El pacto quiere concertación. Lo mismo que Somoza en el último año de su retiro de terror, cuando se sintió en el borde del abismo. Cuando le propusieron concertación para salvar al país del genocidio y la guerra dijo que no. Cuando se sintió perdido, pidió concertación.
En un año y dos meses este gobierno vive intensamente su fracaso, el pacto que lo llevó al poder está desequilibrado, por eso busca concertación. ¿Concertación para qué? ¿Para salvar al pueblo del desastre que se avecina? ¡Cuánta generosidad! ¿Desde cuándo las dictaduras son generosas?
En el léxico español el verbo concertar significa “pactar”, “tratar un negocio”. Cuando los pactistas dicen concertar ¿están acaso diciendo pactar con el pacto, negociar con la sociedad para darle más vida al pacto Alemán-Ortega?
La concertación es la tabla de salvación de los dictadores, cuando sienten que se hunden. ¿Por qué sus víctimas, el pueblo explotado, sufrido, humillado, han de convertirse en salvavidas para que todo siga igual y el pacto continúe su acción depredadora hasta arrasar con todo?
El pacto Alemán-Ortega es la continuación del pacto entre liberales y conservadores que sirvió de sostén a la dictadura somocista hasta que el pueblo se sublevó y dijo ¡basta! El pacto con el somocismo y el pacto con el sandinismo comparten el mismo numen: sirven para repartirse el presupuesto en sueldos, sobresueldos, dietas jugosas, viajes gratis, negocios ilícitos, regalías y saqueos. Sirve para que la clase política viva del trabajo de los pobres, de los que se ganan el pan día a día en las calles y en los campos, mientras los privilegiados se ahítan comiendo en los mejores restaurantes.
El pacto Alemán-Ortega ha definido la realidad nicaragüense: por un lado el Gobierno y la clase política, que vienen a ser la misma cosa; por el otro lado la sociedad civil, la población entera que demanda trabajo, justicia, libertad electoral y tan sólo escucha promesas. Pero cuando la situación amenaza a la clase dominadora, los políticos piden concertación para salvar sus privilegios, para seguir viviendo en la opulencia y que los pobres y los miserables sigan siendo pobres y miserables.
Las elecciones municipales ofrecen —es lo que se cree— una oportunidad a la sociedad nicaragüense de elegir ediles honrados que trabajen para sus electores y juntos, alcaldes y comunidades, trabajar para mejorar la vida de los municipios. Pero ya se ven las maniobras de la clase política privilegiada, para mantener el pacto, para que nada cambie y seguir disfrutando sus privilegios.
La recesión económica no la provocan los pobres, ni los empresarios, ni los países desarrollados, son fenómenos que los economistas dudan en definir, ya sea porque proceden de causas múltiples que se originan en el acodo constante del orden económico mundial; o porque se producen desajustes en la producción y el intercambio comercial a pesar de la globalización.
Concertación sí, porque Nicaragua necesita concertar las plurales expresiones de la sociedad nicaragüense, sin la participación del Gobierno ni de la clase política que lo sustenta. La concertación ha de ser para negociar entre iguales la mejor forma de gobernar a este país; de aprovechar las oportunidades de inversión, tan necesarias para crear empleos y que la población no emigre; para establecer un compromiso sagrado para eliminar el pacto libero-sandinista y eliminar sus abusos; para que nunca más haya reelección, ni caudillos que puedan reformar la Constitución a su gusto; ni saqueadores del tesoro público.