A pesar de la alta contaminación del lago, en los barrios cercanos a sus costas los pescadores se aventuran en sus aguas opacas para capturar peces, que luego distribuyen en los mercados capitalinos. Managua repleta con porquerías, el lago, de 1,042 kilómetros cuadrados y una profundidad máxima de 39 metros, que recibe 45 millones de galones de agua sucia al día.
Los pescadores se aventuran temerarios con sus botes, viejos, de madera agujereada, y lanzan sus redes para capturar los peces.
La pesca es abundante en el lago. Un pescador puede capturar entre 30 y 40 docenas al día, que luego vende en los puestos del Mercado Oriental a 15 córdobas la docena.
Pero la pesca en el lago tiene sus riesgos: los pescadores explican que es peligroso entrar durante una tormenta, o cuando las aguas están “arrechas”. Algunas veces hay gente que llega a cazar pájaros y roedores con armas, y los disparos pueden herir a los pescadores. Otras veces las redes pueden quedar atrapadas por ramas en el fondo del lago, y los pescadores pueden morir ahogados al intentar soltarlas. Ellos, sin embargo, dijeron a Domingo que lo hacen “porque tenemos que trabajar”.