Es una escena que golpea, pero es real. Un grupo de niños en edad escolar no recibe educación, puesto que diariamente deben acompañar a sus madres a hurgar entre los restos del antiguo basurero, para conseguir chatarra y así asegurarse el pan del día.
La mayor parte de las mujeres que llegan a este antiguo basurero, ubicado en la entrada de Camoapa, al entrar por el empalme San Francisco, son madres solteras y viven con su prole en extrema pobreza.
Los niños, además de no asistir a la escuela, están expuestos a un sinnúmero de enfermedades, porque no utilizan medidas de protección para “trabajar” en el basurero.
Son más de 12 mujeres las que llegan desde las 9:00 a.m. al viejo basurero de la ciudad a buscar residuos de hierro, cobre, bronce y lo que encuentren para venderlo como chatarra, con el fin de obtener algún ingreso para sobrevivir, aunque eso signifique sacrificar el estudio de sus hijos menores.
Los pequeños, en vez de utilizar el lápiz y el cuaderno, lo que emplean con habilidad es la pala y el pico, para desenterrar la basura.
EL TRABAJO ES PESADO
Genara del Carmen Pérez Obregón, quien habita en el barrio San Martín, es una del grupo de chatarreras, que por más de siete horas al día se dedican a rebuscar entre los escombros del viejo basurero.
Asegura que el trabajo es pesado porque hay que picar todo el día, con azadones, picos, piochas y palas, en medio del inclemente sol.
NO HAY RECURSOS PARA MANDARLOS A LAS ESCUELAS
Marina Isabel Pérez, quien tiene siete hijos, dos de los cuales la acompañan a buscar chatarra, asegura que la mayoría de mujeres tiene un año de estar “visitando” el basurero.
Ella, en lo particular, lleva más de un año de estar en el negocio con el cual sostiene a su familia, porque a veces saca un quintal o medio quintal de chatarra día de por medio.
“Los niños no están en la escuela, porque a veces no hay recursos para mandarlos, usted sabe que en una escuela hay que gastar, si yo tuviera recursos a todos los tuviera en la escuela, si pongo uno no pongo a los demás”, dijo de manera resignada.
el precio del trabajo
Según Martha Pérez, el quintal de chatarra se lo pagan a entre 100 y 170 córdobas.
“Dependiendo del material que saquemos, lo sacamos y aquí no más lo vienen a comprar, cada quien vende lo que recoge en el día”, señala.