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(FOTOS LA PRENSA/C. LAGUNA)
Silvio provocó emociones encontradas
El retorno del trovador cubano Silvio Rodríguez estremeció al público nica, que esperó fiel escuchar Canción Urgente para Nicaragua sin ser complacido
Alberto L. Alemán Aguirre
revista@laprensa.com.ni
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Su historia en Nicaragua

En abril de 1983 la estrella del movimiento de la Nueva Trova cubana cantó en Managua, en una Plaza de la Revolución llena de entusiastas sandinistas. En Nicaragua rugía la voz del cañón y el glorioso pendón bicolor de la Patria se teñía con sangre de hermanos.

El domingo, Silvio Rodríguez tenía ante sí a un público más heterogéneo que había pagado hasta 50 dólares por verle. Y lo hizo en la arena de un casino, un tipo de empresa que la revolución cubana misma identifica con el capitalismo decadente.

Tras un cuarto de siglo de ausencia Silvio Rodríguez marcó su retorno a Nicaragua con un soberbio espectáculo artístico que por momentos llenó de euforia y delirio al público, pero al cual no complació en su último deseo: oírle cantar Canción Urgente para Nicaragua o Unicornio.

Cual amante enamorada, fiel e insensible a los desplantes de su pareja, el público cantó, ovacionó, lloró, gritó y aplaudió a su ídolo. No importó la actitud más bien fría y distante del cantautor y poeta, superestrella de la cultura de Cuba y símbolo de la revolución. La interacción cálida con su público no es el fuerte de Silvio y esta vez no fue una excepción.

Pero fuera de algunos problemas de sonido y del desorden organizativo, el concierto alcanzó el nivel que se espera de un artista de esta talla.

Quienes hoy tienen 35, 40 años o más llegaron nostálgicos a ver a uno de sus ídolos de juventud; los veinteañeros, porque son nuevos fans de su música poética, o bien, porque querían conocer una leyenda reverenciada por sus padres o hermanos mayores.

Moisés Gadea y el Dúo Guardabarranco animaron al público con presentaciones previas.

A eso de las 8:15 de la noche del domingo, los músicos de Silvio subieron al escenario sobrio, de pocas luces y sin efectos especiales y empezaron a tocar. Tampoco había pantalla. Como fondo, un enorme telón azul oscuro.

A las 8:24 exactamente, vestido de jeans, una camisa azul oscura holgada y una gorra verde caqui muy claro, subió la gran estrella. Alzó su mano a modo de saludo, tomó su guitarra y comenzó a cantar. Miles enloquecieron de júbilo.

El primer tema de la noche fue El Necio, obra de su álbum Silvio (1992). Esa canción fue compuesta en una etapa muy dura en Cuba conocida como el Período Especial; la isla fue golpeada brutalmente por la pérdida de los subsidios soviéticos tras la desaparición de la URSS. Con ella, Silvio Rodríguez quiere expresar que sigue creyendo en los ideales revolucionarios.

“Yo no sé lo que es el destino, caminando fui lo que fui. Allá Dios, que será divino. Yo me muero como viví”, reza el estribillo de El Necio.

Las primeras canciones del concierto fueron de producciones más recientes como Cita con Ángeles (2003) o de los años noventa.

Pero debía llegar el momento de pasar a los clásicos de los sesenta, setenta y ochenta.

El primero de ellos fue Días y Flores, de su primer álbum como solista, de 1975. Luego vinieron La Maza, Playa Girón y Óleo de Mujer con Sombrero, una canción que menciona la pintura de Marc Chagall.

A la mitad del concierto subió al escenario Vicente Feliú, con quien Silvio interpretó a dúo El Colibrí. Feliú, otro integrante de la Nueva Trova, ejecutó posteriormente varios temas propios.

Silvio y sus músicos retornaron al escenario. El público reclamaba exaltado sus canciones favoritas.

La estrella evocó a cinco cubanos encarcelados en Estados Unidos por espionaje y abogó por su libertad. A ellos dedicó la canción El Dulce Abismo.

La Canción del Elegido o Te Doy una Canción no podían faltar. Tampoco Ojalá, la cual interpretó tras preguntar directamente al público si la quería oír.

GRANDES AUSENTES

Después de dos horas, el músico y su banda pusieron fin al concierto. La insistencia del público les hizo volver y sólo hasta ese momento agradeció la gran acogida y evocó su primera visita.

“Muchas gracias, muchas gracias”, dijo. “Veo que después de tantos años nos recuerdan en Nicaragua. Qué increíble”. Cantó dos temas más.

Volvieron a irse, pero la presión no cejó. Batiendo palmas, miles clamaban por Canción Urgente para Nicaragua. Incómodo, el cantautor insinuó que se le había olvidado y manifestó que “esa es una canción con la que yo tengo mis problemas. Como cambió la realidad ... espero que me disculpen”. Al final, obsequió a la multitud con Canción de la Trova.

Unicornio tampoco estuvo en su repertorio.

LOGÍSTICA

Como en otras ocasiones, imperó el desorden en la arena del Pharaohs Casino y la muchedumbre forzó la apertura del portón de entrada al área económica. Muchos entraron sin pagar; posteriormente, se vino abajo la valla de seguridad entre las áreas económica y preferencial. En la mismísima área VIP hubo personas que se quejaban de haber recibido asientos en lugares desfavorables.

“Bellísimo, imagínese lo que significa para nosotros este hombre en poesía, en ideales de revolución”, comentó emocionada Mirna Moncada, de 59 años, quien fue al concierto con su hija Sabrina, de 13.

“Me gustó pero esperaba canciones más conocidas, como Unicornio, Sueño con Serpientes, Canción Urgente para Nicaragua”, expresó por su lado Mary Jane Guerrero, una estudiante de 25 años. “Vine porque tengo hermanos mayores de 30 que desde chiquita me enseñaron las canciones de Silvio; estábamos aquí mis tres hermanos y mi papá”.

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