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Ortega suda calenturas ajenas
Alberto L. Alemán Aguirre
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Si Chávez optara por una distensión, podría instruir a sus aliados dejar a un lado la belicosidad con Bogotá. (...) Nuestros justos reclamos en el Caribe podrían ser sacrificados. Ese peligro existe.

La ruptura de relaciones diplomáticas con Colombia es una decisión precipitada y que sirve muy poco a los verdaderos intereses de nuestro país. Lo peor de todo es que está dictada por el juego político de Hugo Chávez contra Álvaro Uribe y no por nuestra propia conveniencia.

Es un corolario a la cuestionable política de mezclar el legítimo diferendo marítimo y territorial en el Caribe, histórico y moral, con el conflicto interno Estado-sociedad vs. FARC o con los problemas entre Colombia y sus vecinos sudamericanos.

Esta orientación comenzó cuando Ortega apoyó la propuesta de Chávez de crear una especie de alianza militar del Alba, para defenderse mutuamente de los supuestos designios agresivos de Colombia.

EL DIFERENDO. La controversia limítrofe y marítima está en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) y allí debe quedarse. El fallo de la CIJ sobre las objeciones preliminares colombianas a las competencias del tribunal, de diciembre pasado, nos dio elementos positivos: si bien reconoció que Colombia tiene soberanía sobre San Andrés y Providencia, declaró que no existe un límite en el mar, echando por tierra la tesis unilateral del meridiano 82 que mantuvo siempre Bogotá y el tribunal reafirmó su potestad de fijar los límites, la zona económica exclusiva y la plataforma continental.

Es correcto que el gobierno de Ortega exhorte a los pescadores y la Fuerza Naval a navegar más allá de esa línea. Está bien que el canciller Samuel Santos haya interpuesto una queja en la ONU y que se use todos los instrumentos legales y pacíficos.

E incluso podría estar bien, en teoría, que Nicaragua haya aprovechado el debate en la OEA sobre la crisis sudamericana el miércoles para proyectar nuestra comprensión de que el tal meridiano no es la frontera.

Pero no tenemos ninguna necesidad, obligación ni posibilidad de acompañar una aventura militar chavista. Nuestra Fuerza Naval es muy pequeña, no tenemos una verdadera Fuerza Aérea y nuestros efectivos son muy reducidos. Además, el Presidente debe recordar que únicamente la Asamblea Nacional puede autorizar la salida de tropas.

Es remoto que con tantos problemas, Uribe pueda estar interesado en abrir un nuevo frente de conflicto.

Nuestro intercambio comercial no es relevante, pero ¿para qué romper relaciones? Esa determinación cerrará por un tiempo los canales de comunicación bilaterales y dificultará los contactos y la capacidad de negociar un arreglo que podría evitarnos un costoso juicio. ¿Por qué cerrarnos a esa posibilidad?

LA INCURSIÓN EN ECUADOR Y EL DEBATE EN LA OEA. El Consejo Permanente de la OEA emitió una resolución que establece que Colombia violó la soberanía de Ecuador pero no hubo una condena explícita.

La pretensión de lograr una condena era demasiado ambiciosa y para mí era claro que no prosperaría, porque hay demasiados intereses encontrados. ¿Recuerdan cuando Costa Rica, en el año 2000, quiso forzar en la OEA la creación de una comisión mediadora en el conflicto por la navegación en el río San Juan? Solamente les dieron palmaditas en la espalda y los ticos sufrieron un estrepitoso revés.

No hay que olvidar, además, que Colombia es el principal aliado de Estados Unidos y el presidente George W. Bush lo apoyó categóricamente. Además, los gobiernos saben que el trasfondo es el ajedrez geopolítico de Chávez.

En Colombia hay una guerra y el ataque al campamento en Ecuador donde se refugiaba, “Raúl Reyes”, segundo al mando y portavoz de las FARC, es una oportunidad que nadie enfrentado a una guerrilla terrorista habría desaprovechado.

Resulta divertido que Chávez y Ortega digan que fue “un asesinato” cuando dormían los guerrilleros. Qué ridículo suena en boca de un ex teniente coronel y de un ex jefe rebelde. Tomar al enemigo por sorpresa es una táctica común desde la antigüedad.

Ortega tiene el techo de vidrio. En varias ocasiones, como con la Operación Danto en 1988, el Ejército sandinista penetró muy adentro en territorio hondureño para golpear a la Contra. Había una guerra, como la hay en Colombia.

Con la liquidación del terrorista “Raúl Reyes”, Uribe asestó un gran golpe político-militar y de imagen. Molesto, Chávez presionó a Correa para orquestar esta crisis.

No obstante el despliegue ecuatoriano- venezolano, no creo en una guerra. Ninguno de los tres Ejércitos está preparado. Ni Venezuela, pese a sus modernos Sujoi rusos: su fuerza armada tiene más de 100 años de no participar en una guerra y Chávez ha priorizado la lealtad a él como mecanismo de promoción.

EN CONCLUSIÓN. Ortega está sudando calenturas ajenas, ligando nuestros históricos reclamos territoriales con los problemas internos de Colombia o de ese país con Chávez. Resulta esta actitud de los compromisos políticos y de negocios.

El problema es que si Chávez optara por una distensión, podría instruir a sus aliados dejar a un lado la belicosidad con Bogotá. Y, como consecuencia, nuestros intereses y nuestros justos reclamos en el Caribe podrían ser sacrificados. Ese peligro existe.

Analista de temas internacionales

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