En política, más importante que fijarse una meta, es prever las trampas del adversario”. Aunque parece un consejo maquiavélico, ésta es una sabia sentencia que escribiera un tribuno romano, y que nos muestra cómo, en política, las trampas son tan antiguas como la humanidad y deberían ser asignaturas de primer orden para los políticos.
Esta sentencia nos viene como anillo al dedo. Muchos liderazgos se han venido al suelo debido a las trampas de los adversarios.
El gran error que han cometido los líderes democráticos antes y ahora, ha sido no saber medir el poder de sus adversarios, su capacidad de usar la mentira, el engaño, la traición. No han sabido calcular “la correlación de fuerzas” para usar un término izquierdoso..
Es clara la historia de los últimos sesenta años. El general Emiliano Chamorro, un gran líder, fue engañado por Somoza García en los pactos de 1950, habiendo prometido la no reelección, el dictador lanzó su candidatura en el 56. Otra cosa fue que el destino se encargara de cobrarle cuando se encontró con las balas de Rigoberto López Pérez.
En los años sesenta surge otro gran líder, el doctor Fernando Agüero Rocha, quien también cayó víctima del engaño de Somoza Debayle, en el pacto conocido como “kupia kumi”, firmado con toda pompa en el Teatro Nacional Rubén Darío en el año 71. El liderazgo de Agüero fue sepultado en ese pacto, pues al poco tiempo, en el 72, con el pretexto del terremoto, Somoza Debayle se convirtió en una especie de súper ministro, anulando completamente el triunvirato del que formaba parte Agüero. Éste tuvo que renunciar por dignidad.
Agüero Rocha no supo medir las trampas de sus adversarios y su liderazgo quedó convertido en nada.
La historia nos enseña que no es nada fácil ser líder y mantener por mucho tiempo ese liderazgo salvando las trampas de enemigos peligrosos como son los dictadores totalitarios, dispuestos a hacer lo que sea necesario para mantenerse en el poder. Sabia la historia que nos señala con hechos los errores que no deberíamos repetir. En Nicaragua la política es como un campo minado, hay que ir pisando con mucho cuidado, porque en cualquier momento nos puede estallar la mortífera bomba.
En esta ocasión le ha tocado el turno a Eduardo Montealegre, quien ha alcanzado un alto grado de popularidad, al haber obtenido una considerable cantidad de votos en las elecciones presidenciales pasadas, que le favorecieron con una veintena de diputados de su partido ALN, hoy en dificultades precisamente por las trampas políticas de que estamos hablando.
Pocas veces tenemos buenas noticias, pero nuestros informantes que son gente responsable y respetable, nos dicen que es un hecho la unidad real y verdadera entre la ALN de Eduardo Montealegre y el PLC, que ambos han convenido en llevar como candidatos a la Alcaldía de Managua, como titular a Montealegre y como vicealcalde a Enrique Quiñónez.
Me parece que dentro del espectro de candidatos que están a la vista no hay ninguna otra fórmula que pueda ganarle a ésta. He tenido noticias ciertas de que la unidad, al fin, no es una unidad pegada con saliva, que hay compromisos de honor y que cada parte ha comprendido que si no se unen, ambos pierden. Ahora hay que cuidarse más de las trampas que pueda inventar el adversario común, quien debe estar afilando las armas tenebrosas que todos conocemos.