Podría parecer mentira que haya en el mundo un gobernante peor que Daniel Ortega, pero la verdad es que lo hay. Se trata de Robert Mugabe, Presidente de Zimbabwe, país localizado en el sur del continente africano. Pero nos referimos a gobernantes de países que al menos formalmente son democráticos, no a los que de manera descarada se proclaman y declaran totalitarios, como los de Cuba y Corea del Norte, por ejemplo.
En Zimbabwe se celebró ayer una farsa de elección presidencial, de la que el candidato de la oposición se retiró antes de las votaciones porque no había garantías para la limpieza de los comicios, ni siquiera para la vida de los votantes adversarios del Gobierno. De manera que Mugabe, quien tiene 84 años de edad y como Presidente de Zimbabwe gobierna ese país en forma autoritaria y desastrosa desde 1980, se ha reelecto una vez más, sin oposición, en un clima de terror y sangrienta represión.
Cabe señalar que Zimbabwe es constitucionalmente una república parlamentaria y presidencial, como la que Daniel Ortega quiere imponer en Nicaragua con el respaldo de Arnoldo Alemán y la cúpula del PLC. Mugabe tomó el poder en 1980, después que ganó la elección presidencial como candidato de su partido nacionalista y revolucionario de tendencia marxista-leninista, la Unión Nacional Africana de Zimbabwe - Frente Patriótico (ZANU-FP). Pero el “socialismo africano” que impuso Mugabe fue un enorme fracaso que convirtió a ese país en uno de los más pobres y desordenados de África. Debido a eso, y ante la caída del sistema comunista en la ex Unión Soviética y demás países comunistas europeos que lo sostenían en el poder, el partido gobernante ZANU-FP renunció en 1991 al ideario marxista y al régimen socialista, pero mantuvo el poder autoritario de Mugabe basado en el clientelismo miserable, la represión y la corrupción.
En marzo de este año hubo en Zimbabwe elecciones de Presidente y parlamentarios, las que ganó ampliamente la oposición unida alrededor del partido Movimiento para el Cambio Democrático (MDC), que llevó como candidato presidencial a Morgan Tsvangirai. Mugabe se negó a reconocer su derrota y finalmente sólo la admitió en la elección parlamentaria. En la elección presidencial hizo que su consejo supremo electoral declarara que Tsvangirai no obtuvo los votos suficientes para ser elegido Presidente, y convocó para una segunda elección a celebrarse el 27 de junio de 2008, es decir, ayer.
A pesar del fraude descarado de Mugabe, la oposición decidió participar en la segunda vuelta electoral, pero desde marzo hasta ahora el Gobierno desató una intensa y sangrienta represión para amedrentar a los votantes opositores, incluyendo el asesinato de un centenar de dirigentes, activistas y simpatizantes del MDC y alrededor de diez mil heridos. Las movilizaciones populares de la oposición fueron agredidas por turbas de Mugabe, así como han comenzado a hacerlo en Managua las turbas de Daniel Ortega para sabotear las actividades proselitistas de Eduardo Montealegre y atemorizar a los ciudadanos democráticos.
El candidato presidencial de la oposición zimbabuense se vio obligado por la represión sangrienta no sólo a retirarse de la contienda electoral sino también a refugiarse en la Embajada de Holanda en Harare, capital de Zimbabwe. Desde allí Tsvangirai ha llamado a la Organización de Unidad Africana y a toda la comunidad internacional, a intervenir para poner fin a la pesadilla que está sufriendo su pueblo. Y ahora hasta el Gobierno de la República Sudafricana, que venía manteniendo una política de no injerencia en los asuntos internos de Zimbabwe, y de esa manera estaba respaldando de hecho al régimen de Mugabe, lo ha condenado y se ha sumado a la demanda de una solución urgente de la crisis, la cual sólo puede ser posible sacando a Mugabe del poder y estableciendo un gobierno de transición democrática.
No cabe duda, pues, que Robert Mugabe es peor que Daniel Ortega. Pero al gobernante sandinista de Nicaragua no le gusta ser segundo de nadie, de manera que es muy probable que quiera superar a su homólogo y hermano de Zimbabwe, para llevar a Nicaragua a una situación extrema como la que está sufriendo aquella desdichada nación africana. Sin embargo aquí todavía es posible impedir algo tan trágico como eso. La gran marcha cívica y democrática de ayer en Managua así lo ha demostrado.