A los que se han quedado
aquí estoy, atávico y endémico,
sin nunca alzar el vuelo porque no soy pájaro,
ni tengo boleto de avión.
Gastando los pasos de tanto transitarlos,
titubeando por resacas sin cocer.
Siempre he estado aquí,
con todo y avatares,
magullando mi trozo de terreno asignado
en espera de mi porción cotidiana de tristeza,
cruzando casi a tientas las ciudades a fuerza
de saberlas parada por parada.
Y aquí siempre estaré,
gastando las pupilas en cosas repasadas,
percibiendo la caída de las hojas,
la muerte de algún árbol
o el derrumbe de una pared marchita.
Prefiero estar aquí
lijando las papilas con los mismos sabores,
dilapidando el gusto en los mismos toneles.
Al menos sé quién me saluda por las calles
porque he visto florecer su bigote
o dotarse de curvas y pechos desafiantes.
No soy el que ha venido
sino el que se ha quedado rumiando la pobreza
con las cuatro monedas que le otorgó la suerte.
(Diriamba, 1975, enero 2008)