

Para entonces, el documento se terminaba de consensuar entre los técnicos.

Colombia ofrecía su perdón a Ecuador y su compromiso a no volver a atacar nunca más a ningún país por cuestiones de seguridad.

El Presidente dominicano, que presidió las deliberaciones, llamaba de nuevo a un acercamiento a los contendientes con alguna certeza de que podía salir ganador esta vez.

Después del apretón de manos entre Uribe y Correa, siguió el abrazo que se dieron los mandatarios colombiano y venezolano.

A la hora de los abrazos, ni el Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, cuyo país había formalizado un par de horas antes la ruptura de relaciones con Colombia, quiso quedar marginado de las soluciones diplomáticas, y hasta desató algunos aplausos en la sala de prensa cuando anunció que retrocedía en aquella decisión.

Minutos antes de que concluyera la Cumbre del Grupo de Río, con el cierre de la crisis diplomática entre Ecuador, Colombia, Venezuela y Nicaragua, el embajador ecuatoriano en Managua, Gonzalo Andrade, reiteró que su país no se involucra en el conflicto interno de Colombia y que busca ante todo la solución pacífica de la controversia.

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