El escritor cubano residente en Miami Antonio Orlando Rodríguez ganó la XI edición del Premio Alfaguara de Novela, con su obra Chiquita, basada en un hecho real: la vida de la liliputiense cubana Espiridiona Cenda, bailarina y cantante de los teatros de variedades que llegó a Estados Unidos en 1896.
Cenda, que medía tan sólo 65 centímetros de estatura, se convirtió en toda una celebridad artística y era conocida como “la muñeca viviente”.
“Espiridiona Cenda era una mujer independiente e hizo lo que realmente quería. Es una caso real al que he añadido mi fantasía para recrear una historia fascinante”, afirmó el escritor.
La cubana Espiridiona Cenda, bailarina y cantante de los teatros de variedades de principios del siglo XX, llamada en su vida artística “la muñeca viviente” es la principal protagonista de la novela ganadora, concebida como una autobiografía dictada en la vejez a un periodista que trata de cotejar verdad y exageración de cada peripecia, avanza desde la infancia de Chiquita en la Cuba del esclavismo y la Colonia a su salto, en la primera juventud, a los escenarios más importantes de Estados Unidos y Europa, con el trasfondo a la distancia de la guerra de los mambises por la independencia y las intrigas diplomáticas que envuelven a la protagonista.
Por detrás del afán de Chiquita en retratarse como una gran estrella siempre brillante, se deslizan de a poco las sombras de la decadencia, los desengaños amorosos, la lenta relegación a las ferias de freaks y el drama íntimo de una artista que no quiere resignarse a ser exhibida como un mero fenómeno de circo.
Una novela ambiciosa que reconstruye la época de máximo esplendor de los teatros de variedades, y logra traer otra vez a la vida, en todo su genio, su crueldad y su encanto, a un personaje inolvidable”.
LEYENDA VIVA
Espiridiona Cenda, a la que todos llaman Chiquita, es una enana nacida en 1869 en la provincia cubana de Matanzas. Pese a sus 65 centímetros de altura, alcanzó la gloria en París y Nueva York y en otras muchas ciudades. Su presencia aseguraba el éxito. Trabajó en circos, espectáculos de vaudeville y teatros, viajó por todo el mundo, conoció a Sarah Bernhardt, y tuvo innumerables amores y pretendientes.
Su tamaño no obstaculizaba su espléndida y proporcionada belleza que la convirtió en modelo para los artistas. Destacó también por su inteligencia. Sin instrucción alguna, empezó a leer a los tres años y llegó a dominar varios idiomas. Gozó de la fama tanto como del misterio. En un colgante esférico de oro macizo que le regaló el tercer hijo del zar Alejandro II, veía su futuro. Al final, el depositario de sus memorias escribe su apasionante vida.
Desde el principio la novela engancha al lector por su frescura narrativa, por el interés de tan singular personaje y por su capacidad para, mezclando la verdad histórica y diversos guiños al realismo mágico, desplegar múltiples circunstancias, ámbitos y caracteres en una trayectoria que abarca casi cien años.
Chiquita es la historia de un sorprendente triunfo, de una época entre dos siglos y de las dos ciudades que representaban la modernidad. Chiquita es la gran historia de sus amores, sus aventuras y desventuras. La de su familia y, a través de ellos, la de la guerra entre Cuba y España. También la de la hermandad secreta de enanos a la que Espiridiona forma parte, incluso, sin proponérselo. Y, en general, la del fogoso comienzo del siglo XX en Nueva York y en París, la de los artistas más famosos de la época y la del asombro de un mundo que, aún pleno de magia y misterio, se enfrenta a todos los milagros de la tecnología y de la mecánica.
CUBA Y LOS CAMBIOS
El escritor cubano reclamó “una verdadera transformación” política en Cuba porque los cambios económicos no son suficientes.
“No pierdo la ilusión ni he perdido la esperanza de que se produzca una verdadera transformación pero los cambios tan anhelados no pueden ser solo económicos”, afirmó el escritor en una conversación telefónica con EFE.
“Lo que necesitamos de verdad es una auténtica transformación en el respeto de los derechos humanos, en la libertad de expresión, de viajar y, en definitiva, una transformación política”, señaló.
“Sin esa transformación política, los otros cambios no servirán de nada”, dijo el flamante ganador del Premio Alfaguara de Novela.
EL PREMIO
Rodríguez se mostró dichoso por el “alto reconocimiento” que le ha supuesto ganar la XI edición del Premio Alfaguara de Novela, que está dotado con 175,000 dólares.
“Soy escéptico por naturaleza y no me gustan los premios, pero mi agente literario me obligó a presentarme y la verdad es que se lo agradezco porque ha sido maravilloso. Estoy feliz”, declaró el escritor cubano, quien reside en Miami desde hace ocho años.
Antonio Orlando Rodríguez, de 51 años, salió de Cuba hace 17 años y antes de establecerse en Miami vivió en Costa Rica y Colombia.
Como residente en Miami se siente cómodo “con el universo de amigos” que ha logrado crear y desde donde sigue inevitablemente al día los últimos acontecimientos en Cuba con el cambio de poder entre los hermanos Castro.
Del premio Alfaguara, Antonio Orlando Rodríguez señaló que lo más importante es que su carrera literaria va a adquirir ahora una nueva dimensión porque conseguirá ser mucho más leído en España y Latinoamérica.