El viernes no fue un día común. Esa mañana gris un grupo de casi 800 estudiantes dejaron sus aulas y cuadernos para recibir una dosis de cultura. Los adolescentes ocuparon las butacas del Teatro Nacional Rubén Darío para presenciar algo nuevo para ellos: la función didáctica de la VI Gala Internacional de Ballet.
Nicaragua fue una vez más el país anfitrión para más de 40 bailarines que llegaron desde Costa Rica, Honduras, El Salvador, Panamá, México y Cuba para participar en esta importante actividad para el gremio danzario.
A pesar de que el ballet ha sido visto durante décadas como un arte exclusivo, de élite, un quinteto de bailarines egresados de la desaparecida Escuela Nacional de Ballet de Nicaragua, se resisten a que este género desaparezca. Y al parecer los esfuerzos finalmente tendrán el resultado buscado.
El profesor William Herrera, director de la Compañía de Ballet de Nicaragua y organizador de la esta gala artística, reconoce que en Nicaragua este género ha sufrido “altos y bajos”.
“En 1998 se formó una compañía de ballet, pero con los cambios de gobierno y políticas culturales, cerraron el perfil y se vino abajo el proyecto que se tenía. En ese entonces el Ministro de Cultura era Clemente Guido, y aducía que Nicaragua es un país muy folclórico, entonces se enfatizó más en el desarrollo del folclor y no en el ballet”, recuerda Herrera.
Aún con la falta de apoyo, los ánimos no se redujeron y fue así que el quinteto de bailarines creó la Compañía de Ballet de Nicaragua. Una agrupación independiente que mantiene la vela encendida.
“El ballet es pasión”, dicen Nelson Coca, un estilizado bailarín de tez clara. Para él, uno de los balletistas más destacados en el país, la falta de apoyo a este tipo de danza es un fenómeno que ocurre en diversos países de la región, opinión que confirma Fiel Herrouet, del Ballet de Cámara Tellier, de Costa Rica.
“El ballet está naciendo una vez más (en Costa Rica). Lo que es la danza contemporánea se tornó más fuerte en los últimos tiempos y el ballet se vino abajo. Ahora ha habido un poco de inyección de la escuela cubana de ballet y creo que eso ha subido la energía. Nosotros tenemos apoyos económicos cero. Esto se sostiene a base de esfuerzo, dedicación y voluntariedad. Somos escuelas independientes”, comenta Herrouet.
Ana Medrano realiza el papel principal en la obra Carmen, puesta en escena por los artistas nicaragüenses.
Medrano es ahora una bailarina de 27 años, pero pisó los tabloncillos cuando tenía 9. Ahora esta mujer pequeña, con sangre rusa y nica, se queja de que “el país no ha aceptado este tipo de arte, pero el proceso es ese, desarrollarlo”.
Según cuenta la maestra, el género del ballet se inició en Nicaragua durante la dictadura de la familia Somoza. “Pero era para niños de la elite”, recuerda. “Con el gobierno del Frente Sandinista se tomó conciencia de que es un arte que puede ser adaptado y nosotros, los que nos graduamos en la escuela de ballet, dijimos que somos bailarines de alma, corazón y cuerpo y tenemos que seguir haciéndolo”.
Estimular el aprecio y el estudio por el ballet en Nicaragua es el principal objetivo que se persigue con montajes de la talla de esta gala internacional. Susan de Aguerri, directora del Teatro Nacional Rubén Darío, reconoce que la calidad del ballet en Nicaragua ha avanzado muchísimo, tomando como media que esta gala inició hace seis años con artistas invitados de los países vecinos y ahora la participación se ha extendido a Panamá, México y Cuba.
El Ballet Nacional de Cuba es toda una referencia a nivel internacional por su calidad y en esta ocasión participa por primera vez en la Gala anual con una pareja de destacados bailarines. ¿Pero qué tienen los cubanos que les permite desarrollarse como tal?
“En Cuba nosotros somos bailarines y más nada. Desde las 9:00 de la mañana estamos en el ballet, hasta las 5:30 de la tarde, bailando, ensayando. Ninguno de los bailarines del ballet tiene otra profesión que no sea ser bailarín, no es como en estos lugares de Centroamérica donde es más bien como un hobbie”, comentó Linnet González.
En Nicaragua la realidad es otra, pero los balletistas tienen ahora una esperanza. Según el maestro William Herrera, desde el 2007 el Instituto de Cultura ha mostrado mayor interés por apoyar para cubrir parte de los aproximadamente 15 mil dólares que se necesitan para llevar a cabo la Gala Internacional de Ballet.
Pero hay más. Hay planes para reavivar la Escuela Nacional de Ballet, tal como era antes, en el tercer piso del Teatro Nacional Rubén Darío. Sin embargo, por ahora los planes son muchos pero el presupuesto aún no se tiene, tal como aclaró su directora, Susan de Aguerri, quien dijo que probablemente la habilitación del tercer piso del Teatro para que funcione como Escuela Nacional de Ballet sea una realidad hasta el año próximo.