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¡Es la pobreza, estúpido!
Alfredo González Holmann
El autor es Máster en Administración de Empresas
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El ex presidente norteamericano Bill Clinton, nos dejó la legendaria frase que utilizó en su campaña política de 1992; ¡Es la economía, estúpido! El respaldo que tiene este pensamiento es que la economía refleja el bienestar de los individuos.

La economía, en términos sencillos, es el estudio y el resultado de todo aquello que afecta la vida de los individuos. Cuando se habla de desarrollo económico se entiende que es el de los individuos.

La expresión del ex Presidente fue acertada, a pesar de que su país tiene una economía desarrollada con bajos niveles de desempleo y de pobreza. La migración es inexistente y la mayoría tiene trabajos remunerados con salarios mínimos de 8 dólares por hora, lo que les permite atender sus necesidades.

En Nicaragua, la frase de Clinton es pertinente, pues nuestra economía es de tercer mundo. La pobreza es extrema y ofensiva, el desempleo es altísimo, el salario mínimo promedia los 0.60 centavos de dólar por hora y está lejos de cubrir las necesidades de las personas, pero arrima para cubrir una limitada canasta básica. La emigración es altísima y si hubiese libertad para emigrar para mejorar, probablemente Nicaragua quedaría ralamente habitada.

En las sociedades libres, las elecciones son ganadas o perdidas de acuerdo con la percepción que tienen la mayoría de cómo está o estará la economía en general. En nuestras elecciones pasadas, no pudo darse ese libre ejercicio ciudadano, pues el voto de las mayorías no se respetó debido a que permitimos que se bajara el concepto de mayoría a un 35 por ciento, que lejos de ser mayoría absoluta sólo puede calificarse de mayoría pactaria.

A pesar de esta anomalía, no podemos esperar que este gobierno, ni los próximos, resuelvan los muchos problemas que tenemos, estos liderados por nuestra pobreza extrema.

¿Qué podemos hacer para contribuir? Reflexionando sobre el legado de Clinton, en Nicaragua deberíamos acuñar y hacer propia esta frase: ¡Es la pobreza, estúpido! Esto es enfatizar que el individuo —la persona— es primero, pues la economía es el resultado de nuestras actividades. Reconoceríamos que es al individuo al que hay que darle la libertad de educarse y de trabajar sin obstáculos para que logre solucionar su pobreza.

¿Conocemos cuál ha sido el nivel de pobreza nicaragüense a lo largo del tiempo? ¿Hemos medido la misma? ¿La venimos superando? ¿Se estará empeorando? ¿Ha existido compromiso de todos para superarla? ¿Ha sido eliminar la pobreza objetivo de la nación? ¿Reciben los gobiernos entrantes del gobierno saliente índices de los niveles de pobreza? ¿Se comprometen los gobiernos a entregar al siguiente gobierno el país con menores índices de pobreza? El objetivo que no tiene meta y medición no es más que ilusión.

Recientemente, autoridades nacionales firmaron los acuerdos de salario mínimo para los nicaragüenses, con un piso de 0.40 y un máximo de 0.60 centavos de dólar por hora. ¿Nos hemos fijado una meta para lograr que los mismos se incrementen en el futuro sustentados por una mayor producción e inversión? ¿Cuál sería el monto y a qué plazo? ¿No será conveniente que los líderes que inciden en estos rubros importantes se fijen metas sobre los mismos? ¿No será importante que nos involucremos todos para colaborar y ayudar a prosperar a los que más lo necesitan?

¿No sería mejor que las bancadas de la Asamblea Nacional se dediquen a fijarse objetivos de cómo pueden lograr mejores condiciones de vida para el pueblo que representan en vez de estar peleando los unos con los otros o tratando de otorgar amnistía a delincuentes comunes? ¿No será adecuado que le pidan al Presidente actual y a los futuros, rendimientos y logros de su gestión para disminuir la pobreza?

¿No será adecuado que líderes nacionales viajen juntos al Japón, a Korea, a Singapur o a Irlanda para pedir consejos de cómo superar nuestro problema del subdesarrollo y, a su regreso, informen sobre lo que aprendieron al pueblo que representan?

¿No será conveniente elaborar un pobretómetro nacional que nos refleje constantemente los niveles de pobreza? Así todos comenzaríamos a desarrollar una responsabilidad social con empatía, cuando alguien quiera desenfocarse o invitaremos a volver a la realidad increpándolo con vehemencia: el objetivo. ¡Es la pobreza, estúpido! ¿Hemos reflexionado con empatía alguna vez como sociedad?

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