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Noticias >> Opinión
El rayo de Zeus (2)
Luis Sánchez Sancho
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Zeus era el más poderoso de los dioses del Olimpo y por eso su atributo fundamental era el rayo, mediante el cual se manifestaba cada vez que quería demostrar su fuerza, enojo y voluntad.

Pero no siempre fue así. En realidad Zeus vino al mundo tan desvalido como si hubiera sido un mortal cualquiera. Peor todavía, pues al nacer ni siquiera tenía derecho a vivir.

Zeus, conocido como Júpiter por los antiguos romanos, fue engendrado por Cronos en el vientre de Rea. Pero Cronos —también llamado Saturno, como lo llamaré en adelante para fines de este artículo— devoraba a cada hijo que su esposa le iba dando, porque temía que cuando fuesen mayores lo podrían despojar del poder que ejercía sobre el cielo y la tierra, sobre el tiempo y el espacio, sobre todo lo que entonces había en el universo. Hasta que un día Rea se cansó de ver morir a las criaturas de sus entrañas e ideó una estratagema para salvar la vida del último de sus hijos, al que llamó Zeus, que quería decir cielo luminoso.

Rea tomó una piedra y la envolvió en unos pañales que ella misma confeccionó con la piel de una cabra, roció el envoltorio con la fragante leche de sus pechos perfectos y se la dio a su marido para que se la comiera. (Dicho sea entre paréntesis, algún tiempo después aquella piedra fue vomitada por Saturno, junto con los hijos que había devorado, y fue llamada Abadir. Los mortales la encontraron y colocaron sobre un altar del principal templo de Apolo, que estaba en Delfos. Allí, las sacerdotisas la rociaban con aceite de olivo y leche de cabra, y en los días de las fiestas anuales en honor a Apolo celebraban este ritual fuera del templo, ante la vista de la multitud).

Pues bien, salvado del criminal celo de poder de su padre, el bebé Zeus fue ocultado por su madre en la isla de Creta, donde lo dejó al cuidado de dos ninfas de los bosques llamadas Ida y Adrastea, quienes lo criaron alimentándolo con la leche de una cabra sagrada a la que llamaban Almatea.

Cuando Zeus se hizo adulto organizó una rebelión contra la tiranía de su padre, y para que lo ayudaran liberó a los Titanes (señores) que se encontraban presos en las entrañas de la tierra, por voluntad y orden de Saturno. Zeus derrocó a Saturno, pero luego los Titanes quisieron quitarlo del poder que le habían ayudado a conquistar. Entonces se produjo una terrible lucha que fue conocida como Titanomaquia.

Zeus, en su lucha desigual contra los poderosos Titanes fue ayudado por tres de éstos, los llamados Cíclopes, cuyos nombres individuales era Estérope (Tormenta), Arges (Relámpago) y Brontes (Trueno), quienes habitualmente ayudaban a Vulcano a trabajar en la fragua que había en la profundidad de la tierra.

Estérope, Arges y Brontes unieron sus atributos, es decir, la tormenta, el relámpago y el trueno y con éstos en la fragua de Vulcano crearon la más poderosa y terrible armas de todos los tiempos, el rayo, y se lo dieron a Zeus como agradecimiento porque los había liberado y además no estaban de acuerdo con la ingratitud y traición de sus hermanos Titanes.

Así fue que, armado con el rayo, el gran Zeus pudo derrotar a los Titanes y de esa manera se consolidó en el poder para reinar desde entonces, sentado en trono del Olimpo. Desde allí, con el rayo en sus manos a menudo hacía sentir su presencia, su voz y su poder en todos los confines de la tierra donde moran los mortales.

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