Este es un año de dos elecciones presidenciales de suma importancia para el engranaje mundial. Rusia las celebró el domingo 2 de marzo y Estados Unidos lo hará en noviembre. Dichas elecciones son primordiales para el mantenimiento del status quo o un giro en las relaciones entre ambas, así como para las coordinaciones necesarias en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Rusia está en un franco proceso de recuperación de posición de poder en el mundo y volviendo a negociar con fuerza y poder con la Unión Europea, Estados Unidos y China. Así se esperan aportaciones positivas para el arreglo de las cuestiones internacionales, tales como Kosovo, Irán, Afganistán, la situación del Mar Caspio.
El presidente Vladimir Putin ha hecho todo lo posible por recuperar viejas glorias rusas, y por eso en estas elecciones no se esperaba ninguna sorpresa, más que su partido Rusia Unida fuese, como fue, el claro ganador. El nuevo Presidente es un allegado de Putin y seguirá los lineamientos de éste para continuar con la política de “expansionismo benevolente” por llamarle de algún modo.
De esta forma, Putin pretende convertir a Rusia en la quinta economía del mundo en un período estimado de 12 años. Así como, continuar cultivando las amistades productivas con países como Irán, India y China, además claro está de su entorno cercano.
En Estados Unidos las elecciones están atravesando un momento duro a través de las primarias. Todavía no surge un claro ganador de ambos partidos y la lucha está muy cerrada. Aunque entre la mayoría de los candidatos existe cierto consenso sobre la permanencia de las tropas en Irak, la visión sobre Latinoamérica, las migraciones y temas globales como el cambio climático, la recomposición de las dañadas relaciones diplomáticas con muchos países, la lucha contra el terrorismo. Así como la puesta en marcha de una diplomacia de acercamiento con Rusia y China, y no como dijera Primakov acerca del cerco de “contención” que el actual Gobierno estadounidense está levantando sobre Rusia.
Ambos países saben que una buena relación entre ellos dará resultados deseables al mundo entero, sobre todo partiendo desde el mantenimiento de sus relaciones por lo menos a un mínimo de entendimiento, y que pasan por el seno de las desgastadas Naciones Unidas, así como con las propuestas militares de escala mundial.
Los problemas económicos estadounidenses en contraste con los buenos resultados económicos rusos, al igual que las relaciones rusas con Irán y China que están pasando por un buen momento, deben hacer pensar al próximo Presidente estadounidense en una visión de política exterior acorde a la coyuntura desfavorable por la cual pasan, y que es una clara seña de que no podrá seguir siendo la llevada a cabo hasta el momento.
Por su parte, el Presidente ruso tendrá que seguir la política exterior fuerte y dinámica de Putin para poder mantener a su nación encarrillada en la lucha por el poder, encarnando una política exterior eminentemente realista.