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¡Empínese y ande!
Ernesto González Valdés
La introversión no es igual a la timidez, esta última puede ser un verdadero problema
ernesto-gonzalez@laprensa.com.ni
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En ciertas ocasiones me molesto con una de mis hijas, porque cuando le mando a preguntar algo a alguien, me responde: “No papá, hazlo tú, que a ti sí te atiende”, ¿acaso una excusa para salir rápido de la interrogante o timidez? “Hija, ¿eres así cuando expones algún trabajo en tu escuela?”. No, contestó. “Aunque depende de quién esté delante…”, ripostó.

¿Común?, ¿real?, ¿se me olvidó que a mí me sucedía lo mismo, décadas atrás? La timidez siempre está relacionada con el contacto social.

Por eso, hay muchas y variadas situaciones en las que el tímido o tímida pueden sufrir con el contacto humano: hacer una pregunta en público, efectuar una reclamación en un restaurante, reclamar una nota, iniciar una relación de pareja... Lo cual puede convertirse inclusive en una patología (conjunto de síntomas de una enfermedad) que impide al individuo relacionarse con normalidad.

Ser tímido, aclarémoslo, no es lo mismo que ser introvertido. La persona introvertida es reservada y vive, predominantemente, hacia dentro de sí misma. Prefiere expresarse con parquedad. Pero puede, perfectamente, no ser tímida.

El tímido es, normalmente, una persona muy emotiva que tiene miedo de actuar mal y por eso evita el contacto con los demás. No se fía mucho de sí mismo ni de los demás. Suele inclusive, para enmascarar dicho comportamiento, emplear conductas compensatorias, como son la agresividad, despotismo, frivolidad, o intenta llamar la atención de los demás mediante el chiste fácil o el falso liderazgo.

Investigando un poco en la historia si los tímidos suelen ser personas exitosas, nos encontramos que artistas, filósofos, científicos, investigadores, efectivamente lo han sido, tales como: Woody Allen, Montesquieu, Rousseau, Stendhal y Proust.

Si nos remontamos a la época actual, vemos estudiantes que inicialmente no participan en los torneos de debates intercolegiales, evidenciando timidez, y que al cabo de un número de años han sido, no sólo grandes expositores, sino líderes empresariales, una vez graduados.

¿Y qué hacer con aquellos jóvenes que continúan siendo tímidos?

Indiscutiblemente, lo primero será identificar a la persona tímida, indicándole la necesidad de no concentrarse en pensamientos no deseados que le pueden asaltar, darle temor y que, por tanto, limitan la exposición de la persona, no querer comunicarse. Dar a conocer que la vida no es tan sencilla, para lo cual se requerirán de técnicas de relajación que apoyen las decisiones a tomar, sin miedo a equivocarse, indicando y haciéndole saber que todos tenemos la posibilidad de equivocarnos, siendo de humanos errar.

Indicarle que hablar ante un público significa encontrar valor y no tomar valor para hablar. De lograrlo poco a poco en el aula y haciéndolo saber a la familia, dicha conducta, dicho comportamiento, donde estos últimos se involucren para atender el problema, en esa medida se logrará vencer la timidez.

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