Isabel II de Inglaterra se ha convertido en propietaria de un establecimiento de la cadena McDonalds en las proximidades de su castillo de Windsor, revela el diario The Sun.
El diario ilustra jocosamente la información con un fotomontaje de la Reina sonriente, la cabeza cubierta con una gorra roja de las que llevan los dependientes de esa cadena de hamburguesería y una etiqueta pegada a la camiseta de franjas rojas y grises en la que puede leerse el diminutivo de su nombre: “Liz”.
Según The Sun, el Crown Estate, que reúne los bienes raíces de la Corona, ha invertido 92 millones de libras (116 millones de euros) en un complejo comercial en la localidad de Slough, al que pertenece el McDonalds.
Desde sus apartamentos reales, la soberana puede ver incluso la hamburguesería al otro lado del Támesis, explica el periódico, que titula la información, haciendo un juego de palabras: “Burger Queen” (La Reina de la Hamburguesa).
Un representante de McDonalds adujo que el único problema es que la entrada para que los automovilistas puedan recoger sus hamburguesas sin salir del coche es demasiado estrecha para el Rolls-Royce de la soberana.
El personal de palacio duda, sin embargo, de que a la Reina vaya a apetecerle un Big Mac y decida enviar un día a buscarlo a algún miembro del personal de servicio a la hamburguesería.
Por otro lado, una fuente de McDonalds dijo que en el establecimiento no se admiten perros, así que en el caso de que la propia Reina se viese tentada de acudir en persona, tendría que dejar a sus cuatro corgis fuera.
NECESITA DINERO
Pero, a pesar de su nuevo negocio, los responsables de las finanzas de la Reina afirman que la Casa Real necesita urgentemente 32 millones de libras (40 millones de euros) para el mantenimiento de las residencias reales.
El presupuesto destinado al mantenimiento de las propiedades sigue congelado en 15 millones de libras (casi 19 millones de euros al año, debido al crecimiento desorbitado del costo de los Juegos Olímpicos del 2012).
En 2006 se desprendieron algunos elementos de mampostería del Palacio, que estuvieron a punto de caer sobre el auto de la princesa Ana.
También hay que arreglar goteras en el techo de la galería de arte, donde se conservan obras de grandes artistas como Rubens, Rembrandt o Canaletto.
Una parte del tejado del castillo de Windsor del tamaño de un campo de futbol debería ser totalmente reemplazada, pues los “remiendos” efectuados no dan ya para más, indica el periódico.